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Gina Montaner

GINA MONTANER: Es pecado matar un ruiseñor


Gregory Peck en el rol de Atticus Finch, el abogado de Alabama que le tocó defender a Tom Robinson, personaje encarnado por Brock Peters, en la película “Matar un Ruiseñor”, basada en el libro del mismo nombre de Harper Lee.
Gregory Peck en el rol de Atticus Finch, el abogado de Alabama que le tocó defender a Tom Robinson, personaje encarnado por Brock Peters, en la película “Matar un Ruiseñor”, basada en el libro del mismo nombre de Harper Lee. Archivo

¿Acaso es sólo coincidencia que la esperada segunda novela de Harper Lee está a punto de salir a la venta? A partir del 14 de julio podremos leer Ve y pon un centinela, la secuela que Lee escribió de su clásico, Matar un ruiseñor. Veinte años después de los acontecimientos que marcaron la infancia de Scout Finch, la protagonista de Lee vuelve a su pueblo en el sur, el ficticio Maycomb, para visitar a su padre, Atticus, un abogado decente que nada pudo hacer por salvar la vida de un hombre negro condenado por un crimen que no cometió.

Si Scout, el alter ego de la autora, regresara hoy al sur, se tropezaría con el reguero de sangre y muerte que un joven blanco de 21 años ha dejado en una representativa iglesia metodista de Charleston. Muchos años después de las marchas por los derechos civiles que en los años sesenta se sucedieron en Estados Unidos, la hija de Atticus se volvería a preguntar el sinsentido de matar un ruiseñor ante el asesinato de nueve seres inocentes que, sin saberlo, acogieron en su templo a Dylann Roof, un racista que antes de abrir fuego anunció: ‘Estoy aquí para matar negros’.

A pesar de que Matar un ruiseñor se lee en las escuelas del país, el mensaje contra la segregación sigue siendo una asignatura pendiente en una sociedad en la que el debate sobre la desigualdad racial se aviva con tragedias como la masacre de Charleston o los abusos policiales contra afroamericanos. El propio presidente Obama ha dicho que si bien se ha evolucionado desde los tiempos de los linchamientos que encabezaban grupos extremistas como el Ku Klux Klan, los prejuicios contra la población negra persisten.

La trayectoria de Dylann Roof es la prueba de que un crimen como el que acaba de perpetrar no es un hecho aislado, sino la manifestación de un viejo odio que se resiste, parafraseando a Bob Dylan, a los tiempos que cambian. Este joven que asesinó a sangre fría al pastor Clemente Pickney y a otros ocho feligreses, planificó durante meses su matanza, alimentada por un rencor atávico. Roof, inmune a la lectura obligada de Matar un ruiseñor, se dejó seducir por el extremismo y andaba pregonando su antipatía irracional contra una minoría que, según él, se había “apoderado” de “su” país. Admirador del felizmente desaparecido apartheid en Sudáfrica y armado hasta los dientes, era cuestión de tiempo antes de que emulara un acto terrorista como el que en 1963 los supremacistas blancos perpetraron en Birmingham contra una iglesia bautista en la que murieron cuatro niñas afroamericanas.

Y es que mientras las autoridades califican de “crimen de odio” la masacre en la iglesia Emmanuel, los activistas comienzan a exigir que se hable a las claras de terrorismo cuando un blanco comete un crimen de estas dimensiones contra una minoría. Al fin y al cabo el perfil de Dylann Roof (un joven sin estudios, desempleado y marginal) se asemeja al de otros tantos varones que se convierten al Islam radical y que, en nombre de sus creencias, cometen actos que son catalogados y perseguidos como terrorismo. A estas alturas, la coartada del hombre blanco con “problemas mentales” o “alienado” no convence a un sector que, como ha señalado el analista afroamericano Charles Blow, frecuentemente es sospechoso de “caminar demasiado despacio o demasiado rápido”, porque la vida de los afroamericanos puede depender de una apreciación arbitraria.

Si Scout Finch regresara hoy a Maycomb no le bastaría con saber que es pecado matar un ruiseñor.

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Esta historia fue publicada originalmente el 21 de junio de 2015, 1:00 p. m. with the headline "GINA MONTANER: Es pecado matar un ruiseñor."

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