UVA DE ARAGÓN: También el Sol tiene manchas
Mi admirado colega Andrés Reynaldo ha escrito recientemente que en Cuba no está cambiando nada, y que quienes insistimos en ser los “heraldos del cambio-fraude” no somos tontos, ni brutos, ni posiblemente oportunistas, sino “una manifestación tardía, vergonzante y en ocasiones pueril de nuestra cultura revolucionaria”. Quizás el brillante periodista ha caído en la trampa de confundir el régimen con el país.
Es posible que inicialmente el gobierno cubano sólo haya modificado lo que no le ha quedado más remedio. Sin embargo, aun con la resistencia de ciertos sectores, Cuba sí está cambiando; despacio quizás, eppur si muove.
Hace tiempo que sus ciudadanos se despojaron de la retórica marxista. Ya ni los viejos defienden con ardor aquella Revolución por la que hicieron tantos sacrificios. Los hijos se les han ido. Los nietos están creciendo en Miami o Madrid. Hoy más cubanos mantienen pequeños negocios. La mayoría tiene más contacto con el mundo exterior. Hasta los disidentes ya pueden viajar. Algunos cuentan con páginas en Facebook y blogs. Portan celulares. Se comunican por correo electrónico. Venden y compran “paquetes” con información del internet. En la Rampa o el parque Céspedes de Santiago, cientos de personas se comunican por Wi-Fi con sus parientes y amigos en el extranjero. Incluso, usando la aplicación IMO, pueden verse.
El periódico 14 y medio, que dirige Yoani Sánchez, evidencia los cambios. En un número reciente aparece un artículo titulado “El Biky, un nuevo espacio para la clase emergente” sobre una cafetería-restaurante en Infanta y San Lázaro, que hace pensar que no puede ser del gobierno, dado el entusiasmo y la cortesía de los empleados. Otro trabajo, firmado por Sánchez, “La rebelión de Liliput”, se refiere a una columna publicada en Tribuna de La Habana. Su autor, Alexander A. Ricardo, critica en un “texto metafórico pero certero” el estilo de vida de Antonio Castro, hijo menor de Fidel. Otra crónica está dedicada a los preparativos para celebrar Halloween a la cubana, el negocio que genera, y el embullo con que los jóvenes adoptan esta tradición foránea, pese a la reticencia del oficialismo. Los cubanos, en fin, buscan desaforadamente dar el salto a la modernidad.
Tratar de ayudarlos, pese a lo que aún no ha variado, dista mucho de ser un síntoma de nuestra larga tradición de violencia política, sino, por el contrario, un giro hacia una búsqueda de procesos de evolución, no revolución. Es un ejemplo de realpolitik. Pueril es creer que “el cambio” sucederá en un día.
En un trabajo anterior, Reynaldo asegura que no cree en la reconciliación y el perdón, sino en la memoria y la justicia. No son conceptos reñidos. Los primeros –para mí, al menos– han sido resultado de un proceso interno, personal, que incluye el compromiso de contribuir a la recuperación de una memoria histórica que comprenda al exilio. La justicia es importante, pero no estará en nuestras manos, sino en la de instituciones. Y en las de la Historia. Inevitablemente, tendrá manchas, como el Sol.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de noviembre de 2015, 11:33 a. m. with the headline "UVA DE ARAGÓN: También el Sol tiene manchas."