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Gina Montaner

Colin Powell y el compromiso de servir y proteger | Opinión

Durante su presentación de 2003 en las Naciones Unidas, el entonces secretario de Estado Colin Powell sostiene un frasco que, según dijo, podría contener ántrax, mientras sostiene que es probable que Irak posea armas de destrucción masiva.
Durante su presentación de 2003 en las Naciones Unidas, el entonces secretario de Estado Colin Powell sostiene un frasco que, según dijo, podría contener ántrax, mientras sostiene que es probable que Irak posea armas de destrucción masiva. AP

Un día después de que se anunciara la muerte del ex secretario de Estado Colin Powell por complicaciones del COVID-19 otras figuras públicas hablaron abiertamente de sus padecimientos. Y si lo hicieron fue, en parte, porque los anti vacunas no tardaron en inundar las redes sociales con falsa información y teorías descabelladas.

En efecto, la familia de Powell informó de que tenía COVID-19 en el momento de su muerte, pero también se divulgó que a sus 84 años batallaba contra un mieloma múltiple, un agresivo cáncer que ataca el sistema inmune.

De hecho, iba a recibir la tercera dosis de refuerzo cuando se le diagnosticó que tenía el virus. Poniendo en contexto la noticia, los expertos enfatizaron que precisamente es la inmunización de grupo lo que acaba por proteger a las personas más vulnerables como los enfermos de cáncer o los ancianos.

No perdió tiempo el conocido periodista de CNN John King en revelar que tiene esclerosis múltiple y que agradece a su empresa que imponga como requisito la vacunación, pues a alguien como él, con problemas de inmunidad, esta medida le confiere más protección. Ese mismo día Neil Cavuto,un presentador de la cadena FOX que también sufre esclerosis múltiple, dio a conocer que había contraído el virus y que gracias a estar inmunizado estaba a salvo de tener complicaciones como las que enfrentan muchos de los no vacunados que acaban ingresados en el hospital.

Dos testimonios relevantes y similares provenientes de cadenas muy diferentes a la hora de informar sobre la pandemia y las políticas a seguir para combatirla. Todo esto sucede en un momento en el que varias ciudades del país impulsan la obligatoriedad de la vacunación entre los funcionarios públicos a la vez que enfrentan resistencia, incluso desobediencia manifiesta, por parte de ciertos gremios.

El caso más destacado es los sindicatos de policías que se niegan a seguir estos mandatos de protección que benefician tanto a los agentes como a la población civil. Su principal argumento es que coartan las libertades individuales. Como contrapeso, el doctor

Anthony Fauci, una de las eminencias en el país sobre enfermedades infecciosas, asegura que esta resistencia no es razonable por desafiar a la ciencia y enfatiza que actualmente los policías están muriendo más a causa del COVID-19 que por muertes violentas. A pesar de estos datos, el presidente del sindicato de policías de Chicago, John Catanzara, ha llegado a comparar el requisito de vacunación a las cámaras de gas bajo el nazismo, equiparando la campaña de inmunización de grupo al aniquilamiento forzoso de millones de personas en el Holocausto.

Esgrimiendo un pensamiento retorcido, el señor Catanzara invoca la libertad de los estadounidenses con el símil de un episodio traumático que se llevó por delante las vidas de seis millones de personas. Con total frivolidad parece ignorar el número de muertos que ha provocado esta pandemia global y el esfuerzo titánico que ha significado elaborar contrarreloj vacunas seguras que, tal y como se está comprobando, otorgan protección y la esperanza de erradicar el virus como sucedió con la polio y la viruela.

La misión de los agentes de policía es garantizar la seguridad ciudadana y para ello en estos momentos es crucial que estén vacunados contra un virus que podría matarlos en su interacción con tantas personas, así como potencialmente poner en peligro a otros si lo trasmiten. Pongamos un ejemplo: cuando una persona compra un auto deportivo lo hace con la ilusión de la potencia que tienen estos vehículos, pero por mucho que quisiera gozar de la libertad de ir a la velocidad que se le antoje a riesgo de su propia vida, lo que prima es el deber de proteger a otros del exceso de velocidad de un conductor que puede provocar un accidente mortal. De ahí a que en las autopistas hay límites de velocidad que se imponen a la libertad individual.

Ha sido demasiado el sufrimiento en estos tiempos de pandemia para tomar a la ligera algo que exige la responsabilidad de conjunto. Muchos se llenan la boca a la hora de presumir de que Estados Unidos es el paradigma del libre albedrío, como si en Europa, donde en la mayoría de los países los ciudadanos están siguiendo las pautas sanitarias, no fuera prioritario el respeto a la libertad dentro del marco democrático. Se trata de un discurso falaz que le quita hierro a la irresponsabilidad en nombre de la “sacrosanta” libertad del individuo.

Un verdadero despropósito que desvirtúa el compromiso de servir y proteger. ©FIRMAS PRESS

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de octubre de 2021, 6:00 a. m..

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