El régimen cubano usa la migración para presionar. Biden no debe caer en la trampa | Opinión
Por tierra y mar, el régimen cubano está desenterrando su manual de estrategias, facilitando otro éxodo y abriendo espacios para que los cubanos inconformes abandonen la isla, ahora bajo una represión más brutal de lo habitual como respuesta a protestas históricas.
La última táctica es un acuerdo con el gobierno de Nicaragua, amistoso con Cuba y liderado por un dictador, que ha eliminado los requisitos de visa para los cubanos. El régimen anunció la relajación de la medida en los medios nacionales para obtener un efecto viral, y los resultados son miles de cubanos con destino a Estados Unidos que transitan por Centroamérica sin un pasaje legal por su camino hacia la frontera sur de Estados Unidos.
Un flujo constante de cubanos también ha llegado al sur de la Florida en embarcaciones destartaladas, y hasta ahora en su mayoría son hombres solteros que provienen de provincias del interior, una indicación de que la orden de salir libremente ha llegado a todos los rincones de Cuba.
Esto, a pesar de la campaña de mensajes de la Embajada de Estados Unidos en La Habana de no arriesgar sus vidas en el mar.
Y escucha esto: Al Jazeera informa que un gran número de cubanos buscan refugio en Grecia e Italia, volando de Cuba hasta Rusia para luego encontrar la forma de llegar a Europa.
“El tema salió a la luz el 28 de octubre cuando unos 130 cubanos intentaron volar desde la isla de Zakynthos, en el mar Jónico, a Milán, en el norte de Italia”, y las autoridades comenzaron a ver “un pasaporte cubano tras otro”, informó la agencia de noticias el pasado 30 de noviembre.
Así que el régimen no solo ofrece el trato del siglo a los líderes de la oposición: abandonar el país o cumplir una condena considerable en prisión. Ahora, todo el país puede irse, y no solo hacia la frontera de Estados Unidos.
¿Quizás esa “revisión” de la política de Estados Unidos frente a Cuba que la administración Biden sigue prometiendo subirá ahora en la escala de prioridades del Departamento de Estado?
Porque eso es otra cosa que Cuba quiere: empujar a Biden a la mesa de negociaciones, detener los esfuerzos de su administración para llamar la atención sobre los implacables abusos de los derechos en Cuba e involucrar a la comunidad internacional, y frenar los clamores de Biden por el cambio y la democracia.
En español, a eso se llama chantaje. En cualquier idioma, es un chantaje.
A Biden y al secretario de Estado Antony Blinken, cuyo tuit principal termina con “apoyamos al pueblo cubano en su lucha por las libertades fundamentales”, este paisaje plantea otro nuevo reto. Su compromiso con una Cuba libre se pondrá a prueba.
Amenaza de éxodo, vieja artimaña
Bien vale la pena recordar que la amenaza de éxodo de Cuba es una vieja artimaña para librar a la isla de disidentes y poner de rodillas al gobierno estadounidense del momento.
Si la situación actual fuera un libro, las páginas estarían amarillentas, el lomo deshilachado y desgarrado por tanto uso:
▪ La flotilla del éxodo Camarioca de 1965, bajo el presidente Lyndon B. Johnson, que tuvo como resultado los “Freedom Flights” que trajeron a 250,000 cubanos, incluida yo misma.
▪ El éxodo Mariel, de 1980, bajo el presidente Jimmy Carter, que trajo a 125,000 cubanos en cuestión de cinco meses, incluidos criminales y enfermos mentales que Fidel Castro incluyó entre los refugiados.
▪ El éxodo de los llamados balseros, de 1994, bajo el presidente Bill Clinton, que trajo a 35,000 personas que pasaron por los campamentos de la base naval estadounidense en Guantánamo.
▪ El viaje de refugiados de varios países a la frontera sur que comenzó bajo el presidente Barack Obama, se ralentizó solo un poco bajo Donald Trump y continúa hasta el día de hoy.
¿Ven un patrón? Antes de que se abriera la válvula de alivio de la inmigración, las administraciones demócratas en su momento estaban en negociaciones para llegar a los hermanos Castro a fin de lograr una reforma y un cambio en la dictadura de Cuba.
Todos los éxodos también se produjeron en un momento crucial de la historia de la dictadura y durante períodos de graves conflictos económicos, como ahora, junto con la represión política del pueblo. Todos frenaron diferentes oleadas de progresiva oposición dentro de Cuba y la migración proporcionó un estímulo económico adicional a través de las crecientes remesas de los nuevos exiliados.
Biden debe mantener el rumbo al cambio
Con frecuencia, el desencadenamiento de un éxodo en Cuba coincide con la lucha política en Estados Unidos, como fue el caso del Mariel, cuando Carter se encontraba en medio de la crisis de rehenes en Irán, la más profunda de su gobierno, aunque el caos que desató el Mariel parecía seguirle de cerca.
Y ahora, hablando políticamente, ¿qué mejor arma que la amenaza de una migración masiva a Estados Unidos para alimentar la ira estadounidense, especialmente útil en la atmósfera del hiper-partidismo actual?
No se deje engañar por nada de eso, presidente Biden.
Mantenga el rumbo del cambio de régimen alimentado por la voluntad de los cubanos; sea ese deseo representado por los líderes disidentes forzados al exilio temporal o quienes, con valentía, hablan desde adentro. Mantenga el rumbo de una política de inmigración justa y humana, que respete el derecho a solicitar asilo político, pero que no haga una farsa de la seguridad fronteriza.
Mantenga el rumbo para dotar de personal adecuado a la Embajada de Estados Unidos en La Habana para facilitar la relación con la sociedad civil y, eventualmente, reanudar los servicios consulares. La diplomacia, y especialmente ese punto de apoyo en Cuba, nunca debe abandonarse. Porque eso es lo que quiere el régimen cubano: oscuridad para operar, aplastando los estándares internacionales de derechos humanos.
Es triste ver a los cubanos una vez más votar con los pies y abandonar la isla.
Marcharse es un regalo para el aborrecido régimen. Asegura la permanencia de la dictadura.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de diciembre de 2021, 7:00 a. m..