GINA MONTANER: La mujer que regresa del frío
La más singular historia de amor de los últimos tiempos quedó plasmada recientemente en un largo artículo que publicó el New York Times. Si no fuera porque se trata de un diario con noticias apegadas a la realidad, habría pensado que era un episodio de una novela futurista, pero se centraba en la verdadera historia de dos jóvenes enamorados.
Resulta ser que en 2013, tras dos años batallando contra un tumor cerebral maligno, a los 23 años Kim Souzzi se enfrentaba a una muerte segura. En una lucha contrarreloj, Kim y su novio Josh Schisler, dos brillantes estudiantes universitarios, comenzaron a indagar sobre la posibilidad de preservar el cerebro de la muchacha. Ambos soñaban con volver a coincidir en el futuro si la ciencia avanza lo suficiente en el campo de la crionización.
Kim y Josh investigaron sobre centros especializados en congelar el cerebro, hasta que dieron con uno que estaba dispuesto a seguir el plan de esta pareja que se negaba a decirse adiós para siempre. La cruzada de los dos jóvenes llegó a tener repercusión en las redes sociales, donde ella colgó vídeos explicando lo que pretendían hacer y pidiendo ayuda para recaudar fondos que permitieran llevar a cabo tan caro y experimental procedimiento.
Finalmente, con la ayuda de simpatizantes y creyentes de esta técnica revolucionaria que todavía está más cerca de la ciencia ficción que de la realidad, todo estaba listo cuando se acercó el momento de la muerte. Relatado con la trepidación de la más lograda ficción, el reportaje recoge los instantes críticos en los que el equipo de crionización se hizo cargo de una moribunda Kim para separar la cabeza de su cuerpo antes de que sus constantes vitales se apagaran. Había que almacenar el cerebro a temperaturas muy bajas, con el objetivo de preservar las neuronas y conexiones que conformaban el complejo cableado de sus sentimientos y su capacidad intelectual.
En todo momento Josh estuvo a su lado y presenció cómo su enamorada se reducía a un busto escarchado. Los científicos que realizaron la difícil operación concluyeron que sólo la parte superficial del cerebro de Kim se preservó en el proceso, pero hasta el día de hoy, en un laboratorio donde los vivos tiritan, esta muchacha que murió antes de tiempo sueña que algún día y en alguna parte recuperará su vida. Y también el amor que se quedó a medias.
Antes de morir Kim le pidió a Josh que viviera plenamente y se enamorara de nuevo. Si habrían de reencontrarse, ella en el cuerpo de otra persona o como un ente virtual, ya se vería cómo los caminos que se bifurcan vuelven a ser uno. Entretanto, Josh envejece gradualmente cada año que pasa mientras Kim es una princesa de cuento atrapada en un maleficio del que, si despertara, saldría con el tiempo detenido en ese último soplo en el que juró amor eterno y su juventud se cristalizó.
Tal vez sin proponérselo, Kim y Josh son los protagonistas de la más apasionada historia de amor. Y la suya es lo contrario de ese otro romance cinematográfico que llevó a la pantalla el director de cine Michel Gondry: como antídoto al desamor, en Eternal Sunshine of the Spotless Mind una pareja se pone en manos de la ciencia para que borren de su cerebro todos los recuerdos de su fallida relación. De ese modo todas las huellas de su amor se borran como los pasos sobre la arena y, cuando ya es demasiado tarde, comprenden que es mejor el dolor de recordar que el vacío de la desmemoria.
Kim y Josh, a diferencia de Clementine y Joel, han querido preservar su amor más allá del hecho físico de la muerte. En su viaje al frío Kim se ha llevado las vivencias que compartieron, los poemas que le dedicó a su novio, las canciones que tararearon juntos, los videojuegos que les robaron las horas. Su amor se conserva intacto y eterno.
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Esta historia fue publicada originalmente el 20 de septiembre de 2015, 6:00 p. m. with the headline "GINA MONTANER: La mujer que regresa del frío."