En este difícil momento, debemos dar gracias por estar vivos | Opinión
Este año que pronto concluirá comenzó con mal fario. Ya en febrero la pandemia avanzaba silenciosa y a principios de marzo había estallado globalmente. Desde entonces la vida como la conocíamos ha dado un vuelco dramático. Ahora la contraseña es salvaguardarse y proteger a otros de un virus muy contagioso y potencialmente mortal.
Hemos alcanzado el medio año sumidos en esta crisis y la tentación de bajar la guardia ante las festividades navideñas es muy grande, pero hay que resistirla a toda costa porque hay mucho en juego. En cuestión de días en Estados Unidos se celebra el día de Acción de Gracias con su tradicional reunión familiar en torno a una mesa abundante, pero en esta ocasión lo prudente es reducir al máximo congregaciones que podrían convertirse en focos de contagio.
Los expertos médicos no se cansan de advertirnos del peligro que conlleva tomar a la ligera el virus en un momento en el que la pandemia arrecia nuevamente, las muertes ascienden a más de 250,000 y el gobierno saliente del presidente Donald Trump está más preocupado en refutar con entelequias su derrota que en ocuparse del bienestar colectivo.
Al despropósito que emana de la Casa Blanca hay que añadir la laxitud de estados donde a estas alturas las autoridades minimizan la importancia de que el uso de mascarillas debe ser obligatorio, pues está probado que, junto con otras medidas de mitigación, contribuyen a contener la epidemia mientras se espera la aprobación de una vacuna eficaz.
Así hemos llegado a este fin de noviembre que despierta nostalgia por los encuentros con gente querida y las celebraciones. A un paso de una Nochebuena y una Nochevieja en las que los brindis serán virtuales, los buenos deseos por Zoom, las 12 uvas en la intimidad y lejos del jolgorio colectivo. Anhelar que el 2021 irrumpa con la buena nueva de la vacuna para dejar atrás la zozobra de un año que nos arrebató placeres como viajar y pasear en calles bulliciosas. Un año triste en el que casi todos hemos tenido un amigo o un conocido enfermo. O hasta seres queridos que sucumbieron al COVID-19 en la soledad de la Unidad de Cuidados Intensivos.
Ahora más que nunca hay que andar con pies de plomo y evitar cualquier paso en falso que facilite la rendija del riesgo. Precisamente porque la fatiga es grande, el hastío es creciente y la desesperanza se ha convertido en un estado de ánimo.
Los que se dejan seducir por las teorías de conspiración emponzoñan el raciocinio y por momentos su nube tóxica parece trastocar el sentido común más elemental. A pesar de la furia, el ruido y el tedio, no se debe perder de vista que en el horizonte se ensancha este camino que ahora parece un callejón sin salida.
A solas, con un puñado de invitados o en un socorrido encuentro virtual, el próximo jueves tendremos la oportunidad de dar gracias por estar vivos. No es poca cosa cuando tantos derraman lágrimas por los que ya no podrán abrazar cuando se recobre el pulso de aquella otra vida.
Twitter: @ginamontaner. ©FIRMAS PRESS