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Fabiola Santiago

Vocero cubano miente y vincula las protestas pacíficas con el ataque al Capitolio | Opinión

Un periodista toma fotos de Carlos Fernández de Cossío, director general de asuntos de Estados Unidos en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Cuba, durante una conferencia de prensa en La Habana en 2018.
Un periodista toma fotos de Carlos Fernández de Cossío, director general de asuntos de Estados Unidos en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Cuba, durante una conferencia de prensa en La Habana en 2018. AP

Habla un inglés aceptable, pero parece que el portavoz del régimen cubano ante el público estadounidense no puede diferenciar entre democracia y dictadura.

Por supuesto que puede.

Carlos Fernández de Cossío es el director general de asuntos de Estados Unidos en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

Pero su trabajo consiste en distraer de los hechos y convencer a los estadounidenses de que la brutal represión del 11 de julio contra miles de manifestantes en toda la isla, que podemos ver claramente en docenas de videos, y que continúa, es simplemente vigilancia apropiada.

Astuto y grandilocuente, Fernández de Cossío se encuentra en una gira mediática directa desde La Habana a los televisores estadounidenses. La guerra de propaganda para desacreditar las históricas protestas masivas sin precedentes está en pleno apogeo.

Utilizando la famosa fortaleza cubana de El Morro como telón de fondo, y a través de la impecable conexión por Internet que se les niega a otros cubanos, ofrece los puntos de discusión propagandistas del régimen en breves fragmentos que se inspiran en la política estadounidense.

Las protestas del pueblo en Cuba se manejan “naturalmente, como en cualquier país”, afirma, equiparando a personas desarmadas y pacíficas que caminan por sus calles pidiendo “¡Libertad!” con los partidarios de Trump que irrumpieron en el Capitolio de Estados Unidos en un intento de derrocar la democracia.

Desviación clásica, por decir lo menos.

“Como es natural, ha habido detenciones en Cuba y ha habido arrestos y se han enjuiciado a personas”, dijo Fernández de Cossío a la periodista Christiane Amanpour en PBS. “Tenemos el ejemplo del 6 de enero en Estados Unidos, donde cientos de personas fueron detenidas, cientos de personas fueron arrestadas y algunas están siendo procesadas. Lo mismo está pasando en Cuba”.

Después de 53 segundos repletos de mentiras que no se cuestionan, Amanpour retoma el enfoque del ataque al Capitolio y, con razón, le dice que la diferencia es que las personas arrestadas en Estados Unidos disfrutan del debido proceso, lo cual “no es el caso en Cuba”.

Pero luego matiza esto con el débil comentario —“sin abogados en algunos casos,” citando el de un periodista bajo arresto domiciliario— cuando lo cierto es que Cuba ha estado llevando a cabo juicios sumarios y dictaminando largas condenas por “delitos” que el mundo democrático describiría como derecho a la protesta y que Cuba denomina incitación a disturbios y sucesos peores.

Finalmente, Amampour pregunta a quemarropa: “¿Por qué están en la cárcel estas personas que simplemente gritaban libertad y vida en las calles?”.

Él esquiva la pregunta: “Estoy sorprendido por lo que estás diciendo” y luego describe el sistema de justicia cubano como si fuera una réplica del de Estados Unidos. Es difícil escuchar tantas mentiras empacadas en otro largo fragmento de pura propaganda.

Periodismo ciudadano vs. propaganda

Es tan fácil ponerlo en evidencia.

La información sobre lo sucedido está disponible en cantidad y calidad como pocas veces antes se había visto en un estado policial como Cuba, una dictadura militar comunista que mantiene estricto control sobre la información. Esta fue una rebelión grabada en video.

Quizás, pero es muy improbable, que Fernández de Cossío se haya perdido el video de la policía irrumpiendo en una casa, con las armas desenfundadas, disparando, mientras una madre grita: “¡Aquí hay niños!”.

Sus gritos continúan después de que la policía se va, llevándose a su esposo herido: “¡Destruyeron mi casa! Lo derribaron y lo tiraron en una camioneta como a un cerdo”.

El suelo estaba salpicado de sangre.

La pregunta para Fernández de Cossío: Explique esto.

Este video y muchos otros son ejemplos perfectos de periodismo ciudadano, el reportaje y la difusión de noticias por parte del público a través de Internet.

En Estados Unidos, los periodistas verificamos y publicamos la información y hacemos muchas preguntas. Sin embargo, por alguna razón, los funcionarios cubanos a menudo obtienen la justificación (o el silencio que otorga) de parte de los periodistas estadounidenses que no se lo dan a su propio gobierno.

Influir en la política de EEUU

Amanpour y / o PBS promocionan la presentación de Fernández de Cossío como “una entrevista poco común”. No es así.

Ha comparecido en al menos tres cadenas de televisión y parlotea en Twitter usando exactamente los mismos temas de discusión desde que la horrorosa respuesta del presidente Miguel Díaz-Canel a las protestas atrajo la atención de todo el mundo sobre Cuba y popularizó un insulto que le dio la vuelta al mundo.

Un enfadado Díaz-Canel pidió a los “revolucionarios” cubanos que retomaran las calles y luchasen contra sus vecinos; armó a jóvenes con garrotes y los llevó en autobuses a los vecindarios para golpear a los manifestantes. La policía antidisturbios y las fuerzas especiales no eran lo suficientemente eficaces para el líder cubano.

Pero Fernández de Cossío se sale con la suya pintando todo esto como normal en la televisión norteamericana, y a periodistas que disputaron con destreza y acierto a Trump y su administración les cuesta trabajo formular las preguntas. Nadie pregunta sobre Díaz-Canel incitando a la gente como lo hizo el presidente Trump.

¿Por qué importa lo que dice Fernández de Cossío a los estadounidenses?

Porque Díaz-Canel y otros líderes cubanos de alto rango no pueden comunicarse en inglés, por lo que sus guerras de tuits y videos en español permanecen, en su mayoría, en el mundo insular de los cubanos y latinoamericanos. Pero Fernández de Cossío tiene la ventaja lingüística.

Obviamente, está tratando de influir en la política de Estados Unidos hacia Cuba mediante la transmisión de propaganda al público votante y también a través de la comunidad internacional, que ve las noticias de las cadenas de Estados Unidos.

Es el hombre que descifra los códigos estadounidenses. Y como sabe usar nuestra política (especialmente la de la Florida), nuestros puntos débiles, y usarlos en contra nuestra para hacer que Cuba luzca mejor.

También miente con desfachatez.

Niega que el gobierno cubano haya eliminado el Internet para evitar que se comparta más ampliamente lo que estaba sucediendo, tanto internamente como con el mundo exterior.

“Solo es una interrupción esporádica de algunos servicios”, le dijo a Amanpour y también a Andrea Mitchell en MSNBC.

Literalmente les dijo exactamente lo mismo a ambas periodistas, disminuyendo un acto de censura que dejó indefensa a la población cubana desarmada durante una larga noche y un día de palizas, redadas y enfrentamientos menores pero desafiantes frente a las comisarías vecinales en protesta por las detenciones.

Pero al menos después de te tanta propaganda aprendimos una cosa. Ahora sabemos que la excusa oficial de Cuba para la represión es el asalto al Capitolio de Estados Unidos.

Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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