Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Gina Montaner

Hillary Clinton y el precio de ser una mujer alfa

Los candidatos Hillary Clinton y Donald Trump en el Foro Commander in Chief, de NBC, en Nueva York, el 7 de septiembre, conducido por Matt Lauer.
Los candidatos Hillary Clinton y Donald Trump en el Foro Commander in Chief, de NBC, en Nueva York, el 7 de septiembre, conducido por Matt Lauer. The Washington Post

Faltan menos de dos meses para que se celebren las elecciones presidenciales y ambos candidatos, Donald Trump y Hillary Clinton, en mayor o menor grado se enfrentan a la opinión negativa que muchos votantes tienen de ellos.

Sin embargo, hay un aspecto que trasciende la militancia con uno u otro partido y que está instalado en el subconsciente de las personas. Se trata de la percepción que se tiene de las mujeres en el ámbito profesional y político comparada a la que se tiene de los hombres en idénticos escenarios. Diversos estudios realizados a lo largo de los años señalan que el factor sexista está presente.

Recientemente, en un foro televisado en el que Trump y Clinton respondían principalmente a preguntas acerca de política internacional y toma de decisiones, el conocido periodista Matt Lauer interrumpió en numerosas ocasiones a la ex Secretaria de Estado, incluso pidiéndole que fuese breve y con contrapreguntas incisivas. En cambio, en la media hora dedicada al magnate neoyorquino éste habló profusamente, interrumpió más al moderador que viceversa y, cuando respondió con inexactitudes, sencillamente las contrapreguntas brillaron por su ausencia.

En realidad lo que le sucedió a Clinton en tan desigual comparecencia es el reflejo de una realidad que las mujeres viven día a día en el entorno personal y laboral. En 1975 los psicólogos Don Zimmerman y Candence West, de la Universidad de California, en Santa Bárbara, llevaron a cabo un estudio que arrojó datos reveladores: grabaron al azar 31 conversaciones en distintos establecimientos públicos. Diez de ellas eran entre dos hombres; diez entre dos mujeres; y 11 entre una mujer y un hombre. En el caso de los diálogos hombre-mujer, de las 48 interrupciones que grabaron solo una la protagonizó una mujer.

En estudios más recientes este patrón se repite y además indican las consecuencias que enfrentan las mujeres cuando tienen un comportamiento más agresivo y similar al de hombres profesionalmente exitosos. Por ejemplo, un estudio realizado en Yale en 2008 reveló que cuando un hombre expresa con firmeza su descontento en el trabajo su estatus se eleva. Sin embargo, una mujer en una situación similar es percibida como alguien poco competente que no sabe manejar escenarios difíciles. Y en un metaanálisis de 71 estudios conducidos por investigadoras de Emory y de Stanford sobre el vínculo entre el sexo, el dominio y el castigo, se comprobó que, comparadas al sexo opuesto, las mujeres son más criticadas y pagan un precio por mostrarse dominantes en situaciones como exigir un aumento de sueldo o llevar la voz cantante en una reunión. Un dato relevante: dicho estudio señala que mientras un hombre fuerte o dominante es premiado en el trabajo, una mujer igualmente competente despierta hostilidad entre sus colegas.

Una y otra vez a lo largo de esta feroz contienda electoral que está llegando a su fin, a pesar de que Trump es proclive a comentarios festinados, descalificativos procaces, a repetir inexactitudes, ser opaco con sus manejos financieros y mostrarse en todo momento como un macho alfa que presume de obtener todo lo que se propone, las faltas de Clinton, centradas sobre todo en su continuada carencia de transparencia, parecen ser juzgadas con mayor severidad.

Estudio tras estudio muestran la desigualdad a la hora de valorar a una mujer ambiciosa frente a un hombre igualmente ambicioso. Asimismo, estudio tras estudio señalan que las mujeres son interrumpidas un mayor número de veces y sus palabras no tienen la misma repercusión que cuando habla un hombre ante un auditorio. Es evidente que esta realidad es trasladable a un año electoral en el que por primera vez en la historia de Estados Unidos una mujer está aspirando a la presidencia.

Ser una mujer alfa tiene un precio en la vida, en el trabajo y en el accidentado camino a la Casa Blanca. Resolverlo requiere una conversación a fondo y sin interrupciones.

©FIRMAS PRESS

Twitter: @ginamontaner

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de septiembre de 2016, 3:00 p. m. with the headline "Hillary Clinton y el precio de ser una mujer alfa."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA