Gina Montaner

Tiempos de sumisión

El escritor francés Michel Houellebecq nunca le ha temido a la polémica. Más bien la invoca con novelas provocadoras como su bestseller Las partículas elementales. Sin embargo, en esta ocasión, con motivo del lanzamiento de su última obra, Sumisión, con casi toda seguridad habría preferido no ser el foco de atención a raíz de la masacre perpetrada por islamistas radicales en la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo. Entre los doce muertos se hallaba el fundador de la revista y buen amigo del autor, Bernard Maris.

Si no estuviera toda Francia de luto por tan terrible acto dirigido no sólo contra la libertad de expresión, sino contra los valores y conquistas que definen a las sociedades occidentales, es posible que el enfant terrible de la literatura francesa estuviera respondiendo desde la tribuna a la barbarie de los extremistas que pretenden imponer sus fatwas en Europa. Pero Houellebecq, cuya nueva novela plantea el triunfo en 2022 de una república islámica en la nación que enarboló el lema de “Libertad, igualdad y fraternidad”, ha optado por desaparecer en medio del desconcierto general y el suyo propio.

El afamado novelista, cuyo plan era presentar su libro el 7 de enero, está en shock por la muerte de una parte del equipo de caricaturistas de Charlie Hebdo, cuyo espíritu conecta con su particular irreverencia y su desafío a lo que se considera políticamente correcto. Conscientes del momento tan delicado que atraviesa Francia, Houellebecq, su editorial y las autoridades saben que Sumisión podría convertirse en la versión francesa de la pesadilla que para Salman Rushdie desató la publicación de sus Versos satánicos. Hasta el día de hoy el escritor anglo-indio se ha visto obligado a tener escolta y tomar medidas de precaución porque los extremistas piden su cabeza. Como las viñetas de Charlie Hebdo, su novela fue considerada una ofensa a Mahoma y los preceptos del Corán. Ahora Houellebecq, cuyos detractores lo acusan de fomentar la “islamofobia”, podría correr la misma suerte.

Después de los asesinatos aparentemente perpetrados por dos hermanos de origen argelino nacidos en Francia, la gente ha tomado las calles clamando “Todos Somos Charlie”, en solidaridad con el semanario y en defensa de la libertad de expresión frente a quienes aspiran a imponer la mordaza en nombre del yihadismo. Pero no es menos cierto que el pánico se propaga, que hay medios que tienden a autocensurarse para evitar represalias y que “malditos” como Rushdie o el propio Houellebecq acaban por resultar incómodos en eventos o instituciones que llegan a ceder a presiones externas.

Los tiros a bocajarro que sacudieron las oficinas de Charlie Hebdo también han removido los cimientos de las sociedades abiertas que con tanta vehemencia defendió al final de su vida Orianna Fallacci del peligro del fanatismo religioso. Su encendido alegato le valió una fatwa que no logró silenciar a la legendaria periodista italiana. Ya entonces veía a Occidente arrastrado al trasnochado escenario de una guerra santa que pretenden librar los delirantes cruzados en tierras de “infieles”. Para ella era preciso defender con uñas y dientes las parcelas de libertad y no sucumbir a la servidumbre. Cuando publicó La fuerza de la razón advirtió que Europa se estaba convirtiendo en una “colonia” del Islam y llamó a la “resistencia contra quien nos invade”.

Si Orianna Fallaci estuviera viva hoy nada ni nadie la habrían logrado silenciar frente al avance de los invasores bárbaros en el corazón del mundo tolerante y civilizado. Se habría unido a la causa de Charlie Hebdo y la de un Houellebecq golpeado por los sangrientos acontecimientos. Qué profético el título de su novela. Sumisión. A eso aspiran algunos en estos tiempos de cruzadas improbables.

Twitter: @ginamontaner

www.firmaspress.com

© Firmas Press

  Comentarios