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Gina Montaner

Trump nunca tuvo la intención de reunir a los niños inmigrantes con sus familias | Opinión

Foto de archivo del Centro de Detención Temporal para Niños No Acompañados de Homestead, Florida, en donde miles de niños inmigrantes fueron ubicados después de ser separados de sus familias.
Foto de archivo del Centro de Detención Temporal para Niños No Acompañados de Homestead, Florida, en donde miles de niños inmigrantes fueron ubicados después de ser separados de sus familias. Miami Herald Staff

Si para algo sirvió el último debate presidencial fue para, al fin, abordar la espinosa cuestión de la política migratoria.

Si hace cuatro años fue uno de los temas que más consolidó al presidente Donald Trump con su base, prometiendo que construiría un muro infranqueable en la frontera sur y que recortaría drásticamente el ingreso de inmigrantes al país incluyendo la inmigración por vías legales, en este ciclo electoral esa retórica fue sustituida por la lucha contra otro supuesto enemigo:el advenimiento del comunismo si ganara el ex vicepresidente Joe Biden.

Cuatro años después, con un muro del que ya casi nadie habla y con una política migratoria que, en efecto, ha puesto más trabas a la entrada de inmigrantes provenientes de ciertos países, todo lo relacionado a los 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven y trabajan en el país se difuminó en una batalla que ha tomado otros derroteros.

Pero el pasado jueves la periodista Kristen Welker les preguntó a ambos candidatos por la suerte de millones de indocumentados, centrándose, a la luz de las últimas noticias, en el paradero de 545 niños migrantes que entre los veranos de 2017 y 2018 formaron parte de al menos 1,000 menores que al cruzar la frontera con sus padres fueron separados de ellos.

Lo que se sabe gracias a organizaciones como la Unión de Libertades Civiles (ACLU) es que en un momento dado estos niños salieron de los centros donde los llevaron y acabaron en casas de acogida o con familiares que ya residían en Estados Unidos. Sin embargo, de acuerdo a la demanda que ha presentado ACLU, los padres, muchos de los cuales acabaron deportados, nunca pudieron reconectar con sus hijos.

Como consecuencia de las indagaciones de ACLU y otras organizaciones no gubernamentales, ha trascendido que el gobierno nunca tuvo intención de darle seguimiento al destino de estos padres y niños, pues fueron separados ex profeso como parte de una política migratoria draconiana.

Uno de los impulsores de esta agenda diseñada para disuadir la inmigración irregular es Stephen Miller, asesor del presidente y muy cercano a los credos del populismo nacionalista que disemina el estratega de extrema derecha Steve Bannon. Desde el principio su doctrina ha sido la de “cero tolerancia” haciendo hincapié en que las condiciones de las familias que cruzan la frontera sean en extremo duras.

Horas antes del debate el Washington Post publicó un editorial en el que se refería a “La inmoralidad, crueldad y negligencia burocrática de la administración Trump” y responsabilizaba a los “con-conspiradores” dispuestos a cumplir los deseos del propio presidente. El editorial hacía referencia a estos 545 niños que sencillamente fueron arrancados del regazo de sus padres, sin la menor intención por parte de la administración de velar por el bienestar de menores que acabaron bajo la custodia del gobierno.

Ante la pregunta de la moderadora, Trump se limitó a decir que estaban tomando cartas en el asunto sin aportar un solo detalle de unas gestiones de las que nadie sabe nada.

Lo que quedó en evidencia es que al gobierno nunca le importó lo que podía pasar con estos chiquillos porque su único interés era el de espantar a los inmigrantes al precio que fuere. De ahí a que hayan salido a relucir presuntos casos de abuso infantil en los diversos centros donde los niños acabaron repartidos por todo el país como inocentes corderos que se podían sacrificar.

Si Trump no tenía modo de responder sobre estos 545 niños y sus padres, a Biden le tocó admitir que bajo la administración Obama no se hizo lo suficiente —no sin antes señalar que un Congreso dominado por los republicanos lo dificultó aún más— para avanzar en una reforma migratoria integral durante dos mandatos en los que se realizaron deportaciones masivas. Desde su podio el ex vicepresidente afirmó de manera taxativa que en los primeros 100 días de su mandato impulsaría una reforma. También tendría presente una vía a la ciudadanía para los casi 700,000 “Dreamers” que se acogen bajo DACA (la Ley de Acción Diferida que se impulsó bajo la era de Obama), un estatus de protección temporal que esta administración ha intentado arrebatarles.

Si Biden resulta ganador el 3 de noviembre, en su mandato ya no habrá cabida para seguir decepcionando una y otra vez a los millones de inmigrantes indocumentados que han contribuido a la prosperidad de una nación forjada en las distintas oleadas migratorias.

En cuanto a los menores migrantes que bajo la administración Trump han sufrido condiciones inhumanas y atropellos por los que hasta ahora nadie ha rendido cuentas, esperemos que algún día se haga justicia.

“Enviádmelos a mí, los desamparados, los que por la tormenta son azotados”, es una de las estrofas del sobrecogedor poema de Emma Lazarus grabado en el pedestal de la Estatua de la Libertad. Palabras a tener en cuenta en estos días tan revueltos.

Gina Montaner en Twitter: @ginamontaner. ©FIRMAS PRESS

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