GINA MONTANER: El chavismo muere matando
En la última reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), celebrada en Estados Unidos, el informe sobre Venezuela fue contundente: en lo que va de año se han producido 300 violaciones al derecho a la libertad de expresión. El propio Mario Vargas Llosa, quien asistió al encuentro, advirtió que el país suramericano padece una “putrefacción total” y que las elecciones del 6 de diciembre podrían ser fraudulentas.
A pesar de las denuncias que se hicieron en la Asamblea de la SIP, el presidente Nicolás Maduro arrecia contra los pocos medios independientes que luchan por sobrevivir en vísperas de unos comicios parlamentarios que, como bien señala el Premio Nobel de literatura, se presentan llenos de obstáculos para una oposición cuyos líderes están en la cárcel o bajo prisión domiciliaria.
Sin ir más lejos, la semana pasada la policía política allanó la sede del diario El Nacional con una orden de arresto contra uno de sus dueños, Miguel Henrique Otero, aún a sabiendas de que este se encuentra en el exterior. Se trata de una ofensiva lanzada por Diosdado Cabello, el otro hombre fuerte del chavismo, contra este periódico y otros medios como Tal Cual y La Patilla, que en su día reprodujeron información de terceros acerca de los presuntos vínculos del presidente de la Asamblea Nacional con los carteles de la droga.
Maduro pretende amordazar a los periodistas que no han caído en la trampa de lo que la SIP define como el “totalitarismo comunicacional” que hoy impera en Venezuela. En su empeño por seguir informando, Tal Cual ha publicado una reveladora encuesta realizada por Venebarómetro: la popularidad del sucesor de Chávez cae en picado. En 2013 su popularidad se situaba en 54.40 por ciento y dos años después solo el 20 por ciento de los ciudadanos lo apoya. Casi un 50 por ciento dice que votaría a favor del bloque opositor Mesa de Unidad Democrática (MUD) mientras que un 19.6 por ciento respaldaría al oficialismo. El dato más significativo es que a 9 de 10 encuestados les gustaría que se produjera un cambio en el país.
El gobierno ve con inquietud unas elecciones en las que el fulgor del chavismo ya es cosa del pasado. Por mucho que Maduro continúa tirando de la hagiografía de su antecesor y vive de las rentas de la demagogia populista que explotó Chávez, ya no puede ocultar el fracaso estrepitoso del socialismo del siglo XXI. Cuando los venezolanos acudan a las urnas tendrán muy presente la escasez de los productos más básicos que los obliga a peregrinar de tienda en tienda y hacer colas interminables; el alto índice de criminalidad que ha convertido al país en uno de los más peligrosos del mundo; la corrupción cada vez más evidente que enriquece al entorno chavista y el entramado de clientelismo político. En un país quebrado y empobrecido cabría esperar un voto de castigo.
Ahora bien, lo que Vargas Llosa predice, una monstruosa maquinaria que favorecería el fraude electoral, es el desafío frente al sentido común de los ciudadanos. Temiendo lo peor, el director para América Latina de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, ha dicho que es “absolutamente central” la presencia de observadores internacionales para “garantizar condiciones competitivas electorales justas”.
Por lo pronto, Maduro hizo un viaje relámpago a La Habana para recibir consejos del gobernante Raúl Castro, un maestro del “totalitarismo comunicacional”. Puede que el chavismo esté en las últimas, pero en el camino se lleva por delante lo poco que queda de una Venezuela plural.
©FIRMAS PRESS
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Esta historia fue publicada originalmente el 18 de octubre de 2015, 1:00 p. m. with the headline "GINA MONTANER: El chavismo muere matando."