Gina Montaner

Libres para el elogio y para el repudio: los casos de ‘Joker’ y ‘Red Avispa’

¿Podemos separar a la persona del arte que produce? Es un debate que parece no tener una respuesta definitiva precisamente porque la percepción del espectador o el lector también está sujeta a la subjetividad.

Tres obras recientes invitan a reflexionar sobre las consecuencias que puede acarrear prohibir el trabajo de un autor por el contenido de su creación o por su comportamiento como individuo. Por lo pronto, la censura impide que uno pueda valorar libremente lo que se dice o se recrimina de la obra o de su creador.

Este verano en el Festival de Venecia se exhibieron dos filmes que han dado mucho de que hablar por distintas razones: La red avispa, del director francés Olivier Assayas, y Joker, una producción americana que construye la historia del origen de Joker, el archienemigo de Batman en la urbe ficticia de Gotham.

En el caso del filme de Assayas, la trama es acerca de los espías cubanos que en los noventa se infiltraron en Miami para recabar información de los grupos anticastristas y organizar un atentado dirigido por el régimen de La Habana que acabó con el derribo de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate. La cinta está inspirada en un libro de Fernando Morais que enaltece a los cinco miembros de la inteligencia cubana que operaban en la capital del exilio. Además, la filmación se hizo en la isla bajo el auspicio del régimen cubano. Desafortunadamente, Assayas, un director con películas notables en su haber, al parecer llevó a la pantalla grande un panfleto político entregado al discurso castrista. Al menos eso fue lo que dijo la crítica en un certamen donde La red avispa pasó con más pena que gloria.

En cambio, en el mismo festival la mayoría de los críticos europeos se rindió ante Joker, reconociendo la destreza del director Todd Phillips al componer el retrato de un psicópata que a su vez logra encender el imaginario colectivo de masas que se dejan seducir por eslóganes populistas. Claro está, Gotham vive en la ficción del cómic y este Joker, magistralmente interpretado por Joaquin Phoenix, habita en una distopía. Del Festival de Venecia el equipo de Joker se llevó galardones que usualmente no van a parar a las grandes producciones de Hollywood.

Ambas cintas han sido objeto de controversia por diferentes motivos, pero con un común denominador: disuadir al público de verlas. Con razones de sobra un amplio sector del exilio cubano ha criticado lo que parece ser la visión sesgada de La red avispa, donde los espías de la dictadura cubana son héroes y los anticastristas son retratados como terroristas. No han faltado movilizaciones para boicotear su exhibición. En cuanto a Joker, a diferencia de lo publicado en Europa, en Estados Unidos la mayoría de los críticos la ha tachado de espectáculo “vacío” y con violencia “gratuita” que solo instiga a cometer actos violentos. Ir a verla, según sus detractores, equivale a condonar una cultura de violencia rampante.

Por un momento dudé en ver Joker, pues críticos del New York Times o New Yorker que siempre he respetado, poco menos que la catalogaron de bazofia hueca. Pero releí los artículos que se publicaron en Europa. El contraste llamaba la atención. Debía alcanzar mis propias conclusiones. Vi Joker en una sala repleta. Me enganchó de principio a fin. Sin duda, había una disonancia entre el hechizo del público y el rechazo de los críticos que proponían no malgastar el dinero en este filme.

En lo referente a La red avispa, quisiera tener la oportunidad de verla en un cine. De ese modo podría sopesar las reservas que en un principio despierta en mí una producción bendecida por el régimen castrista y alabada por los espías que contribuyeron a la muerte de activistas que luchaban por la libertad de Cuba. Sería la única manera de escribir sobre el filme con conocimiento de causa. De lo contrario, desdeñarla de oídas carecería de toda legitimidad.

Mientras escribo esta columna se publican noticias acerca de la demanda que Woody Allen ha presentado contra Amazon Studios, compañía que produjo su última película, A rainy day in New York, y que ahora se niega a distribuirla en Estados Unidos por las alegaciones de supuesto abuso sexual que pesan sobre el célebre director. Aunque nunca ha sido hallado culpable, su hija, Dylan Farrow, asegura que la tocó indebidamente cuando era una niña. Desde entonces la reputación de Allen se ha visto empañada. Por ahora, sólo podría verla en Europa, donde la veneración por la trayectoria artística del creador de Annie Hall permanece intacta.

La Primera Enmienda de la Constitución protege la libertad de expresión. Y en este marco se salvaguarda el derecho a cualquier manifestación cívica contra estrenos, exhibiciones o publicaciones que puedan agraviar o herir a una comunidad o un grupo en particular.

Pero para que se produzca la protesta es indispensable que las obras supuestamente ofensivas o sesgadas estén al alcance de las personas que las juzgarán. Sólo así somos verdaderamente libres para el elogio y para el repudio.

Twitter: @ginamontaner. ©FIRMAS PRESS

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