Gina Montaner

El museo de los corazones rotos

Alexis Hyde, directora del Museum of Broken Relationships, y la directora adjunta, Amanda Vandenberg, presentan una muestra de más de 100 objetos.
Alexis Hyde, directora del Museum of Broken Relationships, y la directora adjunta, Amanda Vandenberg, presentan una muestra de más de 100 objetos. Especial/The Washington Post.

En el Louvre la gente se arremolina para ver la Mona Lisa. En el Prado maravilla el juego de espejos de Las Meninas. En el MOMA Los nenúfares de Monet conmueven a cualquier hora. En la galería de los Uffizi impresiona la sensualidad de El Nacimiento de Venus. Son museos tradicionales en los que se recorre la historia del arte.

Bien, acaba de inaugurarse en Los Ángeles una exhibición muy distinta y singular: se trata del Museo de las Relaciones Rotas, situado en el céntrico Hollywood Boulevard. En sus galerías el público no se detiene a contemplar esculturas o cuadros clásicos. Lo que ahí se exhiben son los objetos de amores perdidos. Memorabilia del desamor. Restos de naufragios sentimentales.

Todo comenzó cuando en 2006 una pareja de artistas montó una instalación conceptual de su ruptura amorosa. A partir de su proyecto conjunto, en 2010 decidieron abrir un museo con esa temática en Zagreb, Croacia, cuyas exposiciones acabaron por ser itinerantes.


Ha sido John B. Quinn, un abogado estadounidense enamorado de estas muestras del desamor, quien se ha lanzado a la aventura de abrir una sucursal del museo en la meca de Hollywood, verdadera fábrica de romances. La exhibición reúne desde una tostadora que un amante despechado se llevó del hogar compartido, a unos implantes de senos que una chica se puso para complacer a un novio que luego la abandonó. De los objetos que son vestigios de relaciones fracasadas, estremece un arrugado vestido de novia dentro de una vasija que una mujer donó tras su divorcio; o unas alas de papel que un hombre le hizo a su novia para un disfraz de Halloween antes de enterarse de que ésta lo engañaba con otro.


Son las historias de amor que acabaron mal las que atraen más porque cualquier visitante tiene su propio infortunio que contar cuando se trata de desavenencias sentimentales.

Las piezas van acompañadas de breves notas que relatan un desencuentro que no necesariamente ha de ser amoroso. En la exposición hay espacio para las amistades que derivaron en enemistad o las familias que se quebraron. Sin embargo, son las historias de amor que acabaron mal las que atraen más porque cualquier visitante tiene su propio infortunio que contar cuando se trata de desavenencias sentimentales.

Lo interesante es cómo llegan hasta el museo estos trozos de corazones rotos. Se trata de envíos anónimos, como quien deja a la puerta de una iglesia un bebé para encomendarlo a un alma piadosa. Tantas personas que se deshacen de recuerdos porque duelen demasiado; porque ya estorban; porque ya no significan nada; o porque lo fueron todo. Para ellas ahora hay un santuario o refugio donde depositar lo que se ha transformado en un peso duro de llevar cuando urge sanar el “corazón partío”, que diría Alejandro Sanz.


A lo largo de la vida almacenamos souvenirs agridulces de relaciones maltrechas que en ocasiones pueden llegar a ocupar todo un armario. Para los hoarders de relaciones rotas, este museo es el almacén ideal donde entregar lo que irremediablemente se quedó atrás. Cuidarán bien del recuerdo que aún quema. Y si algún día el recuerdo de ese amor ya no nos estremece, se puede contemplar como quien se pasea sosegadamente frente a La Gioconda o El David de Miguel Ángel. El desamor también se colecciona.

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Twitter: @ginamontaner

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