Pitt y Jolie, los indicios de ruptura que se nos escaparon
El martes pasado no fue una mañana cualquiera. De pronto recibí una lluvia de mensajes de texto: Angelina Jolie y Brad Pitt se divorciaban. No puede ser. Es el final del amor. De todos los amores. Y así transcurrió el día, con intercambios que hasta cruzaban el mar y desafiaban diferencias horarias. La aldea global insomne y delirante. El sueño de los “Brangelina” se había pulverizado.
Difícil explicar el golpe colectivo que ha generado la ruptura privada (o todo lo privada que puede ser para una pareja de Hollywood) de los dos famosos actores. El desmoronamiento de su matrimonio se está viviendo como si se tratara del colapso del imperio romano. El fin de una era. La constatación de que la ilusión del amor duradero es sólo una fantasía de la gran pantalla. De las novelas rosas. De la engañosa prensa del corazón cuyas portadas tantas veces ocuparon Brad y Angelina. O viceversa.
No le ha bastado a esta dorada pareja protagonizar un sonado romance, formar una familia numerosa, pasar por vicisitudes médicas, mantener una vida nómada, saltar de rodaje en rodaje o preocuparse por causas humanitarias. Tal vez sin proponérselo, se convirtieron en el estandarte del amor eterno y refulgente que todos quisiéramos protagonizar.
Angelina y Brad (o viceversa) debían portar la llama del deseo que no se apaga. Soportar sobre sus hombros bien moldeados la carga de todas las uniones y sus horas más bajas. Ellos no sólo eran los embajadores ante la ONU de las causas más nobles. Eran el poster couple y sobre ellos parecía mecerse la estabilidad sentimental del planeta. Si la perfecta combinación “Brangelina” fallaba en la cuerda floja del matrimonio, entonces no había esperanza para el resto de los mortales. El anuncio de su separación era el certificado de defunción de los cuentos de príncipes y princesas.
Pasamos por la vida con pequeñas miserias y grandes anhelos que difícilmente se cumplen. En muchas ocasiones son los libros y las películas el escape que nos saca de la nada cotidiana. Y una pareja de cine como la formada por Brad y Angelina (o viceversa) es la pócima mágica que transforma la gris calabaza en carroza de plata. Lo vivimos antes con Carole Lombard y Clark Gable; Humphrey Bogart y Lauren Bacall; Liz Taylor y Richard Burton. Lo que Dios une sólo lo separa Hollywood.
Luchar día a día para que el romance se mantenga vivo es una batalla épica que, al menos en Estados Unidos, acaba en la disolución de la mitad de los matrimonios. Por la conmoción en las redes sociales, es evidente que hasta el pasado martes gran parte de la humanidad cifraba el triunfo del amor en la capacidad de los “Brangelina” para encarnar hasta el final el papel de la pareja sólida. Ellos podían. Tenían los medios. Las casas. Los aviones privados. Las nanas. La belleza inagotable. El sex appeal imbatible. El celuloide era su talismán.
Hasta en las mansiones de Beverly Hills la hiedra del desamor se enreda en los corazones. Angelina y Brad (o viceversa) se han rendido por el momento. Tiran la toalla y se echan a llorar. Les hemos pedido demasiado y no lo vimos venir en su película fallida, Frente al mar, donde una pareja tan glamurosa como ellos mismos en la vida real se deshace en un decadente hotel a orillas de la costa francesa. Fatigados, nos lo avisaron. El amor de los “Brangelina” ha muerto. Lo dieron todo a su público.
©FIRMAS PRESS
Twitter: @ginamontaner
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de septiembre de 2016, 2:52 p. m. with the headline "Pitt y Jolie, los indicios de ruptura que se nos escaparon."