Gina Montaner

En el mundo de las mujeres

Elena Ferrante.
Elena Ferrante.

Elena Greco, la protagonista de la tetralogía Las dos amigas de la autora Elena Ferrante, va en la cuarta entrega (La niña perdida) a la biblioteca pública en busca de un libro de Roberto Bracco. Gracias a un personaje de ficción descubro a un dramaturgo napolitano de principios del siglo pasado que se interesó en el papel de la mujer en la sociedad.

Elena, que también es escritora en el cuarteto napolitano que se ha convertido en todo un fenómeno literario, siente la necesidad urgente de leer una obra en particular, En el mundo de las mujeres: conversaciones feministas, justo cuando descubre otra de las andanzas de su infiel amante. Desquiciada y con su bebé en brazos, inquiere respuestas a la tempestad en que se ha convertido su vida.

Hoy me apropio del título de Bracco, tan hermoso por su transparencia, porque comprende ese planeta paralelo que es el mundo de las mujeres y que la Ferrante ha hecho estallar en partículas que se leen como un dulce veneno: La amiga estupenda, Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida.

Me ha tomado algo más de un mes apurar los cuatro libros de una autora que dice llamarse Elena Ferrante y de la que sus incondicionales lectores lo desconocemos casi todo. Anónima y recluida, la Ferrante nos ha regalado este universo principalmente femenino que arrastra el aroma de una adicción irremediable. Adentrarse en la vieja amistad de dos mujeres, Elena (o Lenú) y Lila, es dejarse llevar por el laberinto de vidas que se sacuden como el inconstante Vesubio.

Ha sido un viaje catártico leer esta saga por la que Ferrante bien merecería estar en la lista de los eternos candidatos al premio Nobel. Philip Roth creó magistralmente el mundo de sus Zuckerman, Kapesh y Portnoy; el japonés Murakami ha definido la melancolía en novelas que son puros estados de ánimo. Y Ferrante ha hecho de Nápoles un colosal recorrido del accidentado siglo XX de la mano de dos amigas, Lila y Lenú, que podrían ser las dos caras una misma mujer que somos todas. Un Nobel para Ferrante.

Seguramente los académicos suecos ignoren la fuerza brutal de esta escritora fantasma que se ha hecho célebre de un día para otro. Tampoco querrían aventurarse a premiar a una autora que no iría hasta Estocolmo o que podría dar la sorpresa del año. Porque a fin de cuentas, ¿quién se oculta bajo el nom de plume Elena Ferrante? ¿Acaso pudiera ser un hombre?

Me arriesgo a apostar mi mano derecha (con la izquierda es con la que escribo) a que la Ferrante sólo puede ser una mujer, que en su Elena Greco ficticia hay mucho de ella y que por momentos la rebeldía de la otra amiga, esa portentosa Lila, se le ha salido del pecho. El ying y el yang habitando en un solo corazón. Nápoles al fondo. Siempre esa Nápoles descosida, a punto de desbordarse como las vidas de las dos amigas. Un universo perfectamente caótico.

La mejor novela es la que anhelamos nunca concluya. Esa que permanece sobre la mesilla de noche como un placer postergado que mejor dejamos para mañana por temor a que se acabe hoy. Así ha sido leer la saga de Las dos amigas. He pretendido que la cuarta y última entrega ya no era como las otras tres, pero se ha tratado de un débil subterfugio para retrasar el momento de llegar al final y cerrar el libro. Dejar atrás a Lila y a Lenú. Caer en el olvido de ellas y su cosmos. Admitir con profunda emoción que su historia es un espejo: las miserias, las contradicciones, los amores, los hijos, la esquiva felicidad, las aspiraciones. Sobre todo, las trampas. Víctimas voluntarias de tantas trampas sentimentales. Evocar el pasado con serena lucidez. Una madeja enredada que Ferrante teje y desteje con las agujas de su inteligencia emocional.

He recomendado a hombres y mujeres por igual esta monumental obra. Mis amigas lectoras han corrido a comprarla. Más de un hombre me ha peguntado con cierta displicencia si se trata de una obra “más para mujeres”. ¿Más para mujeres? ¿Qué quiere decir eso? Recomiendo a estos señores escépticos leer a Elena Ferrante. Ellos son la otra mitad del mundo de las mujeres. [©FIRMAS PRESS]

Twitter: @ginamontaner

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