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Fabiola Santiago

A los trumpistas nacionalistas, les explico por qué necesitamos la Pequeña Habana

A los nacionalistas blancos del círculo íntimo del presidente Donald Trump, cómodos en una América dividida, y ya sin tapujos, no les gusta lo que ven en Miami.

Vienen buscando votos, pero todo ese orgulloso despliegue de la cultura cubana les molesta.

Ya lo sospechábamos, por supuesto. Ahora, tenemos evidencia.

“Si vienes a Estados Unidos, deberías asimilarte. ¿Por qué necesitamos tener La Pequeña Habana?”

Las palabras aterrizaron en la Calle Ocho provenientes del interior de los pasillos de la Casa Blanca y de la boca de Katie Miller, secretaria de prensa del vicepresidente Mike Pence y esposa de Stephen Miller.

Él es el famoso arquitecto de las políticas de inmigración de Trump; un hombre con un historial de expresar sentimientos antilatinos que se remontan a su época de la escuela secundaria en California y de hacer comentarios fanáticos y racistas en correos electrónicos.

Las políticas de Trump diseñadas por Miller, que incluyen arrancar a los niños de los brazos de sus padres y encarcelarlos a miles de kilómetros de distancia, fueron diseñadas para detener el flujo de personas de piel oscura procedentes de América Latina.

Y Katie, que nació en Fort Lauderdale y estudió en la Universidad de la Florida, promovió y defendió la despiadada política de separación familiar como portavoz del Departamento de Seguridad Nacional.

No obstante, cuando Katie se casó con Stephen en febrero, algunos se preguntaban qué tipo de mujer podría comprometerse a pasar toda una vida junto a alguien que alberga tanta inhumanidad, tanto odio hacia El Otro.

La pregunta ha sido resuelta. Stephen encontró la pareja perfecta, su alma gemela en el odio.

Desprecio por inmigrantes, barrio de Miami

El nuevo libro del corresponsal de NBC News, Jacob Soboroff, “Separado”, cita a Katie no solo defendiendo la separación inhumana de los niños, sino también aumentando el nivel en la escala de odio, y agregando su desdén por La Pequeña Habana para mayor efecto.

“Mi familia y mis colegas me dijeron que cuando tuviera hijos, pensaría en las separaciones de manera distinta. Pero no lo creo. Seguridad Nacional me envió a la frontera para ver las separaciones personalmente, para tratar de que fuera más compasiva, pero no funcionó”, dijo a Soboroff.

Soboroff le responde: “¿No funcionó? Nunca olvidaré lo que allí vi. Seriamente. ¿Eres una nacionalista blanca?”.

Katie: “No, pero creo que, si vienes a Estados Unidos, deberías asimilarte. ¿Por qué necesitamos tener ‘La Pequeña Habana’?”.

Sus palabras supremacistas podrían haber quedado ocultas en las páginas del libro, pero la presentadora del programa de entrevistas de MSNBC, Rachel Maddow, las leyó en voz alta en su programa el 6 de julio y las publicó en Twitter.

Estos comentarios revuelven el estómago suficientemente, pero como si no fuera poco, la mujer que no se conmueve con la separación de familias sufrientes que huyen de sus países de origen para salvar sus vidas, ahora está a cargo de las comunicaciones del Cuerpo Especial contra el Coronavirus de la Casa Blanca dirigido por Pence. Ella también dio positivo por el virus en mayo.

¡Que Dios nos ayude!

La Pequeña Habana somos nosotros

¿Por qué necesitamos La Pequeña Habana?

Déjenme contarles por qué.

Porque el corazón del enclave late al son de los tambores más entrañablemente estadounidenses: la historia de éxito de los inmigrantes.

Porque la vibra de las artes, la comida, la música y la cultura que se exhiben no solo en galerías, restaurantes y tabernas, sino también en las calles, es una de las razones primordiales por las cuales Miami se ha convertido en un destino global.

Porque el español es la primera lengua extranjera hablada en Florida.

¿Por qué no tendríamos una Pequeña Habana?

El gobernador de La Habana gobernó la Florida antes de que el Mayflower aterrizara en Massachusetts.

Los exiliados cubanos, que lo dejaron todo atrás y comenzaron de nuevo en el vecindario cercano al centro de Miami, construyeron pequeñas empresas que trajeron no solo comercio sino también el color y folklore de la fabricación de los tabacos, el juego de dominó y el baile de salsa.

Los cubanos también trajeron su política insólita, de la que se han beneficiado Trump y Pence.

Pero la falta de respeto de Katie Miller por la cultura cubana le da un nuevo significado al grupo de culto que se hace llamar Cubanos4Trump y que manifiesta su bullicioso apoyo a una agenda nacionalista blanca frente al icónico restaurante Versailles en La Pequeña Habana.

Ahora ya saben, trumpistas, lo que realmente piensan de ustedes.

No solo necesitamos a La Pequeña Habana, la amamos, y aún más cuando los fanáticos intolerantes la odian.

La Pequeña Habana somos nosotros.

Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de julio de 2020, 1:44 p. m..

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Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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