GINA MONTANER: La catástrofe del chavismo
El mismo día que Felipe González hablaba a los medios de prensa en Madrid, en Miami el corresponsal en Washington del diario ABC presentaba su libro Bumerán Chávez.
El expresidente del Gobierno español acababa de regresar de Caracas, donde en todo momento la policía política chavista lo siguió de cerca con el objeto de impedir que se reuniera con los presos políticos Leopoldo López y Daniel Ceballos. En cuanto al periodista Emili Blasco, habló de su investigación acerca de la presunta vinculación del segundo hombre al mando en Venezuela, Diosdado Cabello, con el narcotráfico que aparentemente manejan los militares del gobierno de Nicolás Maduro. Precisamente, a raíz de los artículos de Blasco, la propia prensa estadounidense se ha hecho eco del oscuro entramado que ya desde los tiempos del desaparecido Hugo Chávez señalaba al país sudamericano como un puente del tráfico de drogas que controlaba la guerrilla de las FARC en Colombia.
Bien, al líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que gobernó en España de 1974 a 1997, Maduro lo recibió en Caracas con insultos y amenazas. La cuestión era impedir a toda costa que González tuviera acceso a los opositores encarcelados y, una vez más, las vistas judiciales fueron postergadas. Pero lo que no pudo evitar el mandatario venezolano es que la accidentada visita de González, una figura prominente de la socialdemocracia europea, pasara inadvertida internacionalmente. Y a su llegada a Madrid no perdió tiempo en decirles a los medios que el sucesor de Chávez está conduciendo al país a un abismo. Consciente de que en su propio país fuerzas políticas como la del partido radical Podemos se inspiran en el recetario populista de la revolución bolivariana, en su comparecencia González hizo alusión a los “monaguillos” de Maduro.
Unas horas después, en Miami, capital de la diáspora cubana (víctima de la madre del chavismo que es el castrismo), Blasco coincidía con el pesimismo de González en lo referente a la grave situación que atraviesa Venezuela y en el peligro que representa la propagación del socialismo del siglo XXI.
Sumidos en un panorama que se avizora como un callejón sin salida, la oposición exige que se ponga fecha a unas elecciones parlamentarias y que cese el acoso a los desafectos del chavismo. Sin embargo, Maduro, haciendo oídos sordos a una creciente presión internacional que incluye la mediación del Papa Francisco, se atrinchera en una posición numantina y ahoga aún más a los opositores. El chavismo, según él y su entorno, está para quedarse, tal y como sentenció su predecesor antes de morir “por la patria”.
Salvo que se produzca una escisión en el seno del gobierno o una facción de los militares tome cartas en el asunto, la descomposición de Venezuela puede prolongarse a costa del sufrimiento de la gente de a pie. A fin de cuentas, los chavistas se miran en el espejo del modelo cubano, con una revolución totalitaria que ha superado el medio siglo de existencia a pesar de su probada ineficiencia.
En Miami Emili Blasco se lamentó de que “aquello que tanto evitó Estados Unidos, que Colombia se convirtiera en un narcoestado, sí ha ocurrido con Venezuela.” Y en Madrid Felipe González aseguró que “en España no se va a liquidar al régimen por no sé qué aventura política. Eso no va a pasar.” Eso les dijeron muchos venezolanos a los exiliados cubanos que en su día les alertaron del peligro del chavismo. Ojalá las palabras de González pongan en su sitio a la “casta” populista. Los españoles todavía están a tiempo de sortear la catástrofe.
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Esta historia fue publicada originalmente el 14 de junio de 2015, 11:52 a. m. with the headline "GINA MONTANER: La catástrofe del chavismo."