Gina Montaner

El apetito carnívoro de Mark Zuckerberg

Mark Zuckerberg, presidente ejecutivo de Facebook, en una audiciencia del Comité de Servicios Financieros de la Cámara Baja, el 23 de octubre de 2019 en El Capitolio en Washington, D.C.
Mark Zuckerberg, presidente ejecutivo de Facebook, en una audiciencia del Comité de Servicios Financieros de la Cámara Baja, el 23 de octubre de 2019 en El Capitolio en Washington, D.C. AP

Si alguien sabe hacer preguntas inquisitivas es la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez. Recientemente, en una audiencia del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, logró descolocar nada menos que a Mark Zuckerberg, creador y zar de la mega plataforma Facebook, una suerte de hábitat en el que la aldea global vive una vida paralela plagada de falsedades que se diseminan como un virus imparable.

De un tiempo a esta parte se ha resquebrajado la reputación de mago de las redes sociales que ha rodeado a Zuckerberg.

Digamos que, a partir de la campaña electoral de 2016, cuando los trolls lanzados por el Kremlin y los agitadores del alt-right se unieron en una paradójica alianza —ya se sabe que los extremos se tocan— para aupar la candidatura del presidente Donald Trump, Facebook se convirtió en el trampolín ideal para irradiar desinformación y mentiras flagrantes gracias a su colosal alcance.

De ese modo, las leyendas negras (la mayoría falsas) en torno a Hillary Clinton y otras figuras del Partido Demócrata, se esparcieron en este patio de vecindad tóxico. En la tendedera virtual igual se cuelga un comentario frívolo sobre las Kardashian que una historia difamatoria y peligrosa como la de Pizzagate, en la que se daba por cierto que Clinton y su jefe de campaña formaban parte de una red de pederastia que operaba en los bajos de una popular pizzería en Washington D.C.

A raíz del informe Mueller se ha podido saber más de las ramificaciones de la trama rusa en las pasadas elecciones y cómo por medio de anuncios pagados sus tentáculos se apoderaron de la red social más extendida y populosa del planeta. Se calcula que unos 150 millones de estadounidenses leyeron esta propaganda en Facebook y su subsidiaria Instagram.

Como era de esperar, la burbuja idílica de los habitantes de Silicon Valley —millonarios precoces que abogan por causas sociales, con vocación de veganos y preocupados por el cambio climático— se ha deshecho al quedar desenmascarados Zuckerberg y comparsa, más preocupados por multiplicar sus fortunas que por hacer prevalecer los supuestos valores éticos de las plataformas que representan.

Hoy en día a la defensiva frente a quienes ven en Facebook el espejo de un vertedero de falsedades que debilitan los cimientos de la democracia, invocando la Primera Enmienda, Zuckerberg defiende el derecho a publicar anuncios políticos llenos de calumnias. A fin de cuentas, argumenta ante la joven congresista de Nueva York, en una sociedad abierta es responsabilidad de cada quien discernir las mentiras de las verdades.

Es en ese momento cuando Ocasio-Cortez le pregunta si ella podría publicar en Facebook, con la clara intención de desinformar, un anuncio pagado dirigido a votantes afroamericanos de un distrito particular con la fecha incorrecta del día de las elecciones. El ejecutivo de pronto titubea porque su razonamiento queda desnudo en su cinismo más feroz.

La legisladora demócrata lo precisa aún más, al dar por sentado que, de acuerdo a la tesis del fundador de Facebook, también podría colocar un anuncio en el que se afirmara (otra falsedad) que los republicanos apoyan su plan progresista, el “Green New Deal”. Desarmado, Zuckerberg de pronto se encuentra arrinconado en sus propias contradicciones.

Es posible que la plana mayor de Facebook (en la cual se encuentra Sheryl Sandberg, conocida ejecutiva que publica libros motivacionales) pueda refugiarse en la distorsión de la esencia de la Primera Enmienda para venir a decirnos que en las reglas del juego del capitalismo todo vale.

Y que, con las elecciones de 2020 a la vuelta de la esquina mientras se desenreda la trama de Ucraniagate, su plataforma social será una vez más caldo de cultivo de la propaganda más insidiosa.

Pero, sin duda, pasarán a la historia por haber sido vehículo y cómplices de sucias maniobras que contribuyen a dinamitar las democracias. Mark Zuckerberg ya no puede ocultar su insaciable apetito carnívoro.

Twitter: @ginamontaner. ©FIRMAS PRESS

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