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Opinión Sobre Cuba

WENDY GUERRA: Nombrar las heridas

En la Cuba de los 1970 y 1980, los gays eligieron las relaciones furtivas y en muchos casos llevar una doble vida para evitar la represión.
En la Cuba de los 1970 y 1980, los gays eligieron las relaciones furtivas y en muchos casos llevar una doble vida para evitar la represión. El Nuevo Herald

No era difícil darse cuenta de la cantidad de amigas y amigos que, durante su infancia, permanecían junto a sus padres en situaciones especiales, padres que necesitaban esconderse para sobrevivir en un país que, a base de delaciones, dejó de serlo para convertirse en provincia.

¿De qué se escondían los padres de varios amigos?

¿Por qué vivir una vida contraria a sus deseos?

¿Cuál era la amenaza que los obligaba a permanecer en situación tan anodina?

¿Había algo más que los prejuicios sociales?

Todo parecía normal, pero no lo era. Cualquier niña lista podía detectar que muchos de sus amigos tenían una situación particular. Varios de sus padres seguían casados, sí, atrapados en la misma jaula, pero mirando cada cual al otro lado.

A veces regresaba de madrugada de las tertulias con mi madre, y al atravesar el parque oscuro, veía a varios de aquellos padres sucumbir en brazos de la noche a otros hombres que allí los esperaban. Hablo de esa zona franca de lujuria que Reinaldo Arenas refiere magistralmente.

Eran los mismos padres, pero inmersos en la secreta embriaguez de su deseo.

Ciertas madres tampoco se salvaron de tal suerte y, enamoradas de quienes les era prohibido, decidieron postergar su vida sentimental y ocuparse de la casa, una cátedra, un cargo, una vocación, mientras el amor sucedía en su cabeza. Muchas de las madres de mis amigas tenían a ese ser especial que las salvaba del vacío (su mejor amiga), pero el miedo les impedía dar el salto. Envejecieron sin vivir su verdadera vida.

Recuerdo el ambiente de algunas de estas casas, mesitas de mármol con lamparitas art noveau, cuadros de Servando Cabrera Moreno, ceniceros de plata, manteles de hilo, abanicos de nácar enmarcados, colección de samovares, pájaros y mariposas disecadas, reproducciones del San Sebastián herido y padeciendo, un piano perdido en la esquina donde alguien ahogó su amaneramiento o lo dejó fluir hasta abandonarlo. La emisora CMBF, Radio Musical Nacional, encendida todo el día y esa ópera compitiendo día y noche con la realidad que intentaba colarse por la ventana.

¿Qué fantasmas los mantenían presos? Puedo mencionar dos de las más terribles y complejas experiencias, pero existieron muchas leyes de parametración y ofensivas revolucionarias que bordaron el universo de invenciones para la represión.

La UMAP

Tres de los padres de mis condiscípulas habían sobrevivido a ese campo de trabajo forzado. Pero sobrevivir no significa reponerse, sobrevivir no significa olvidar. Pagar por poseer cierto amaneramiento intelectual, el pelo largo o la necesidad de amar a alguien de tu mismo sexo.

Tampoco pudieron conseguir la salida definitiva, así que prefirieron casarse y así fingir que sus preferencias sexuales habían cambiado.

Un poco más tarde, cerca de 1985, sobrevino la experiencia del encierro por sida. La reclusión total en el Sanatorio “Los Cocos” a las afueras de La Habana.

Otra vez tocan a tu puerta y otra vez te arrancan de tu casa sin tu consentimiento. Una ambulancia, despliegue de oficiales. Enfermeras, paramédicos. Ya no eres dueño de ti. ¿Cómo consiguieron rastrearte?

Entras en una lista de infectados, apareciste tal vez en una libreta telefónica de cierto contagiado. Así ocurrió con algunos de los padres de mis amigas. No todos, pero muchos vivieron espantados. Miedo a una cura de cuerpo y alma.

¿Cuáles fueron las consecuencias?

Pertenezco a esa generación nacida en 1970, esa que cuando intenta ser feliz todavía recuerda ese temor casi genético. Soy de esa generación que rompió con todo, y he aquí la respuesta a quienes preguntan por qué afloran tantos homosexuales, tantos bisexuales jóvenes paseando su amor abiertamente por las calles, diciendo claramente basta ya.

Los nacidos después del 80 no tienen más referente que el de su necesidad de ser feliz, muy pocos necesitan salir del closet porque ya nacieron fuera de él.

El pasado noviembre se cumplieron 50 años de la fundación de las vergonzosas UMAP. Claro que de esto no se habla en los debates oficiales internos. Se cumplieron además 30 años de la reclusión forzosa de cientos de ciudadanos, homosexuales o no, infectados o no, a causa de la llegada del primer caso de sida a la isla.

Los pocos que se atreven a decir que participaron oficialmente como gestores de estos programas dicen que fueron diseñados en nombre de la seguridad nacional.

Pobre del país que impida el amor de sus ciudadanos como forma de defensa.

Pobre del país que crea que separar a los homosexuales, a los heterosexuales o a los seres humanos que necesitan el apego como forma de relacionarse les hará libres, les hará soberanos, les hará revolucionar alguna cosa.

La mejor forma de restaurar y liberar nuestra alma de estos terribles eventos que nos castraron para siempre es siendo lo que somos.

Aceptémonos, nombremos las heridas, digamos lo que nos duele para entonces curarnos.

Escritora cubana residente en La Habana.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de enero de 2016, 2:06 p. m. with the headline "WENDY GUERRA: Nombrar las heridas."

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