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Gina Montaner

Una buena periodista y una buena persona

Facebook: Maimi Dade College Alumni

Es uno de los rostros más conocidos del periodismo en español. Mi amiga y colega Lori Montenegro recibirá el próximo 5 de marzo uno de los más prestigiosos galardones al que puede aspirar un periodista: el Premio a la Claridad de la Primera Enmienda que otorga la Fundación de Noticias Digitales de Radio y Televisión (RTDN).

En la ceremonia, que tendrá lugar en Washington D.C., habrá otros premios importantes, pero este en particular recompensa “el esfuerzo por proporcionar contenido y contexto a historias complicadas o temas de gran importancia para el público”.

Todo ello ligado a la defensa de la Primera Enmienda, que es la garantía de la libertad de prensa en momentos en los que, tal y como reza la cabecera del Washington Post, resulta vital recalcar que “la democracia perece en la oscuridad”.

No me extraña este reconocimiento a la trayectoria de Lori. Nos conocimos en la década de los 80 en Laguna Niguel, en los tiempos de la cadena SIN. Éramos dos jóvenes periodistas en ciernes y madres primerizas. Apenas nos tratamos en aquel entonces y pasaron algunos años antes de coincidir nuevamente en la primera Cumbre Iberoamericana celebrada en España. Para entonces Lori ya era una reconocida reportera ducha en cubrir a jefes de Estado. En aquella ocasión ella y todos los corresponsales siguieron a Fidel Castro por la geografía española, a la vez que las protestas de exiliados cubanos llenaban las plazas y calles por donde desfilaba el desaparecido dictador.

Precisamente los padres de Lori se habían encargado de que su única hija naciera en Cuba. Pero unos años antes de que triunfara la Revolución la pareja había viajado al Sur de la Florida para abrirse paso económicamente.

En las conversaciones que en los últimos años hemos mantenido he podido conocer más acerca de los inicios de mi amiga, tan ligados a los esfuerzos que hicieron sus padres, ambos negros y de extracción muy humilde, en busca de mejores horizontes. Y fue en los años 50 cuando su madre primero viajó como empleada doméstica de la actriz Lucille Ball y su esposo, el artista y músico cubano Desi Arnaz. Poco después la siguió su esposo.

Con motivo del premio que hace unos años le otorgó El Consejo Nacional de la Raza (NCLR), Lori recordó a sus progenitores y lo mucho que les debía. Ambos se aseguraron de que recibiera la educación a la que ellos no habían tenido acceso. También señaló el shock de aquella pareja al arribar a Cayo Hueso y darse de bruces con el racismo en Estados Unidos. Si bien la sociedad cubana era racista (y también clasista), lo que no esperaban es que fueran expulsados de una cafetería por no estar permitida la entrada a las “personas de color”. Habían llegado en plena ebullición de la lucha por los derechos civiles, a la vez que en la isla se fraguaba otra revolución que acabaría despeñándose por la deriva comunista.

La propia Lori sintió y padeció en su infancia en el barrio de Opa-locka, en Miami, la toxicidad del racismo, tanto por parte de sectores del exilio como del ámbito americano al que su familia debió adaptarse. Al fin y al cabo, tal y como ha señalado la conocida periodista de Univisión Ilia Calderón, ser afrolatino es pertenecer a una minoría dentro de otra minoría. Me impresionó una tarde en la que evocó excursiones con sus padres a la única playa que a principios de los 60 podían ir los negros: Virginia Key. Son vivencias que forjan el carácter y el espíritu.

Y si de algo puede presumir Lori Montenegro es de poseer fortaleza para los embates personales y profesionales. Y un espíritu que navega entre el optimismo de su fe religiosa y la incansable energía de la reportera que durante más de tres décadas informó sobre los entresijos de la política en Washington y entrevistó a los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca. Un brío que conserva hasta el día de hoy en calidad de jefa del buró de Washington D.C. para la cadena Telemundo, donde ha desarrollado gran parte de su brillante carrera.

He tenido la oportunidad de trabajar mano a mano con ella en convenciones y en la capital política. Gracias a sus conocimientos, sus contactos y su reputación entre el gremio y los estamentos políticos, más de una vez me ha ayudado a sacar adelante historias y reportajes.

Han sido muchas las noches tras largas jornadas de trabajo en las que hemos seguido discutiendo y desmenuzando los acontecimientos de la política. A medida que se acerca la temporada electoral, sus certeros análisis siempre me iluminan.

Si a Lori Montenegro la premian por su claridad informativa es porque de algún modo es el reflejo de su propia persona: directa, franca, cálida. Cuando salía en pantalla tenía la capacidad de proyectar cercanía mientras informaba de asuntos complejos. De ahí su popularidad. Y en el tú a tú de la vida su bonhomía se desparrama en la risa y también en los momentos duros que son la prueba de los afectos inquebrantables.

Ryszard Kapuscinski, maestro de periodistas, afirmaba que los cínicos no sirven para este oficio y que para ser un buen periodista hay que ser una buena persona. Estaría orgulloso de mi amiga y colega Lori Montenegro. El 5 de marzo estaré con ella de corazón.

Twitter: @ginamontaner. ©FIRMAS PRESS

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