El Papa y los amores precarios
El papa Francisco ha vuelto a exhortar sobre la familia, las relaciones entre hombres y mujeres, en suma, sobre el amor. No en balde, el texto apostólico se titula Amoris Laetitia.
Recuerdo que cada vez que la Iglesia se pronunciaba sobre las uniones “irregulares”, donde cae la categoría de divorciados que se han vuelto a casar, mi abuela paterna albergaba la esperanza de que la Iglesia católica al fin anularía su primer matrimonio para casarse en segundas nupcias por el rito religioso; y lo que más le importaba era la posibilidad de volver a comulgar, algo que a los divorciados practicantes no se les permite.
Aunque mi abuela –quien fue a misa regularmente hasta su muerte– presentó los papeles al tribunal de la Rota, nunca obtuvo la nulidad. Desde luego, se quedó con la pena de haber sido discriminada por una Iglesia de la que no se apartó, pero que fue incapaz de abrazar a tantos católicos que, como ella, acabaron divorciados a su pesar y se quedaron sin recibir la comunión.
En este último mensaje sinodal Bergoglio suaviza el discurso, pero tampoco se trata de una aceptación abierta y plena de las familias “irregulares”, que incluye a las personas que han contraído matrimonio civil, divorciados que se han vuelto a casar y parejas que conviven sin pasar por la vicaría. En cuanto a que los divorciados puedan comulgar, sigue siendo un terreno gris que llena de incertidumbres a quienes siguen a pie juntillas los preceptos del Vaticano. Una nebulosa que el Papa no aclara del todo y que deja en manos del “discernimiento” de los sacerdotes a la hora de valorar cada caso.
Pero una vez más este Pastor excluye a las parejas gays del resto de las ovejas. Sencillamente las otras uniones o familias “irregulares” no tienen cabida en el seno de una Iglesia que dice ser misericordiosa. En su texto el Papa asevera: “Ninguna unión precaria o cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad”. Y va más allá: “Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia”. Como era de esperar, se condenan las campañas a favor de la anticoncepción, pues contradicen “la finalidad procreativa natural de la sexualidad”.
A pesar del contundente rechazo de la Iglesia a la comunidad de hombres y mujeres gays, lo sorprendente es que hay homosexuales y lesbianas católicos que soportan el repudio continuado y contundente de una fe (como la mayoría de las religiones) que los ha perseguido con saña y hasta el día de hoy los repudia. Son las ovejas que no tienen sitio en el redil.
Por fortuna en el reino secular estas creencias atávicas ya no gozan del peso que en su día tuvieron, y las uniones entre personas del mismo sexo (como no hace mucho sucedió con los matrimonios interraciales) se limitan a ser percibidas como un contrato legal entre dos adultos. En los juzgados las parejas gays sellan su amor como el resto de los mortales. Y quienes todavía abrazan una religión que los desdeña, sencillamente han de vivir con ese dolor como el que mi abuela arrastró por ser una señora divorciada (a la que su primer esposo abandonó), pero con la dicha de tener un segundo matrimonio en el que se sintió verdaderamente amada.
¿Qué es una unión “precaria”? ¿Y quiénes son el Papa y los obispos para definir una unión “precaria”? Lo más irónico del caso es que el juicio proviene de un estamento (en el que las mujeres no tienen ni voz ni voto) que niega el propio precepto que predica: el cometido sí o sí de engendrar vida. O sea, “la finalidad procreativa natural de la sexualidad”. Al parecer, nuestra inexorable misión en la Tierra.
Hasta el siglo IX los curas podían casarse. Al fin y al cabo casi todos los apóstoles estaban casados. Pero ya en el siglo V San Agustín escribió: “Nada hay tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer”. Ahora, en el siglo XXI, el Papa sentencia sobre las relaciones “cerradas a la comunicación de la vida”. Hombres precarios predicando sobre el amor. El más intrincado de todos los sentimientos.
Escritora y periodista residente en Miami
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Twitter: @ginamontaner
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de abril de 2016, 8:02 p. m. with the headline "El Papa y los amores precarios."