Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Fabiola Santiago

Artistas cubanos protestan la brutal represión del gobierno. No, no es cosa de Miami | Opinión

Hola, gobierno cubano, esta es la izquierda (y también la derecha y el centro, todos estamos de acuerdo en esto) hablando: Detengan la represión feroz e implacable de los artistas cubanos.

Y dejen de falsamente afirmar que la protesta pacífica de unos 300 artistas e intelectuales en La Habana — incluidos un actor consumado y un director de primera, ambos apoyando al colectivo del Movimiento San Isidro que ustedes atacaron brutalmente — es sopa del gobierno de Estados Unidos cocinada en Miami.

No lo es.

De hecho, estos artistas podrían necesitar más solidaridad del mundo del arte estadounidense, uno que ve a Cuba con ojos benignos y, en esta época del año, estaría examinando las exhibiciones en Art Basel Miami Beach si no fuera por la pandemia del coronavirus.

Puede que el mundo no esté aquí para escucharlo, pero de la misma manera durante la Miami Art Week, un llamado a la solidaridad con los artistas cubanos es lo correcto. Pero eso es todo.

Este momento de ajuste de cuentas dentro de Cuba no es un complot estadounidense para provocar un levantamiento y derrocar al gobierno, como alegan en un esfuerzo por seguir practicando la vigilancia ideológica, por sofocar los contenidos artísticos, por y arrestar y encarcelar a artistas por el delito de ejercer su oficio.

Porque en Cuba es un crimen pintar, escribir, cantar canciones de cualquier manera que a un burócrata o a un policía les parezca inapropiado.

Puede llevarte a la cárcel sin acusaciones o privarte de un juicio justo durante meses, como le pasó al artista El Sexto hace unos años. O puede someterte a vigilancia, detención e interrogatorios constantes por parte de la seguridad estatal, como les está sucediendo a los miembros de San Isidro ahora mismo.

Subversión a potencias extranjeras, lo llaman ustedes, subestimando a los cubanos que pueden pensar independientemente.

Voces dentro de Cuba, no Miami

Las voces que reclaman la libertad de expresión vienen del interior de Cuba.

Esto es evidente en el lenguaje cuidadoso que utilizan para pedir lo que se reconoce en todo el mundo como un derecho humano básico.

“Hacía falta desde hace mucho tiempo este diálogo directo con los jóvenes...” dijo el director Fernando Pérez en la protesta del 27 de noviembre frente al Ministerio de Cultura, cubierta por The Associated Press. “Hay diversidad, hay muchos criterios. Y esa diversidad, bueno, hay que atenderla y hay que escucharla y que haya espacio dentro de esta nación.”

“Es la hora de dialogar,” dijo el actor Jorge Perugorría, quien protagonizó la aclamada película de 1993 Fresa y chocolate sobre el tema, entonces tabú, de la homosexualidad. “Yo creo que es importante que ustedes los jóvenes sean escuchados y vamos a trabajar para eso”.

En los Estados Unidos, no somos tan bondadosos cuando exigimos nuestras libertades.

La protesta sin precedentes contra la censura es de cosecha propia, y el deseo de una mejor forma de vida es universal; pero nuevamente, el “diálogo” terminó antes incluso de comenzar, con el “Presidente” (quien no fue elegido), Miguel Díaz-Canel.

Atacó públicamente la protesta como un ejemplo de la intromisión de los “imperialistas” estadounidenses en los asuntos de Cuba.

“Nos han montado un show mediático. Hay una estrategia de guerra no convencional para tratar de derrocar la revolución”, dijo Díaz-Canel en un acto político el domingo. “Este es el último intento de los trumpistas y la mafia anticubana, que ahora también es trumpista. Ellos tenían en su agenda que antes que terminara el año tenía que caer la revolución cubana”.

Esto es ridículo.

Como si hubiéramos puesto en nuestros calendarios suburbanos la caída del régimen de casi 62 años antes de asar el cerdo en nuestra caja china.

Libertad de expresión, derecho universal

Ustedes solo utilizan las demostraciones de apoyo internacional generadas por su brutal represión como excusa para no otorgar a los artistas los derechos básicos consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

¿Necesito recordarle, Díaz-Canel, que Raúl Castro, ex presidente y actual líder del Partido Comunista de Cuba, la firmó?

“Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en el que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias” dice el preámbulo de la declaración.

Léala.

La verdad no ha perdido su valor, incluso si muchos en las costas de Estados Unidos y Cuba conspiran contra ella en 2020.

Y esto es lo que defienden pacíficamente estos valientes, y en su mayoría jóvenes cubanos: su verdad, su derecho a la libertad de expresión a través de sus obras de arte, su música, sus películas.

Este es el siglo XXI, pero en lugar de evolucionar, Cuba solo ha retrocedido a su historia más oscura, a las décadas herméticas en las que todos, incluidos los artistas que inicialmente habían apoyado a la Revolución, fueron amordazados, sus manuscritos, sus obras de arte o sus cintas cinematográficas, o cualquier cosa que podría considerarse contrarrevolucionario, fueron incautadas en sus hogares.

Acosados, marginados y forzados al exilio, ¿por qué no iban a apoyar a sus compatriotas en Cuba?

Incluso en ese entonces, la censura artística no estaba explícitamente incorporada en la Constitución cubana, como lo está hoy, luego de la adopción en 2018 del “Decreto 349”, una ley agregada que convierte la expresión artística que no es del agrado del gobierno en un acto criminal.

Ustedes pensaron que esta nueva generación se acobardaría, pero en cambio se organizaron.

Artistas activistas como el cubano Luis Manuel Otero Alcántara, miembro fundador de San Isidro, siguieron poniendo a prueba la ley de censura a pesar de la persecución y varias detenciones que él sufrió.

Y ahí estuvieron, el Movimiento San Isidro y sus simpatizantes utilizando un espacio público en La Habana, el Ministerio de Cultura, nada menos, con fines democráticos.

Y, por una vez, los viejos intelectuales de izquierda que en gran medida se habían mantenido en silencio como precio por crear arte dentro de la Cuba de los Castro, también hablaron.

Créanme, el Miami cubano no tuvo nada que ver con este acto de valentía.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de diciembre de 2020, 5:46 p. m..

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA