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Muere el pintor de la luz y las escenas cubanas

Obra del pintor cubano Cundo Bermudez, llamada, El Billar.
Obra del pintor cubano Cundo Bermudez, llamada, El Billar.

Cundo Bermúdez, el pintor que estilizó en lienzos el colorido, la luz brillante, los sitios típicos y las escenas musicales de su Cuba natal, falleció ayer en Miami, a los 94 años, víctima de un paro cardíaco.

Con Bermúdez desaparece la figura de mayor trascendencia en la pintura cubana contemporánea y el último maestro de la llamada "segunda generación modernista'', que catapultó a artistas de la talla de Mario Carreño, Mariano Rodríguez y René Portocarrero.

Bermúdez murió en su casa de Westchester a las 8:25 a.m., después de que su salud se vio severamente quebrantada a causa de una neumonía contraída semanas atrás, según dijo su representante artístico, el pintor Conrado Basurto.

Horas antes, en la madrugada de ayer, Basurto le llevó un premio otorgado la víspera por la revista Fama durante un acto efectuado en el Gusman Center de Miami. ‘‘Habló conmigo muy poco, porque apenas tenía energías... Me dio un beso y se sonrió cuando le dije si le había gus-tado el premio'', apuntó Basurto.

Nacido el 3 de septiembre de 1914 en La Habana, en el seno de una familia de clase media alta, Bermúdez recordaba que creció viendo un retrato de sus antepasados, pintado por el francés Juan Bautista Vermay en el siglo XIX. La obra, titulada Familia Manrique de Lara, perma-neció colgada por décadas en la sala de su casa (actualmente pertenece al Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana) y dejó una huella profunda en la imaginería del futuro pintor.

A partir de 1926 cursa estudios en el Instituto de La Habana y cuatro años más tarde matricula en la legendaria Academia de Artes Plásticas de San Alejandro, donde recibiría clases de pin-tura.

Poco después participa en la Exposición de Arte Moderno de 1936, y en la Exposición Nacional de Pintura y Escultura de 1938, año en que su curiosidad lo lleva hasta el México de los muralistas.

Pero no es hasta 1941 que Bermúdez alcanza notoriedad al ser incluido en la Exposición de Arte Cubano Contemporáneo, en el Lyceum de La Habana, y logra vender su primer cuadro, titulado Dos niños.

Es justamente en la década de los años 40 cuando las estilizaciones de Bermúdez comienzan a cobrar rasgos inconfundibles que lo acompañarán a lo largo de su carrera: la figuración inge-nua, la exuberancia del color y su mirada idílica y juguetona en torno a las escenas cotidianas. De esa época son sus cuadros El billar, La barbería y El balcón, estos dos últimos incluidos actualmente en la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA).

A raíz de la histórica Exposición de Pintura y Escultura Moderna Cubanas en La Habana, en 1943, David Alfaro Siqueiros escribe: ‘‘Cundo Bermúdez representa audacia en las artes plásticas. El sabe cómo construir de una manera sincronizada. El construye y organiza a veces de manera milagrosa''.

En 1944 forma parte de Exposición de Pintura Cubana en Nueva York y su obra empieza a despertar atención internacional.

También es el momento de sus colaboraciones gráficas para Orígenes (1944-1956), la revista literaria fundada por el escritor José Lezama Lima.

El éxito lo lleva a exponer en varias galerías y museos de Estados Unidos, Argentina, México y Suecia. En 1951 exhibe en el Museo de Arte Moderno de París, abriendo un largo periplo para sus creaciones por salas europeas.

El año de 1956 es clave para su consolidación artística: expone en la Bienal de Sao Paulo, Brasil; gana el primer premio de la Exposición Internacional de Arte del Caribe, organizada por el Museo de Houston, Texas; y presenta su muestra personal Un itinerario por la Pintura de Cundo Bermúdez en el Lyceum de La Habana.

"Fue constante como artista y como ser humano. Siempre supo lo que quería hacer'', comentó José Martínez-Cañas, coleccionista de arte latinoamericano y amigo de Bermúdez desde 1953. "Fue una persona caracterizada por la sencillez, un apasionado de la lectura y la música''.

Desde la década de los 50, sus piezas cobran un lenguaje visual de mayor abstracción y recorren apasionadamente el tema de la música popular. Uno de los cuadros que resume sus conquistas estéticas de esta etapa es Trío, de 1960, señalado como un hito dentro de su pintura.

Bermúdez figuró entre los artistas que se negaron a participar en la II Bienal Hispanoamericana, financiada por el gobierno de Fulgencio Batista tras el golpe de Estado de 1952. De hecho, el pintor conspiró contra el régimen batistiano junto a Sergio González López, alias El Curita, militante del Movimiento "26 de Julio''.

Pero como sucedió con muchos artistas e intelectuales cubanos, la llegada de Fidel Castro al poder no satisfizo sus expectativas sociales ni su vocación democrática y decidió abandonar la isla en 1967. Tras un año de estancia en Washington, se mudó a Puerto Rico, invitado por Martínez Cañas.

"Se me quejó de que en Washington no había luz'', recordó Martínez-Cañas sobre el primer encuentro con el pintor en el exilio. "En otra ocasión dijo: ‘Necesito ver un sol brillante al levantarme cada día' ''.

Bermúdez vivió casi tres décadas en Puerto Rico antes de radicarse en Miami en 1996. Lejos de Cuba el desarraigo entró como temática en su pintura; el horizonte cobró notable importancia en sus cuadros.

"Miraba a la otra orilla y pensaba en la unión con la tierra que lo vio nacer'', explicó Martínez Cañas.

La obra de Bermúdez quedó también fijada en murales realizados en La Habana (1958) y San Juan (1970), así como en la sede de la OEA en Washington, en el Edificio Bacardí de Miami y en el Centro de Artes Escénicas del downtown.

El mural de La Habana, en las paredes exteriores del entonces Hotel Habana Hilton, fue destruido después que el artista abandonó el país. Los planos para su reconstrucción fueron reunidos en el libro Cundo Bermúdez (2000), un volumen de 326 páginas que el editor Vicente Báez reconstruyó a partir de retazos de álbumes y fotos que el pintor pudo salvar a su salida de Cuba.

La coleccionista Amaryllis Feria, quien colaboró en la edición del libro, recuerda que cuando el pintor lo vio publicado exclamó: "Me has entregado de nuevo mi vida''.

Feria cuenta la anécdota que inspiró uno de los cuadros que conserva del pintor: El conde Bermúdez.

"Durante un homenaje que le hicieron en Miami en el año 2000, una señora le preguntó a Cundo cómo se llamaba... En medio del bullicio, cuando él le dijo su nombre, ella entendió ‘el Conde Bermúdez', y así lo presentó a todos los asistentes'', narró Feria. "De regreso a la casa, nos dijo: ‘Ahora soy conde', y así nació el cuadro''.

La última creación de Bermúdez fue Flora, la recogedora de sueños, una escultura de bronce de 20 pies de alto --aún no fundida-- que será entregada a la ciudad de Coral Gables.

En febrero del 2005 la Universidad Internacional de la Florida (FIU) le otorgó un Doctorado Honoris Causa en Artes.

"Sigo pintando, porque la pintura es una celebración de la vida'', declaró en esa ocasión Bermúdez durante una entrevista con El Nuevo Herald. "Y claro que pinto a Cuba, porque Cuba nunca salió de mí''.

Bermúdez nunca se casó ni tuvo hijos. Lo sobreviven su sobrina nieta, Teresa Callava, y Martha Beatriz Lered, a quien consideraba su nieta.

Los servicios fúnebres se realizarán este viernes, a partir de las 6 p.m., en la funeraria Ferdinand, en el 2546 SW 8 St, Miami. El sábado a la 1 p.m. se celebrará una misa en su memoria en la iglesia St. Michael, en el 2987 W. Flagler St.

El reportero Arturo Arias-Polo contribuyó con esta información.

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