Las mujeres que con firmeza se enfrentan al presidente
A Donald Trump siempre le ha gustado llamar la atención. Desde la época en que era una personalidad de los reality shows conseguía acaparar titulares y provocar polémicas. Ahora, al cabo de su primer término como presidente, ha logrado con creces ser el centro del mundo al convertirse en el tercer mandatario en la historia de Estados Unidos en ser sometido a impeachment o juicio político.
Sin duda, será recordado principalmente por los cargos de abuso de poder y obstrucción al Congreso que derivaron de lo que ya se conoce como el Ucraniagate. Paradójicamente, comparte con el esposo de Hillary Clinton, su adversaria en 2016, una mancha que no se puede borrar por mucho que en el Senado la mayoría republicana lo acabe exonerando.
En medio de la conmoción que se desató a partir de la información que facilitó un denunciante anónimo acerca de la llamada que Trump hizo a su homólogo ucraniano con indicios de quid pro quo, una mujer en particular le ha quitado el sueño al presidente: la líder de los demócratas en la Cámara Baja, Nancy Pelosi.
En realidad, desde que el empresario dejó los reality para ocupar la Casa Blanca, Pelosi ha sido uno de sus azotes constantes. Una política de peso en las filas demócratas, con la experiencia y el talante necesarios para lidiar con un millonario más familiarizado con los casinos y hoteles que con el desempeño de un funcionario al servicio de los contribuyentes.
En su momento dio la vuelta al mundo la foto de Pelosi rodeada de hombres en una reunión en la Casa Blanca para discutir la crisis en Siria. Ella es la única que está de pie y señala con el dedo a un Trump visiblemente contrariado.
De aquella reunión trascendió que la presidente de la Cámara de Representantes puso reparos a la connivencia del mandatario con Vladimir Putin, afirmando que todos los caminos (los de la Casa Blanca) conducen a Rusia. Poco después Trump publicaba la foto en Twitter, comentando de modo burlón “Nancy la nerviosa pierde los papeles”. Sin embargo, la lectura universal de dicha imagen fue justo lo contrario: una política avezada que en ningún momento se deja amedrentar por un grupo de hombres poderosos. Y mucho menos por las bravatas de un individuo más a gusto organizando el concurso de Miss Universo que entablando una conversación de igual a igual con una mujer tanto o más influyente que él.
Cuando Trump frecuentaba en los años 80 la discoteca Studio 54 como heredero del imperio inmobiliario que había erigido su padre, navegaba como pez en el agua en las noches de fiestas junto a modelos y Misses. De aquellos tiempos, llegó a decir que su “Vietnam particular” (ya se sabe que argumentó tener un espolón para evadir ser enlistado en una guerra con muertos de verdad) fue librarse de contraer enfermedades venéreas. Antes de llegar a la Casa Blanca sus abogados (al menos uno de ellos hoy está en la cárcel) se encargaron de repartir dineros para silenciar a mujeres con las que aparentemente había tenido relaciones extra maritales. Y de su etapa como presentador en The Apprentice surgió un audio en el que se jacta de agarrar a las mujeres por sus genitales (“pussy” fue la palabreja que empleó) porque es un tipo con poder.
El susodicho audio salió a relucir en plena campaña electoral. La misma en la que dijo en un debate que su rival republicana Carly Fiorina tenía cara de caballo. O, ante la pregunta de la periodista Megyn Kelly acerca de sus comentarios sexistas sobre las mujeres al referirse a ellas como “cerdas”, “perras” o “gordas”, comentó si es que la entonces estrella de la cadena Fox le estaba saliendo sangre por alguna parte, en clara alusión a la menstruación.
En cuanto a Hillary Clinton, la llegó a calificar de “repugnante”. Si hay una constante en la vida de Trump es su obsesión con el aspecto físico de las mujeres. Eternamente atrapado en el pasado, cuando los hombres podían cosificarlas sin que su menosprecio acarreara mayores consecuencias.
No es menos cierto que en 2016 abundaron las mujeres que, con el eslogan Women for Trump por bandera, lejos de sentir grima ante un machista trasnochado, votaron por él. No obstante, una encuesta reciente realizada por Fox News indica que si hace cuatro años le costó contar con el voto femenino (hay más mujeres demócratas que hombres), en 2020 puede resultarle aún más cuesta arriba. Si alguien conoce bien las debilidades del presidente es Nancy Pelosi.
Con cautela, pero también con firmeza lo condujo hasta el laberinto de su impeachment. Hay hombres que no ven venir a las mujeres.
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