Fabiola Santiago

Trump quiere jugar golf con el enemigo (en este caso, Cuba)

El candidato presidencial republicano Donald Trump hace declaraciones el jueves pasado en el Trump National Doral.
El candidato presidencial republicano Donald Trump hace declaraciones el jueves pasado en el Trump National Doral. ctrainor@miamiherald.com

Mientras los adoradores cubanoamericanos de Donald Trump se reunían en torno suyo y gritaban insultos de “¡Comunista!” a todo el que no estuviera de acuerdo con ellos, ¿a que no adivinan qué estaba haciendo El Donald en Miami, la capital de los exiliados cubanos?

Estaba haciendo un llamado a los rusos.


Sí, señor: Trump pidió públicamente ayuda a su campaña a la misma potencia mundial que ayudó a Fidel y a Raúl Castro a consolidar su poder, que llevó a Estados Unidos y al mundo entero al borde de la Tercera Guerra Mundial, y que está ahora al mando de otro líder dictatorial, Vladimir Putin, quien intimida a los barcos estadounidenses haciendo volar sus aviones muy cerca de ellos, invadió a Crimea, toma medidas represivas en contra de su pueblo, y sigue mostrándose amistoso con los hermanos Castro.

“Rusia, si estás escuchando, espero que puedas encontrar los 30,000 correos electrónicos [de Hillary Clinton] que están perdidos”, dijo Trump el miércoles frente a una sala llena de periodistas en el Trump National Doral.


Fue una maniobra clásica de Trump: demostrar una total ignorancia de los conceptos básicos de la gobernanza y la geopolítica. Al enfrentar una tremenda ola de críticas por lo que fue en esencia una invitación al espionaje, cambió de tono y dijo a Fox News que sólo había “hablado con sarcasmo“.


Pero imagínense a otro candidato azuzando a una potencia extranjera a que use sus habilidades de piratería cibernética para colarse en la correspondencia de la ex secretaria de Estado. Para Trump, vale todo porque él está postulándose en contra de Clinton y su interés de sacarle los trapos sucios va muy por encima de la seguridad nacional.

Pero imagínense si hubiera sido Clinton la que hubiera llamado a los rusos a espiar la correspondencia de Trump cuando ella estuvo en Miami el fin de semana pasado. “¡Comunista!”


No obstante, hay un hecho aún más incriminatorio, y que podría enemistar al candidato republicano con su base cubanoamericana de línea dura: hacer negocios con el gobierno cubano. Los cubanoamericanos que apoyan a Trump detestan la decisión del presidente Barack Obama de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba y todo lo que huela a tener comercio con el enemigo.

Pero, a pesar del embargo de EEUU, Trump ha estado enviando a personas de su confianza a Cuba durante los últimos tres o cuatro años, mucho antes de que Obama anunciara su cambio de política, para explorar ubicaciones potenciales para un campo de golf y otras oportunidades de inversión, de acuerdo con un reportaje en el número de esta semana de Bloomberg Businessweek.


El titular reza: “¿Violaron los ejecutivos de Donald Trump el embargo a Cuba? Jugando al golf con el enemigo”. El reportaje está ilustrado con fotos de Facebook de ejecutivos de Trump viajando a Cuba y jugando en el único campo de golf del país, en la mansión de los años ‘30 confiscada al magnate químico Ireneo du Pont, que es ahora el Varadero Golf Club.

En la década de 1990, tras el fin de los subsidios de la Unión Soviética, el gobierno cubano convirtió la propiedad en un campo de golf de 18 hoyos, y la majestuosa residencia, con maravillosas vistas del Estrecho de la Florida, en casa club. Pero, a pesar de las bellezas naturales, el club y el campo de golf no son lo bastante buenos para los gustos de lujo de Trump, de modo que este se olió una oportunidad para ofrecerle al gobierno cubano uno mejor. Su gente hizo visitas para tratar de eliminar a cualquier competidor potencial.

Entonces, ¿qué pasaría si, antes y después de que ellos lo elijan, Trump tiene que dar la espalda a sus fans cubanoamericanos, que son el único grupo de hispanos en Estados Unidos que lo apoyan en cantidades significativas? Él es Trump. Con tal de hacer dinero, le pasará por encima al sueño atesorado de sus partidarios cubanoamericanos: la causa más digna de todas, una Cuba sin los Castro.

El artículo de Bloomberg no me sorprendió.

Yo me había enterado de que la gente de Trump estaban viajando a Cuba hace más de un año, cuando un republicano cubanoamericano de Miami, adinerado y conocido, me lo dijo durante una entrevista sobre otro tema. Cuando la idea de la candidatura de Trump era todavía inimaginable, él me dijo que había viajado a Cuba en su yate con un asociado de Trump al que habían dado la bienvenida en la isla con los brazos abiertos.

Ah, las elecciones presidenciales. Ellas nos dan la oportunidad de navegar por aguas traicioneras, pero no hay aguas más infestadas de tiburones que las del histórico enfrentamiento de Trump versus Clinton. Los ignorantes se meten en el agua sin pensarlo dos veces, y oportunistas como Trump ni siquiera tienen que defender valores verdaderos para salir a la cabeza de las encuestas.

Trump traicionará a sus partidarios cubanoamericanos de la misma manera que atacó violentamente a sus oponentes cubanoamericanos Marco Rubio y Ted Cruz durante su campaña. Porque puede, porque quiere, porque él acabará por ofender y herir a todos los grupos posibles.

Mientras tanto, los partidarios cubanoamericanos de Trump también esperan materiales más jugosos del Partido Demócrata de parte de WikiLeaks y elogian a su fundador Julian Assange, exiliado en Londres — para no tener que enfrentar acusaciones de violación en Suecia — en la embajada de Ecuador, otro gobierno que apoya la dictadura de Castro.

Todo esto sería cosa de comedia si no fuera tan triste.

  Comentarios