Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión Sobre Venezuela

Almagro y los insultos

Luis Almagro, secretario general de la OEA, participa en el evento Solidaridad Democrática en Latinoamérica, el jueves en Ciudad de México.
Luis Almagro, secretario general de la OEA, participa en el evento Solidaridad Democrática en Latinoamérica, el jueves en Ciudad de México. AFP/Getty Images

Pareciera que los insultos están de moda. El secretario general de la OEA, Luis Almagro, no escapa a ellos. Más adelante haré referencia en qué consisten dichos insultos. Pero el centro de esta columna es comentar las incidencias dentro de la OEA, con motivo del cónclave reunido para tratar el caso de Venezuela y, por ende, el informe de Almagro al respecto, como se ha recogido en la prensa.

No es secreto que la Venezuela chavista constituye una nota discordante, al igual que Cuba, en el concierto de las naciones democráticas de este hemisferio, que están bajo el imperio de la Carta Democrática, excepto Cuba, suscrita por ellas en septiembre 11 de 2001, la cual es un instrumento que proclama como principal fin el fortalecimiento y preservación de la institucionalidad democrática, al establecer que la ruptura del orden democrático o su alteración, que afecte gravemente el orden democrático de un Estado miembro, constituye un obstáculo insuperable para la participación de su gobierno en las diversas instancias de la OEA.

La referida Carta Democrática, a su vez, refleja en lo político un compromiso de cada país en la democracia; en lo histórico recoge los aportes de la OEA; en lo sociológico, expresa la demanda de los pueblos de América y en lo jurídico expresa la actualización e interpretación de la Carta Fundamental del organismo regional aludido que postula en su Artículo 1. Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla.

Sentado lo expuesto, la preocupación del secretario general de la OEA radica en que es de notorio conocimiento que el régimen de Nicolás Maduro, heredado del chavismo, anda con los cabos sueltos y ha internado la Patria de Bolívar en un atolladero que abarca las condiciones políticas, económicas y sociales de su pueblo. Cada día el panorama que viven los venezolanos no puede ser más deprimente hasta el punto que varias panaderías no han escapado del rapaz gesto gubernamental y han sido incorporadas a la función estatal, con el conocido futuro de privaciones y rotura productiva.

Si bien es cierto que el pueblo venezolano le demostró al régimen de Maduro su rechazo en las elecciones del 6 de diciembre de 2015 y surgir un nuevo Parlamento de mayoría opositora, su funcionamiento ha venido siendo torpedeado e impedido de llevar adelante su papel de órgano legislativo para traer nuevos aires al asfixiado horizonte causado por el chavismo. La ley de amnistía para los presos políticos ha sido un sueño que todavía no ha visto su efectividad, como lo demuestra, entre otros, el caso insólito de Leopoldo López, quien ha sido condenado al margen de toda prescripción legal que se ajuste a hechos cometidos por el mismo y donde lo que sí afloró fue la venganza del régimen contra este joven luchador.

Otro de los aspectos inauditos ocurridos y ordenados por Maduro y su élite, es el papel claudicante de los miembros del Tribunal Supremo de Justicia, al emitir un dictamen en virtud del cual le retira la inmunidad a los miembros de la Asamblea a despecho de lo establecido en la Constitución bolivariana, que expresa en su artículo 3: “El Estado tiene como fines esenciales la defensa y desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular…”, la cual recayó en dicha Asamblea.

Regresando a los insultos a que aludo más arriba, la canciller Rodríguez, en el marco de la reunión de la OEA, expresó sin ningún recato que Almagro era un mentiroso, un mercenario y otros epítetos injuriosos, como es norma y costumbre de los regímenes dictatoriales cuando son objeto de reclamos para el cumplimiento de los pactos y normas de las cuales son signatarios. La canciller venezolana soslayó la más sintética y noble definición del orador formulada por los antiguos romanos: vir bonus dicendi peritus, esto es, el hombre bueno, perito en el arte del buen decir. No en balde Cicerón repetía: “El mucho saber es fuente del bien decir”, lo que pone en tela de juicio la aptitud de la supradicha canciller.

En ningún foro o en la prensa es dable comportarse utilizando términos ofensivos e insultantes contra funcionarios públicos de cualquier categoría, y si de discrepar se trata, las reglas del buen decir deben predominar en vez de acudirse a las ofensas y diatribas, porque todos los idiomas poseen suficientes medios para hacerlo con la elegancia que demanda el uso de la palabra o el uso de la escritura.

Para los hermanos venezolanos todo lo que hace que la vida, habitualmente, sea fecunda, plena, alegre, floreciente, cálida y fraternal, falta en ese desolado pueblo, por obra y gracia de un gobierno que marcha contra viento y marea.

Abogado cubano. Reside en Miami.

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de abril de 2017, 3:30 p. m. with the headline "Almagro y los insultos."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA