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Opinión Sobre Cuba

ANDRÉS REYNALDO: La otra Virgen

Poco se ha hablado de la tarea que el papa Francisco le dejó a monseñor Joseph Edward Kurtz, arzobispo de Louisville, Kentucky: entregar a una comunidad cubana en Estados Unidos una réplica de la Virgen de la Caridad del Cobre, regalo de los obispos en Cuba.

Visto que en Miami hay una preciada imagen de la Virgen, con su propio santuario y una particular identidad de rebeldía, cabría pensar que el regalo tendría por destino a la comunidad de exiliados del área Nueva Jersey-Nueva York o Puerto Rico. Fuera de Miami, en ningún otro lugar los cubanos tienen un papel tan determinante en los negocios, la política, la administración pública y, no debe olvidarse, la Iglesia.

Difícilmente, los obispos de la isla hubieran provocado la crítica al decidirse por una de estas dos comunidades. Mucho menos el papa Francisco. Considerando el delicado equilibrio diplomático entre la dictadura, la Iglesia insular, el Vaticano y Estados Unidos, escapa al sentido común que el buen monseñor Kurtz tome una decisión sin consultar, al menos, al Papa y al cardenal Ortega. Por lo demás, desentona con la tradicional sensibilidad entre las comunidades católicas que no se encargara la tarea a una personalidad cercana a los cubanos.

Es probable, entonces, que esta imagen de la Virgen haya salido de Cuba con un clarísimo pero espinoso apartado postal. Se le asigna la decisión a monseñor Kurtz, precisamente, por su lejanía. Un polo de la polémica quedaría en Miami y, si acaso, La Habana, y el otro polo en el limbo inescrutable de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Monseñor Kurtz, a fin de cuentas, no da misa en Miami. No contacto: no cortocircuito. ¿A cuál comunidad, pues, le tocaría la imagen de la Virgen? ¿Descartadas Miami, el área de Nueva Jersey-Nueva York y Puerto Rico, en cuál enclave de exiliados en Estados Unidos la veneración de la Caridad del Cobre gozaría de su adecuado ámbito?

Si nos guiamos por el compás del complaciente acomodo de la Iglesia con Raúl pudiéramos estar hablando de Tampa. Desde hace años, la dictadura ha desarrollado en el área de Tampa-Saint Petersburg firmes lazos con el mundo empresarial y político. También allí se han establecido capitales de figuras ligadas a los Castro y numerosos profesionales de franco talante colaboracionista. Hoy por hoy Tampa es el nicho modélico de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su historia está ligada a la gesta independentista y no a la oposición a los Castro. En general, la prensa, la academia y un sector considerable de la sociedad tampeña ven a Cuba con los ojos de la oportunidad en tanto Miami la ve con los ojos del dolor.

Miami es el componente fundamental de la ecuación económica en Cuba. A medida que la isla se hace más dependiente de nuestro dinero aumenta el celo de la dictadura por disminuir nuestra influencia social, cultural (sí, cultural) y política. Quizás haya comenzado la movida para restarle a la Ermita de la Caridad del Cobre en Miami su preeminencia espiritual como faro de memoria y reflexión de nuestra tragedia nacional. Piedra por piedra, la Ermita le habla a los católicos cubanos de la opresión en la isla, la desgarradura del exilio y el martirologio de nuestra Iglesia.

La hora del cambio-fraude, como le llamó Oswaldo Payá, exige una reelaboración de la historia de las relaciones entre los católicos y los Castro. Un mal radical debe tratarse como un malentendido. Los nombres de las víctimas han de ser borrados. Hace falta otra imagen de la Caridad del Cobre para el templo del raulismo.

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Esta historia fue publicada originalmente el 15 de octubre de 2015, 3:32 p. m. with the headline "ANDRÉS REYNALDO: La otra Virgen."

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