Impulsados por un sector de la comunidad cubana, comisionados despiden a jefe de policía | Opinión
El juicio para despedir al jefe de policía de Miami, Art Acevedo, es de no creer.
El resultado, su expulsión, estaba predeterminado.
Después de un procedimiento cuasi judicial de cuatro horas y media el pasado jueves en el Ayuntamiento, donde los comisionados de la ciudad de Miami intentaron comportarse con decoro, pero fallaron una vez más, el breve mandato del reconocido jefe de policía terminó con su despido oficial.
No le sorprendió a nadie, pero las revelaciones que surgieron durante el proceso son importantes.
Dicen mucho sobre el estado de la República Independiente de Miami.
El mandato más corto de un jefe policial en la historia reciente de Miami y su despido han revelado las líneas divisorias de un gobierno de la ciudad que atiende a un solo sector de la diversa comunidad cubana, la de derecha, que estaba desdibujada antes del trumpismo pero ahora se recarga.
El embrollo también pusieron en evidencia de un gobierno sórdido que permite que un perpetuo buscapleitos, el comisionado Joe Carollo, convierta sus venganzas personales en la agenda de la manera como la ciudad funciona.
Algunos aspectos destacados y conclusiones de la tragicomedia final:
El vulgar y desequilibrado Carollo funcionando de juez de la vulgaridad de un subordinado que el jefe supuestamente no había castigado. ¡Ja!
Los altos mandos que competían por el puesto de Acevedo antes de que lo contrataran fueron los principales testigos que dieron testimonio en su contra, entre otras cosas, por no ingresar su tiempo libre en el sistema de registro de horas laborales, cuando tampoco ingresan el de ellos.
Sus empleados lo hacen, como se suponía que debía hacerlo la asistente de Acevedo, pero aparentemente no lo hizo.
Estos detalles previamente desconocidos pero esclarecedores —el problema más grande con que tropezó Acevedo fue esa cultura— fueron barridos bajo la alfombra, mientras el abogado del administrador de la ciudad de Miami, Art Noriega, explicaba las ocho razones por las que despedían a Acevedo.
Sensibilidad solo con ‘mafia cubana’
Todo el tiempo dedicado al comentario de Acevedo sobre la “mafia cubana” en lugar de arrojar algo de luz sobre el desempeño laboral del jefe lo dice todo.
Pero quienes son hipersensibles al término “mafia cubana” no se inmutaron cuando, en una perorata fuera del orden, Carollo llamó despectivamente a los pueblos indígenas del país “indios americanos”, un término que es un doloroso retroceso al racismo, al robo de tierras y a la aniquilación que sufrieron sus antepasados a manos de los conquistadores.
Nadie que acompañara a Carollo en criticar a Acevedo y citar refritos de sus bromas inoportunas —las mismas bromas que los cubanos repiten todo el tiempo en Miami, como burlarse de personas llamadas Fidel y decir que la ciudad está dirigida por “la mafia cubana”, por lo cual Acevedo se disculpó profusamente— nadie le llamó la atención a Carollo tampoco por su defensa pública de un miembro de un conocido grupo de odio.
No se suponía que interviniera en la presentación del fiscal, pero Carollo reprodujo, una y otra vez, partes selectivas de un video que mostraba un enfrentamiento de Acevedo en una manifestación cubana con un miembro del grupo supremacista blanco Proud Boys.
El tipo bullicioso llamó a Acevedo comunista y el jefe reaccionó acercándose a él y llamándolo “tonto”. En lugar de proporcionar contexto, Carollo identificó al hombre como un veterano patriota de la guerra de Afganistán.
Porque no hay nada como los prejuiciosos e ignorantes que implantan estándares comunitarios de sensibilidad. Porque no hay nada como aquellos que muestran un constante desdén por los demás mientras exigen sensibilidad hacia los miembros de su comunidad.
Todo ello reafirma que lo único que se necesita para sobrevivir en Miami saberse las A, B, C, de los cubanos y luego seguir con el programa decretado. Y el gran pecado de Acevedo es que se sintió como en casa entre los cubanoamericanos en Miami. Pensó que conocía la política anticastrista, pero le faltó el capítulo sobre su mal uso por conveniencia política.
El demonstrar su odio por el régimen cubano o ser llamado Hubert, por Huber Matos, el comandante que se volvió contra Fidel Castro, cumplió condena en prisión y murió en el exilio, no le sirvió para salvarlo cuando se pusieron en marcha las ruedas de un determinado sector del Miami cubano, para lanzar la máquina de propaganda en su contra.
Por practicar lo que predicó perdió el empleo
Acevedo ciertamente cometió errores, pero quienes lograron despedirlo estuvieron en su contra desde el primer discurso que pronunció. Habló sobre reforma policial, vigilancia comunitaria relacional y la inclusión de los afroamericanos en los primeros puestos como prioridades.
Fue un jefe cubanoamericano que se unió a las protestas de Black Lives Matter después del asesinato de George Floyd, colocando a la comunidad negra de Miami en el primer lugar de su agenda. Fue un jefe cubanoamericano que se unió a la asociación de policías negros. Fue un jefe que quizo convertir a una mujer negra que hablaba duro en su segunda al mando.
Todo este cambio, que se produjo rápidamente, se alegó, provocó una “desmoralización sistemática del departamento” y su estilo de liderazgo hizo que los altos mandos y los oficiales de a pie perdieran la confianza en el jefe. Se alegó que esta fue la causa principal para despedirlo, pero parece más como que Acevedo perturbó a los servidores públicos acostumbrados a la comodidad de los privilegios y las conexiones automáticas.
No es el último capitulo de Acevedo
Gracias a la falta de coraje de los políticos que dirigen Miami —toda la Comisión de la Ciudad de Miami y el alcalde Francis Suárez— y de los profesionales que ejecutan su voluntad, Carollo se salió con la suya con su golpe de Estado.
Pero todo no ha terminado, ya que es probable que venga un reto judicial de parte de Acevedo, quien decidió no testificar, pero se dirigió a sus partidarios y a los medios de comunicación después.
“Nadie me va a quitar mi cubanía”, dijo. Nací cubano y moriré cubano”.
El espectáculo también continuará en el Ayuntamiento de Miami.
El escritor T.D. Allman llamó a Miami la “Ciudad del Futuro” en 1988 por todas las posibilidades que representaba una población diversa, no solo para nosotros sino como modelo para el resto del país.
Nos sobrestimó.
Todo lo que se necesita es una frase mal concebida o dos del chico nuevo en la ciudad—políticamente, el tipo de cubanoamericano equivocado para aquellos que usan el anticomunismo con propósitos nefastos— y la ciudad de Miami se convierte en el Macondo de “Cien años de soledad”.
Como en el pueblo ficticio, lo intolerable prospera aquí.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de octubre de 2021, 3:24 p. m..