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Gina Montaner

Venus y Marte: sacudir la esclavitud de los roles en un universo machista

Un grupo de niños se baña en un parque acuático en Carolina del Norte. A la hora de educar a un niño es importante fomentar que el chico exprese sus emociones para que desde pequeño tenga empatía con las mujeres.
Un grupo de niños se baña en un parque acuático en Carolina del Norte. A la hora de educar a un niño es importante fomentar que el chico exprese sus emociones para que desde pequeño tenga empatía con las mujeres. AP

Hace años un libro titulado Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus fue un bestseller instantáneo. Su título hacía alusión a que hombres y mujeres eran de distintos planetas y en su texto el psicólogo John Gray pretendía desentrañar las diferencias aparentemente irreconciliables entre los dos sexos, a modo de guía para mejorar la comunicación.

Bien, han transcurrido más de dos décadas y desde entonces se ha publicado infinidad de libros bajo la categoría de autoayuda o “inspiracional” con el fin de alinear estos dos mundos, el de los marcianos y las venusianas, que en tantas ocasiones parecen condenados al desencuentro.

Me temo que ninguno de estos manuales han servido de mucho, pues en la práctica la fisura sigue ahí, abierta y profunda. Sin ir más lejos, hace unos días escuchaba las noticias en la radio y en un solo bloque se dieron las siguientes informaciones: un Casco Azul estaba pendiente de juicio por violar a niñas en Burkina Faso, donde había estado destacado como parte de la asistencia humanitaria que la ONU envía a zonas necesitadas o de conflicto. El soldado era uno más de los que han sido hallados culpables en sitios tan depauperados como Haití, donde algunos de ellos prostituían o abusaban de menores a cambio de víveres. Después el informativo pasó a la noticia del juicio contra el conocido comediante Bill Cosby por supuestamente drogar y abusar sexualmente de una serie de mujeres a lo largo de los años. Y para cerrar el segmento, los locutores mencionaron que un miembro de la junta directiva del servicio de transporte Uber tuvo que dimitir después de hacer comentarios sexistas en una reunión en la que justamente se buscaba mejorar la cultura denigratoria hacia las mujeres, en una compañía donde acaban de destituir a una veintena de empleados por acoso contra ellas.

Resulta irónico, por no decir lamentable, que todavía haya hombres, e incluso mujeres, que fruncen el ceño cuando se habla de feminismo o de ser feminista, como si se tratara de un mal producto de la histeria. Si en cuestión de minutos uno escucha una retahíla de informaciones relacionadas al abuso y acoso que sufren las mujeres, la urgencia del feminismo está más vigente que nunca.

En esa misma estación de radio, que es la formidable NPR, unos días antes se discutía sobre un artículo publicado en el New York Times (NYT) titulado Cómo criar a un hijo feminista. En él la autora señalaba algunos puntos a tener en cuenta a la hora de educar a un niño para que desde pequeño tenga empatía con las mujeres. Entre algunos aspectos, se enfatizaba la importancia de fomentar que el chico exprese sus emociones, incluyendo, por qué no, soltar las lágrimas; contar con figuras femeninas fuertes y relevantes en su vida; permitirle la querencia por el rosa u otras tendencias supuestamente femeninas; que haga y participe de las tareas del hogar; y, sobre todo, ser buen amigo de las niñas que un día serán mujeres. En el artículo se señalaba que los muchachos que desarrollan relaciones amistosas con las chicas tienden menos a ver en todas las mujeres una posible conquista sexual.

En dicho programa uno de los hombres invitados insistía en que, a pesar de estar de acuerdo con el contenido y el mensaje del trabajo publicado en el NYT, le molestaba el término “feminista”. A su juicio, educar a un varón como un “feminista” conlleva una militancia agresiva por parte de las mujeres que conduce a una suerte de castración simbólica de los hombres. No me sorprendió la aversión del tertuliano, porque a la vista está que el feminismo como bandera o antídoto contra un trato discriminatorio irrita a no pocos.

Busco en Wikipedia la definición de “feminismo” y esto es lo que hallo: “El conjunto de movimientos políticos, culturales, económicos y sociales que tienen como objetivo la liberación de las mujeres y la reivindicación de sus derechos”. Si no hubiera sido por la lucha de las primeras feministas, las mujeres no habrían podido votar y alcanzar derechos reproductivos y de igualdad. O sea, logros seminales a pesar de la enorme brecha que todavía persiste si se piensa en la desigualdad salarial y en puestos directivos, así como el desbalance entre la cantidad de trabajo que tiene la mujer profesional en el hogar comparada al hombre en iguales circunstancias. Por no hablar de la mayor vulnerabilidad de las mujeres en lo que respecta a la violencia de género, violaciones y otros ultrajes de los que son víctimas potenciales en el terreno personal y en el laboral.

Me bastó escuchar un bloque de noticias copado de abusos y acosos perpetrados por hombres contra mujeres para comprender que Martes y Venus siguen distantes en un universo donde lo que sobra es el machismo.

©FIRMAS PRESS

Twitter: @ginamontaner

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de junio de 2017, 8:49 p. m. with the headline "Venus y Marte: sacudir la esclavitud de los roles en un universo machista."

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