Gina Montaner

El caso Nisman: otro relato salvaje

Cuando el director argentino Damián Szifrón escribió el guión para su filme Relatos salvajes, difícilmente habría podido imaginar una historia tan siniestra como la que rodea la misteriosa muerte del fiscal Alberto Nisman. En la cinta, que está nominada al Oscar a la mejor película extranjera, aparecen situaciones límites en las que el hombre es capaz de las mayores atrocidades; y Szifrón, en clave de comedia negra, no pierde oportunidad de resaltar la corrupción que pudre los cimientos de su país y sirve de resorte para perpetrar verdaderas canalladas.

Bien, el pasado lunes Nisman debía comparecer ante una comisión del Congreso de diputados para presentar un informe que, tal y como había anticipado días antes, sería explosivo. Sin embargo, en la víspera apareció muerto en su apartamento con un tiro en la sien. El hallazgo de su cadáver causó una conmoción social que, lejos de apagarse, aumenta cada día que pasa sin explicaciones cabales por parte del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (CFK).

No era un secreto que Nisman iba a exponer un informe que prometía destapar la complicidad del cristinismo con Teherán: una presunta operación del entorno más inmediato de la presidenta, para encubrir a los responsables del atentado de 1994 en Buenos Aires contra la mutual judía AMIA que dejó 85 muertos. El origen de aquel acto terrorista conducía a altos cargos del gobierno iraní que eran buscados por Interpol.

A pesar de que Nisman llegó a ser un fiscal estrella bajo el gobierno de Néstor Kirchner, quien le encargó la investigación del caso AMIA, al cabo del tiempo a su viuda le comenzó a incomodar el empeño del fiscal por llegar al fondo de la verdad. Al parecer, su gobierno quería congraciarse con el régimen iraní a cambio de recibir petróleo. Según las indagaciones de Nisman, Teherán buscaba proteger a siete exfuncionarios a los que Interpol les pisaba los talones. En su informe de 300 páginas, el fiscal señalaba que detrás del acuerdo que firmaron los dos gobiernos en 2012 para crear una Comisión de la Verdad, lo que había era la intención de “negociar un plan de impunidad y encubrir a los prófugos iraníes acusados de la voladura a la mutual judía”.

Sin duda, Nisman había provocado nerviosismo en el entorno de CFK y sus más estrechos colaboradores. Pero su intención de llevar hasta el fin su cruzada se deshizo con la escenificación de un supuesto suicidio, hipótesis que CFK de inmediato avaló a través de su cuenta de Facebook. Pero a medida que se han ido conociendo más detalles todo apunta a un homicidio. Conjetura, por cierto, que inesperadamente la presidenta suscribió el jueves por medio de su página web. Porque lo verdaderamente insólito (recuerden que se trata de un relato salvaje) es que la mandataria del país no aparece con un mensaje oficial mientras en las calles exigen que se esclarezca tan oscuro contubernio. Como una estrella pop, sencillamente CFK emite mensajes en las redes sociales, ajena a las sospechas cada vez mayores sobre quién o quiénes pudieron matar al fiscal Nisman.

Lejos de encabezar una investigación seria y transparente, el Partido Justicialista ha cerrado filas y defiende a su lideresa con un comunicado en el que acusa a “grupos internaciones y nacionales”; a medios críticos como Clarín y La Nación; y “a jueces y fiscales con clara vocación opositora” y “con intención desestabilizadora”. Una vez más, el gobierno echa los perros contra quienes denuncian los atropellos y el flagrante abuso de poder del cristinismo, otra variante tóxica del ya de por sí nocivo peronismo.

Aunque el clamor popular ha tomado fuerza y la noticia de la muerte de Nisman ha saltado a los medios internacionales que destacan el Argentina-Irán Gate, son muchos los escépticos, como el conocido periodista Jorge Lanata (azote constante contra CFK), que temen que el oficialismo consiga salirse con la suya. Por lo pronto, lo único claro es que el fiscal Nisman está muerto y no se ha podido hacer justicia en el caso AMIA. En los relatos salvajes no hay finales felices

Twitter: @ginamontaner

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