Gina Montaner

Cuando el victimario se disfraza de víctima: Polanski y el abuso sexual de niñas

El director de cine franco-polaco Roman Polanski llega al Festival de Cannes, en el sur de Francia, el 19 de mayo del 2007.
El director de cine franco-polaco Roman Polanski llega al Festival de Cannes, en el sur de Francia, el 19 de mayo del 2007. AFP/Getty Images

El festival de cine de Venecia se inauguró en medio de una polémica que está condenada a repetirse: la anunciada proyección del nuevo filme del director Roman Polanski provocó malestar y divisiones entre miembros del jurado y el propio director del prestigioso certamen.

En 1977 el cineasta polaco fue acusado de haber violado y drogado a una adolescente de 13 años en una mansión en Hollywood. Después de negarlo en un principio, Polanski terminó por declararse culpable de haber tenido relaciones sexuales con la menor, pero acabó huyendo de Estados Unidos para evitar cumplir una condena. Desde entonces, por temor a ser extraditado, es un fugitivo en Francia y rara vez viaja.

Lejos de mostrarse contrito por ese delito y otras acusaciones de abuso sexual contra menores que han surgido a lo largo de los años, el director de películas tan notables como La semilla del diablo, El pianista o Chinatown nunca ha ocultado su debilidad por niñas púberes. En unas memorias que escribió tras haber perdido a su esposa, la actriz Sharon Tate, quien fue asesinada por seguidores de Charles Manson, el director relataba sus encuentros eróticos con adolescentes, a las que, según confesaba, encontraba mucho más atractivas que a las mujeres adultas. Paradójicamente, se siente “acosado” por lo que uno de sus defensores, el novelista Pascal Bruckner, tacha de “macartismo neo-feminista”.

En plena explosión del movimiento #MeToo, en el que un buen número de mujeres —sobre todo en la industria del espectáculo y de la moda— ha denunciado a hombres poderosos, Polanski es uno más en la lista de depredadores sexuales que creyeron podían escaparse de pagar por sus excesos.

En Venecia la directora de cine argentina Lucrecia Martel, en calidad de presidenta del jurado declaró que, si bien no se oponía a que se proyectara la esperada cinta de Polanski, no asistiría a su estreno en solidaridad con las mujeres que han sido víctimas de este tipo de abusos y como repudio a un hombre al que admira como creador. pero rechaza por su falta de reparos morales.

Por su parte, el actual director de la “Mostra de Venecia” dijo que era necesario distinguir al hombre del artista, ya que la historia está plagada de casos de figuras relevantes que han cometido bajezas. Pensemos en Arthur Koestler, preocupado por el totalitarismo pero proclive al maltrato a las mujeres; el Premio Nobel V.S. Naipul, quien, tal y como relató en sus memorias, le propinaba unas feroces palizas a su amante y vejaba a su esposa; o el aclamado novelista estadounidense Norman Mailer, un tipo violento que llegó a apuñalar a una de sus parejas.

Ambas valoraciones son ciertas y no se contradicen. Martel está en su perfecto derecho de condenar públicamente un comportamiento censurable y tipificado como delito. Estamos cansados de ver manifestaciones en contra de personajes importantes por defender, por ejemplo, posiciones políticas polémicas.

¿Por qué habría de extrañar la indignación ante el violador confeso de una menor a la que, según el testimonio de la niña en su día, sodomizó e intimidó para que no contara nada? Por cierto, Polanski llegó a pagarle extrajudicialmente una indemnización y le pidió perdón en privado.

Es incuestionable el inmenso talento de Roman Polanski. Sin duda, se puede tener una especial sensibilidad a la hora de crear y la vez carecer de la empatía y la decencia básicas para controlar los instintos más primarios que pueden hacer un daño irreparable a alguien más indefenso. Cuando Polanski cuenta sin pudor que no hay nada más tentador que una muchachita, sólo piensa en su propio placer y le trae sin cuidado lo que significa que un adulto trate a su antojo a un menor.

Nunca he dejado de ver las películas de Polanski o las de Woody Allen, otro gran cineasta que no se libra de serias acusaciones y en cuya filmografía abunda la fascinación con las jovencitas. Pero, con el caudal de información que hoy se maneja y la concientización de que los abusos sexuales no deben quedar impunes, resulta imposible divorciar al artista de la persona. Parte del perverso juego de la manipulación consiste en que el victimario se disfraza de víctima.

Twitter: @ginamontaner. ©FIRMAS PRESS

  Comentarios