No debemos borrar el legado español de Florida para luchar contra el racismo moderno
Las guerras internacionales de las estatuas han llegado a la Miami multicultural, llamada ciudad de refugio y “Puerta de las Américas”.
Sin símbolos de la Confederación en plazas para derribar, un puñado de manifestantes de Black Lives Matter pintaron en rojo y marcaron con símbolos provocativos las estatuas de bronce de los exploradores Cristóbal Colón y Juan Ponce de León en el centro de Miami.
Para muchos hispanos, incluso aquellos que apoyan el movimiento enfocado en poner fin a la injusticia racial y exigir responsabilidad policial, el hecho fue discordante y confuso.
En medio de un ajuste de cuentas nacional con el legado deshumanizador de la esclavitud y el racismo en Estados Unidos, la pregunta es: ¿también tendremos que atacar y borrar la herencia española de la Florida para combatir los males modernos?
“Es exagerado conectar a Colón y a Ponce de León con lo que está sucediendo hoy”, dijo Paul George, historiador residente del Museo de Historia de Miami, quien agrega que cuando vio lo que se hizo con las estatuas, “me quedé perplejo. Como historiador no me gusta la idea de borrar la historia”.
Pero los militantes y otros activistas y académicos que exigen o apoyan la eliminación de las estatuas de Colón en otros lugares de Estados Unidos pretenden ampliar el movimiento contra el racismo, la brutalidad policial y el crimen contra la humanidad de la esclavitud incluyendo también el colonialismo.
Ven a las figuras históricas de Colón o Ponce de León no tan ajenas a la esclavitud.
De hecho, según History.com, algunos investigadores creen que expediciones españolas transportaron a africanos esclavizados a lugares como la Florida antes de que el primer barco inglés de esclavos llegara al asentamiento de Jamestown en Virginia en 1619.
“Considero el derribo y la pintada necesarios en el momento presente,” dijo Odette Casamayor-Cisneros, escritora afrocubana y profesora asociada de Culturas de América Latina y el Caribe de la Universidad de Pensilvania. “Son el gesto desacralizador que con urgencia requieren nuestros tiempos.”
No siente que se pierdan lecciones de historia al cambiar cuáles son las estatuas que pertenecen al ámbito público.
“El derribo de una estatua no desmiente la historia,” dijo Casamayor-Cisneros. “Lo ocurrido años, siglos atrás, ya no se puede deshacer. Lo que sí es posible deshacer —y debe ser deshecho y reinventado— es la narrativa, el conocimiento que nos mantiene sacralizando y reproduciendo solamente una versión de los hechos.”
Escucha la ira acumulada durante los últimos 500 años de injusticia y desigualdad, nos insta.
Yo veo méritos y fallas en todas las facetas de esta controversia.
La esclavitud es el pecado original. El racismo sistémico es su versión moderna — y también existe en la Miami que celebramos como modelo de diversidad.
Soy muy consciente de que a menudo nuestro multiculturalismo sirve para camuflar una fea corriente subterránea de racismo en la Gran Miami. Las contraprotestas de hispanos blancos en su mayoría contra Black Lives Matter en el condado exhibieron parte de este fenómeno.
Pero como miamense, como ex-escritora de artes visuales y trotamundos que recorre el planeta absorbiendo las culturas cuyas historias cobran vida en estatuas, arquitectura y monumentos perdurables, el vandalismo de las estatuas de Bayfront Park me preocupa por muchos aspectos.
El acto criminal del cual han sido acusados siete jóvenes, es una distracción divisiva del impacto positivo que el “llamado a la acción” de Black Lives Matter “en respuesta a la violencia sancionada por el estado y al racismo anti-negro” ha causado aquí y en todo el país.
Las etiquetas en las estatuas mezclaban martillos y hoces, el símbolo soviético del comunismo, con emblemas de Black Lives Matter. Al instante esto se interpretó como una afrenta a los cientos de miles de víctimas del comunismo en Miami, blancos y negros.
¿El objetivo no es justamente ganarse el corazón y la mente de la gente en nombre de la justicia equitativa ahora? ¿Por qué alienar a quienes trazan su ascendencia a España y se deleitan con la riqueza y diversidad de la cultura hispana y latinoamericana de Estados Unidos?
En un condado de inmigrantes como Miami-Dade, que es un 70% hispano, la herencia es el corazón palpitante.
Si las estatuas hubieran representado confederados aborrecibles y traidores como el fundador del Ku Klux Klan, Nathan Bedford Forrest, un héroe para los racistas y supremacistas que quieren encubrir su biografía, bien pueden eliminarlas; no hay duda al respecto. Desde hace mucho tiempo debió ocurrir.
COLÓN Y PONCE DE LEÓN
Pero no hay evidencia contundente que vincule directamente a el Colón genovés con la esclavitud.
“La cronología encaja”, fue toda la historia sobre el tema que History.com ofreció como conexión entre Colón y los primeros barcos que transportaban africanos, libres y esclavizados, al Nuevo Mundo. Lo que no se cuestiona es la motivación: Colón llegó a nuestro continente en 1492 en una misión para el Rey y la Reina de España en busca de una nueva ruta comercial a Asia.
De manera similar, el legendario Ponce de León, quien navegó por primera vez a América en la segunda expedición de Colón en 1493, llegó a la Florida en 1513 después de una disputa sobre la gobernación de Puerto Rico con Diego, el hijo de Colón.
Se embarcó siguiendo el consejo del rey Fernando de explorar el Mar Caribe, y finalmente aterrizó entre mosquitos y manglares en Key Biscayne, nombrándolo Santa Marta y reclamándolo para España. (Aunque informó haber encontrado un manantial de agua dulce en el cabo, no hay evidencia de que De León estuviera buscando la famosa Fuente de la Juventud. La Florida, sin embargo, ha explotado la historia con fines turísticos desde que existe).
Ponce de León también le dio a la Florida su nombre, probablemente porque hizo el descubrimiento en el momento de la fiesta de las flores de Pascua, la Pascua Florida.
Sí, la subsiguiente conquista de las Américas no solo por parte de los españoles sino también de los ingleses, franceses, holandeses y portugueses, fue sangrienta y despiadada, y la sed de riqueza llevó a la esclavitud.
Pero cuando pregunté a los expertos sobre cómo juega esta historia con lo que vivimos hoy, no encontré respuestas fáciles ni consenso, solo observaciones inteligentes que considerar.
“Para los hispanoamericanos, estas estatuas tienen una importancia especial que va más allá de los detalles”, dijo Maricel Presilla, historiadora de la comida, autora y chef que ha profundizado en el estudio de la vida de Colón. “Pregunta a los dominicanos si quieren que se borre a Colón de su historia y que la ciudad colonial, tan vinculada a Colón, sea despojada de cualquier referencia a ese momento en la historia”.
Quizás no en La Española, pero en las Bahamas y en Trinidad y Tobago, la gente quiere que se eliminen los monumentos a Colón. Y en Barbados, miles de personas exigen el derrocamiento de una estatua de la era colonial del comandante naval británico y simpatizante de la esclavitud Horacio Nelson a raíz de las protestas en Estados Unidos por el racismo sistémico y la muerte de George Floyd.
‘ODIO ENLATADO’ CONTRA COLÓN
Presilla llama a los ataques contra Colón en Estados Unidos “odio enlatado”.
“Cuando se destrozan las estatuas o se derrumban sin el consenso de toda una comunidad y cualquier historia se reduce a cuñas, es señal de que la justicia virtuosa se ha convertido en censura”, dijo Presilla, cubanoamericana blanca. “Quien haya estudiado la historia de América Latina comprende seriamente quién fue Colón y lo que significaron los viajes del descubrimiento en toda su complejidad, dolor e impacto trascendental en la historia universal”.
Haciéndose eco a los sentimientos de otros miamenses que entrevisté, agregó: “Nos hicieron quienes somos, incluyendo los alimentos que comemos. Quien haya leído la mejor biografía de Colón del historiador de Harvard, Samuel Eliot Morison y haya estudiado la historia temprana del período colonial español mediante fuentes primarias, no puede considerar a este individuo solo como el villano de la historia y nada más”.
MARCANDO HISTORIA DE MIAMI
En Miami, los europeos no están solos en cuanto al tema de las estatuas.
Una impactante estatua de un guerrero tequesta y su familia, del escultor cubano Manuel Carbonell, se eleva sobre el puente de la avenida Brickell.
Los relieves de bronce en el puente honran a seis miamenses destacados: la “madre” fundadora Julia Tuttle, el magnate ferroviario Henry M. Flagler, los pioneros William y Mary Brickell, el pionero negro D.A. Dorsey, y la ambientalista y escritora Marjory Stoneman Douglas.
Sin embargo, preservar la historia ha sido una batalla cuesta arriba en Miami, una ciudad en perenne estado de desarrollo.
No podemos permitirnos ser reduccionistas.
“Sabemos poco sobre nuestro patrimonio y, ahora vamos a quitar dos estatuas que la gente miraba y se preguntaba, ¿cuál es la historia aquí?” dijo George. “Al eliminar las estatuas, se está eliminando la oportunidad de leer marcadores históricos y tener una idea de lo que sucedió. El maestro que llevo dentro piensa que la gente necesita estas guías”.
En cambio, George sugiere agregar marcadores históricos, “señalando los pros y los contras de las personas que las estatuas representan”. O, trasladando las estatuas del parque público a un museo donde se puedan poner en contexto y explicar.
Otras personas con quienes hablé plantearon preguntas más amplias: si una figura tan distante de los acontecimientos actuales como Colón debe eliminarse, ¿qué pasa con los Padres Fundadores, propietarios de esclavos? ¿Cambiaremos el nombre de Washington D.C.? ¿Renombramos el Monumento a Washington?
¿Quitamos el Día de Colón del calendario y la Regata del Día de Colón de la Bahía de Biscayne?
“Cada momento revisionista que pretende hacer el bien al reescribir la historia termina convirtiéndose en una tiranía que incluso justifica el vandalismo como daño colateral”, dijo Presilla. “Desfigurar una estatua en nombre del bien es tan equivocado como tratar de silenciar cualquier narración diferente, particularmente en tiempos de crisis como los terribles momentos que estamos viviendo hoy”.
CUBANOS NEGROS Y COLÓN
Pero muchos cubanos negros ven la hispanidad como eurocéntrica, y este momento de insurrección incluso contra las estatuas, como necesario.
Derribar una estatua de Colón, dijo Casamayor-Cisneros, “significa que su posición como supuesto ‘descubridor’ y fundador de todo un continente tiene inexorablemente que ser revisada. Es ese el llamado inscrito dentro del acto de derribar, decapitar y pintarrajear.”
Ella tiene la misma opinión sobre Ponce de León, “pero entiendo la importancia política que representa para los latinos en la Florida.”
“En ese caso, la pregunta que me hago es: ¿se celebra a un conquistador español sólo por ser hispano en detrimento de las consecuencias que su acción de conquistador acarreó para las poblaciones indígenas en La Florida?”
Ella no siente que derribar las estatuas borran el patrimonio. “Solo glorifican una parte, el dominador, de esa herencia”, dijo.
“No consideran la totalidad latinoamericana, sólo el poder hegemónico español sobre nuestras naciones. Ocultan y desvirtúan la realidad de la composición étnica y la historia latinoamericanas. Persistir en mantenerlas es perpetuar la hegemonía eurocéntrica en las Américas, y con ello, se menoscaba al indígena, al negro, la mezcla que en realidad somos.”
La oportunidad educativa no se desaprovecha con la eliminación de “monumentos construidos para perpetuar la memoria de las bases del mismo sistema que oprime” en la actualidad como por ya más de 500 años.
La escritura de graffiti, la eliminación, la decapitación de estatuas es “quizás solo la mitad del trabajo”, dijo. La otra mitad es la reescritura de la historia oficial que se cuestiona.
“Lo necesario en estos momentos es convocar y promover la participación de todos los sectores de la sociedad en la reinvención narrativa: la narrativa que determina qué eventos y cuáles individuos son sacralizados, son monumentalizados y respetados.”
Esto solo es posible, agregó, “con el concurso activo de quienes nunca han sido invitados a escribirla, aquellos cuya única relación con esa historia ha sido restringida a la aquiescencia, la aceptación sin reparos.”
Casamayor-Cisneros invita a la reflexión más que a la condena del desfiguramiento.
“Es indispensable propiciar la reflexión sobre los fenómenos que han sistemáticamente provocado la destrucción y la rabia,” dijo. “No entender esto es renunciar a la empatía posible, es negarse a escuchar al conciudadano, que también forma parte de esa comunidad latina.”
Agregó: “El espacio público ya no es sólo exclusiva propiedad del blanco. Lo es también, por igual, del negro, del indígena, los descendientes de aquellos esclavizados y masacrados bajo el orden impuesto por los personajes inmortalizados en estatuas.”
Con suerte, hoy estamos escribiendo el primer borrador de la historia de una época que rechaza de una vez por todas el racismo.
Parte del cálculo es decidir cuáles estatuas pertenecen al ámbito público y cuáles, como los bustos decapitados de los romanos, pertenecen a los museos.
Algunos monumentos hacen eco más que otros con las injusticias actuales. Deberíamos escuchar los reclamos, reconocerlos y encontrar una forma de marcar la historia sin consagrar o parecer consagrar lo indigno.
No debería ser uno u otro en Miami, sino un nosotros.
No necesitamos negar la herencia española de la Florida para luchar contra el racismo moderno.
Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de junio de 2020, 4:31 p. m..