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Gina Montaner

Nueva batalla política en Estados Unidos: la guerra de las mascarillas | Opinión

Desde las elecciones de 2016 la polarización en Estados Unidos se acentuó con la victoria de Donald Trump. Durante aquella campaña electoral la sociedad prácticamente se dividió en dos bandos encontrados hasta el día de hoy: los seguidores a pie juntillas del actual presidente y los que todavía lamen sus heridas tras la derrota de su adversaria, una Hillary Clinton que a pesar de ganar el voto popular no cumplió su sueño de convertirse en la primera mujer en ocupar la Casa Blanca.

Desde entonces mucho ha acontecido en Washington, donde el supuesto “pantano” político que Trump prometió drenar con sus políticas populistas hoy, en medio del rumbo incierto que ha desatado la pandemia del coronavirus, está más sumido en la confusión y mensajes contradictorios que contribuyen a aumentar la brecha ideológica.

A pesar de que no hay cura contra un virus que solo en Estados Unidos ya se ha cobrado más de 95,000 vidas en un par de meses, la administración Trump insiste en contraponer la salud de la economía a la de los individuos que son el propio motor de la prosperidad. En su premura por echar a andar los negocios en un año electoral decisivo, además de propagar información sin fundamento científico alguno al animar a ingerir desinfectantes o automedicarse con hidroxicloroquina, el presidente se exhibe en ruedas de prensa y reuniones de gabinete sin la socorrida mascarilla que los médicos y científicos recomiendan a la población.

Con sus ademanes desafiantes, Trump transmite a la nación el mensaje de que no solo no toma en serio las advertencias del Centro de Control de Enfermedades y Prevención (CDC) y de sus propios asesores, sino que pone en duda su validez. Además, incita al ala más escorada a la derecha del Partido Republicano que, en nombre de la supuesta defensa de las libertades individuales, hace de la negativa de usar mascarillas en público una bandera con fines políticos. Muchos de ellos siguen en las redes sociales toda suerte de teorías conspirativas que apuntan a una estrategia de los demócratas para minar la reelección de Trump con la excusa del estado de emergencia que ha provocado el COVID-19.

De ese modo, se han repetido las imágenes de manifestantes iracundos en estados como Michigan, protestando contra las medidas de distanciamiento social. O clientes que vociferan en el exterior de supermercados su derecho a entrar sin protección facial porque todo es producto de una supuesta “confabulación” que “pisotea” sus derechos constitucionales.

Se trata de una mezcla de libertarios simpatizantes con la corriente del Tea Party y ávidos consumidores de los fake news que pululan en las redes: maniobras que cobraron auge desde los tiempos en los que extremistas como Alex Jones o el propio Roger Stone (Este último enfrenta una condena de tres años en prisión) divulgaban patrañas como el Pizzagate en Washington contra Hillary Clinton o el movimiento Birther contra Barack Obama, al que de inmediato se sumó Trump cuando ya contemplaba ser candidato presidencial.

Ahora toca darle un barniz negativo y sospechoso al uso de las mascarillas, a la vez que el peligro de contraer el COVID-19 aumenta con las fases de desescalada que se experimentan en todo el país. A estos insensatos les importa poco la evidencia científica avalada por estudios como el más reciente que ha dado a conocer la universidad de Hong Kong, indicando que el uso de protección facial disminuye en un 75% la posibilidad de contagio.

Los que están dispuestos a desoír a los científicos y desobedecer las normas, pretenden restregar sus caras descubiertas como un símbolo de lucha por los “derechos civiles”. Su hipócrita y peligroso gesto de rebeldía debería tener consecuencias legales.

Lo que está en juego son las vidas de quienes ven en la protección facial la posibilidad de salvarse y salvar a otros mientras no haya recursos más efectivos contra el virus. Detrás de esta guerra de las mascarillas se esconde el virus político.

Twitter: @ginamontaner. ©FIRMAS PRESS

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de mayo de 2020, 1:06 p. m..

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