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Fabiola Santiago

Congresistas cubanos votan por defender a Trump y al partido, no a la democracia | Opinión

Llevar ante la justicia al principal culpable del ataque sedicioso al Capitolio es esencial para restaurar la paz y la reconciliación en la vida política estadounidense.

Pero, en Miami-Dade, nuestros líderes elegidos nos negaron nuestra parte.

Tuvieron dos oportunidades para defender la verdad y la democracia.

Sin embargo, los tercos republicanos de Miami que nos representan en el Congreso optaron por sostener la mentira de que hubo fraude electoral durante la certificación después del motín mortal y la profanación del Capitolio, y votaron nuevamente para apoyar al instigador de la insurrección, el presidente Donald Trump, durante una histórica audiencia de inculpación.

La votación final, 232-197, fue una reprimenda bipartidista a Trump y a su presidencia, pero los congresistas de Miami optaron por echar cemento a la división que existe entre nosotros y causar más daño al tejido étnico de esta comunidad, como si cuatro años de un Trump maquiavélico no hubieran sido suficiente.

Recuerden este momento decisivo, votantes de Miami-Dade.

El trío: Díaz-Balart, Giménez, Salazar

En lugar de liderar el camino para salir de esta época de pesadilla en la historia de Estados Unidos como otros republicanos lo están tratando de hacer, los congresistas Mario Díaz-Balart, un legislador veterano, el camaleón Carlos Giménez (quien apoyó a Hillary Clinton en 2016 cuando le resultaba conveniente para su candidatura a la alcaldía), y la recién llegada María Elvira Salazar, quien se perdió la votación para certificar los resultados del Colegio Electoral y votó en contra del juicio político a Trump, dieron crédito a las falsas teorías de conspiración con sus votos.

En lugar de poner fin a las extravagantes mentiras sobre el fraude electoral difundidas por sus electores y difundidas ampliamente como si fueran verdades absolutas, se prestaron a los intereses estratégicos del Partido Republicano de Trump, atendiendo la ira en sectores de Miami-Dade que se niegan a aceptar la elección presidencial del demócrata Joe Biden.

Olvidan que, a pesar de las mentiras republicanas convertidas en armas para obtener beneficios políticos, Miami-Dade votó por Biden.

Favorecen a los enardecidos que querían ver a Trump instalado en un segundo mandato a toda costa, enviando al diablo a la democracia. Votan en alianza con otros políticos republicanos en la Florida empeñados en asegurarse de que la ira trumpista nunca desaparezca.

Han escogido ser leales aduladores, poniendo el partido por encima de la patria.

Lado equivocado de la historia

Eligieron complacer a la gente del lado equivocado de la historia, y en lugar de levantarse con autoridad moral para decir la verdad, se pusieron del lado del tipo de miamenses radicalizados por QAnon, que creen que un “estado profundo” le ha lavado el cerebro al resto del país.

Estos políticos cubanoamericanos no actuaron más sabiamente que la gente fogosa e intolerante que odia a los demócratas y que no cejan de demostrarlo en Versailles y La Carreta.

Hablan de labios para afuera para denunciar la violencia, pero apoyan a su instigador.

Deberían aprender las lecciones del congresista cubanoamericano de Ohio, Anthony González, también republicano, cuyos abuelos “huyeron de Cuba en 1960 bajo la amenaza de ejecución del régimen de Castro”, según el primer renglón de su biografía.

Fue uno de los 10 republicanos que votaron con los demócratas para llevar a cabo un juicio político.

“El presidente de Estados Unidos ayudó a organizar e incitar a una turba que atacó al Congreso de Estados Unidos en un intento de evitar que cumpliéramos con nuestros deberes solemnes según lo señalado por la Constitución”, dijo González en un comunicado. “Durante el ataque en sí, el presidente abandonó su cargo mientras muchos miembros pedían ayuda, poniendo así en peligro a todos los presentes. Estas amenazas fundamentales, no solo para la vida de las personas, sino también para los cimientos mismos de nuestra República”.

Lo que Díaz-Balart, Giménez y Salazar ofrecieron en sus declaraciones a modo de explicación no fue más que excusas sobre el tiempo que le queda a Trump y el tono procesal para no inculpar.

Todo esto fácilmente desacreditado con un ejemplo de los libros de historia. Cuando salieron a la luz las cintas de Watergate, que demostraban que Richard Nixon había mentido sobre su papel en el allanamiento de la sede demócrata, los republicanos lo obligaron a renunciar una semana antes de que la Cámara lo impugnara.

Pero aquellos eran republicanos con temple y dignidad.

Para calibrar el daño que han hecho Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y María Elvira Salazar con sus votos, hay que imaginarse el escenario contrario.

Si tan solo hubieran optado por educar a sus electores sobre lo que significa una democracia real, podrían ayudar a formar un Miami mejor, más inclusivo y tolerante.

Si tan solo hubieran actuado con el coraje de González o de Liz Cheney, quien no escatimó palabras cuando dijo: “El presidente de Estados Unidos convocó a esta turba, reunió a la turba y encendió la llama de este ataque. Todo lo que ocurrió después fue obra suya. Nada de esto hubiera sucedido sin el presidente”.

Pero los congresistas cubanoamericanos no quieren salir de la odiosa cápsula del tiempo de la época de Trump en el condado Miami-Dade.

Daño a la causa de una Cuba libre

Su cobardía política también perjudicará la causa de una Cuba libre, la patria que pretenden defender en un momento en que la gente sufre la peor represión. Al apoyar a un presidente de Estados Unidos que intentaba dar un golpe de estado, perdieron credibilidad para denunciar a los dictadores. Si ni siquiera pueden limpiar su propia casa de las mentiras, engaños y la violencia guiada e inspirada por el presidente, no tienen ninguna autoridad moral para enfrentarse a los demás en el extranjero.

Tal vez, solo tal vez, la verdad que llama a la reflexión se establecerá en algún momento. La Cámara acusó a Trump por segunda vez, lo cual constituyó un récord. Lo que hará el Senado está por verse, pero el presagio dice que no ocurrirá nada.

Pero la realidad política sigue siendo que los demócratas controlarán tanto la Cámara como el Senado, y Joe Biden prestará juramento como presidente el miércoles 20 de enero.

Díaz-Balart, Giménez y Salazar tendrán que tomar una decisión: convertirse en actores bipartidistas, o irrelevantes.

El voto pro-Trump en Washington lastima a Miami

Le han hecho un gran daño a Miami, donde la rabiosa multitud de Trump se aferrará a sus votos como prueba de que están luchando por una causa justa al defender lo indefendible.

Le han dado alas a los fanáticos de teorías de conspiración que alarman a la gente que no está bien enterada, particularmente a los del mundo insular que solo hablan español, especialmente los nuevos refugiados cubanos que no ven que están cambiando el comunismo por el fascismo. Se les debería educar sobre lo que implica una verdadera democracia en lugar de radicalizarlos para servir al enemigo con su recién descubierta intolerancia en el exilio.

Se han convertido en víctimas que victimizan a quienes no están de acuerdo con ellos.

Lamentablemente en eso se ha convertido el Miami enloquecido por Trump.

En un momento en que los líderes elegidos deberían ayudar a la nación a sanar, Díaz-Balart, Giménez y Salazar dividen y no contribuyen en nada al mejoramiento de este país.

¡Qué vergüenza!

Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de enero de 2021, 5:22 p. m..

Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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