Gina Montaner

GINA MONTANER: Las nietas del feminismo

Además de ser un veterano comediante, en su faceta de director y productor Judd Apatow domina en Hollywood un género de comedia, conocido como bromance, que se define como una relación cercana (pero sin implicaciones sexuales) entre dos hombres. Estos grandes amigos que son casi como hermanos tienen amores con mujeres pero éstas son más satélites en una constelación masculina.

Aunque la mayoría ha pasado la treintena, los protagonistas de Apatow sufren del síndrome de Peter Pan y las responsabilidades domésticas –o la mera posibilidad de comprometerse sentimentalmente con una mujer– les produce sarpullido. En realidad el mayor y más intenso vínculo que forjan es con sus amigos de correrías.

Sin embargo en los últimos tiempos Apatow, que tiene un indudable olfato para nuevos talentos y las tendencias que siguen los millennials, está apostando por otra vertiente de la comedia en la que la mujer moderna se erige como el eje central. Desde luego, no se trata de damiselas encorsetadas y a la espera de un pretendiente que las saque del mundo enclaustrado de las novelas de Jane Austen. Ni son rehenes de la época prefeminista antes de la liberación sexual, en la que los manuales de Masters & Johnson eran la única ventana a una sexualidad por explorar libremente.

Pensemos en la serie Girls (HBO), creada y protagonizada por Lena Dunham bajo el auspicio de Apatow. O Trainwreck, la película que acaba de estrenar la comediante Amy Schumer, también producida por él. Tanto Dunham como Schumer encarnan a sus (anti)heroínas y hasta cierto punto alter egos. En el caso de Girls, que se desarrolla en Brooklyn, capital y epicentro de millennials que se pasean con pantalones pitillos, camisas a cuadro y gafas de pasta, Dunham y su pandilla recogen la antorcha que dejó la popular Sex and the City. Aunque ha pasado una década desde que Carrie Bradshaw y sus amigas tomaron Manhattan por asalto, estas Girls les deben mucho a las andanzas de Carrie, Miranda, Charlotte y Samantha, solo que sin el glamour de lucir unos Manolo Blahnik y con la precariedad laboral después de una recesión que ha dejado a una juventud más tambaleante en el ámbito laboral.

En cuanto a la Amy que encarna Amy Schumer (para qué disimular con otro nombre), es tan alérgica al sentimentalismo como los hombres que pululan los filmes de Apatow. Por su cama pasa una procesión de varones tan nutrida como las conquistas femeninas a las que aspiran los también (anti)héroes que prefieren una noche de rondas de cervezas en el bar con los amigotes, que una velada romántica con una mujer que pretende amanecer en la misma cama y compartir desayuno después de un encuentro fugaz. La protagonista de Trainwreck, como la cofradía de los bromance, huye del noviazgo formal y no se avergüenza de su despreocupada promiscuidad porque forma parte de un proceso de selección en busca (si es que tal cosa existe) de la pareja ideal que le permitirá, parafraseando a Virginia Woolf, tener una habitación propia.

No es que el enamoramiento esté prohibido en estas comedias en las que las mujeres son planetas de pleno derecho. Ellas, como sus equivalentes masculinos en el bromance, tienen un corazón palpitante, sufren desamores y sienten la sacudida del flechazo que podría llegar para quedarse (aunque sin la certeza de que sea para siempre). Pero estas jóvenes de Girls y de Trainwreck llevan en su ADN las huellas de Simone de Beauvoir, Betty Friedan, Gloria Steinem y hasta la propia escritora y directora Nora Ephron, que desde el humor retrató a la mujer educada y emancipada que no renuncia al romance. En uno de sus filmes más deliciosos, Sleepless in Seattle, Meg Ryan y sus amigas comentan, no sin cierta melancolía, que después de cumplir los cuarenta una mujer tiene más probabilidades de morir en un atentado que de casarse.

Bien, los personajes de Girls y de Trainwreck tal vez no se casen nunca ni lleguen a tener hijos porque son rituales que podrían poner freno a sus vidas un tanto desenfrenadas. Nos referimos a una generación que ha crecido en una era en la que el matrimonio y la construcción de un hogar tradicional se posponen cada vez más o sencillamente no están en sus agendas apretadas. Van de un lado a otro con pocas ataduras, ligeras de equipaje, más de la tribu de sus amistades que de nadie en particular. Y su desdén es mayúsculo cuando se topan con hombres trasnochados que pretenden “ponerlas en su sitio” con actitudes o expresiones que pertenecen a un pasado polvoriento.

A la hora de votar, estas nietas del feminismo militante que se ganó a pulso el sufragio universal, la paridad laboral y la autonomía sobre su propio cuerpo y sus más íntimos deseos, descartan a quien intente devolverlas al rincón donde la mujeres estuvieron confinadas durante siglos y aún lo están en muchas partes del mundo.

Uno se ríe mucho con las aventuras y desventuras de las mujeres que se representan en Girls y Trainwreck, pero sería un error no tomarlas en serio.

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