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Controversial boletera es víctima de los políticos, según algunos votantes

A más de nueve meses desde el escándalo de fraude electoral en Hialeah, varios votantes que dependían de la ayuda de Deisy Pentón de Cabrera criticaron a los políticos que la contrataban para recolectar boletas ausentes por no dar la cara.

Entre ellos, Loida Gómez, de 70 años, quien esperaba la visita de Cabrera a su apartamento en julio para ayudarle a llenar su boleta en las elecciones primarias de agosto.

Cabrera, quien fue arrestada días después de que le llegara la boleta ausente de Gómez, nunca se apareció. Y Gómez decidió no votar.

“Con tanto tumbo que dio ella, nunca mandé la boleta. Ya no quise”, dijo Gómez. “Es injusto que los políticos, los mismos que le pagaban, le hayan dado la espalda. Ellos le pagaban para hacerles campañas”.

El nombre de Gómez y otros más de 550 votantes aparecen en tres libretas de apuntes que las autoridades confiscaron durante la detención inicial de Cabrera. Las libretas han sido presentadas como evidencia en el caso criminal contra Cabrera, quien es acusada de falsificar la firma de una votante anciana que estaba internada en un hospicio con un tumor cerebral.

Cabrera, de 57 años, ha dicho a través de su abogado que no ofrecerá comentarios. Se ha declarado inocente.

De acuerdo con sus propios apuntes y los testimonios de varios votantes, Cabrera se daba a la tarea de recorrer a lo largo y ancho de Hialeah para visitar a electores ancianos hispanos durante cada ciclo electoral desde hace años.

Semanas previas a su arresto, Cabrera visitaba a electores cuya información apuntaba en una lista titulada “Boletas Ab 2012 Pedidas Por Teléfono”. En esos momentos, realizaba actividades proselitistas para las elecciones primarias de agosto, a favor de las campañas del alcalde condal Carlos Giménez y los representantes estatales Manny Díaz Jr., Eddy González y José Oliva.

Sin embargo, Cabrera sólo aparece como trabajadora en un reporte de campaña en años recientes. En el 2011, Rudy García registró un pago de $100 a Cabrera por ayudar en su campaña para la alcaldía de Hialeah.

“Nadie hace nada de gratis”, dijo una votante que no quiso ser identificada, pero que ha recibido la ayuda de Cabrera por años. “Me da rabia que los políticos no hayan sacado la cara. Deisy es una gran persona, que luchaba por sus hijos”.

Esta votante, de 88 años, vive en un edificio de apartamentos para ancianos de bajos ingresos que es administrado por la Agencia de Viviendas Públicas de Hialeah. En sus libretas, Cabrera había apuntado la información de 12 residentes de este edificio.

Las libretas también indican que Cabrera censaba varios edificios de viviendas públicas en Hialeah, escribiendo listas con los números de cada apartamento y si el elector había votado por algún candidato.

Al igual que estos votantes, Cabrera también depende de la ayuda del gobierno para su vivienda. En el 2009, el Condado Miami-Dade le aprobó el subsidio federal para el programa de vivienda Plan Ocho.

Desde entonces, Cabrera ha reportado cada año que no trabaja ni gana dinero en efectivo.

De acuerdo con su archivo en el Departamento de Viviendas Públicas y Desarrollo Comunitario del Condado, Cabrera reportó que dejó de trabajar cuando se enfermó en el 2004, y que anteriormente cuidaba niños en su casa. Para recibir el subsidio cada año, Cabrera afirmó que no tenía ingresos aparte de los cheques del Seguro Social y de la ayuda gubernamental para deshabilitados.

Annette Molina, vocera del Departamento de Viviendas Públicas, dijo que beneficiarios del Plan Ocho que mienten sobre sus ingresos pueden enfrentar penalidades.

“Si tenemos evidencia de que un cliente no ha reportado todos sus ingresos, se le puede pedir que entre en un acuerdo de pago [de los subsidios], o puede ser eliminado del programa, dependiendo en la severidad del caso”, dijo Molina.

Hay más de 65,000 familias en la lista de espera del Condado para recibir la ayuda del Plan Ocho.

Varios electores dijeron que sospechaban que Cabrera recibía pago por visitarlos cada año, pero no les importaba. Para ellos, la llegada de Cabrera era bienvenida para conversar sobre asuntos personales y la política.

Aunque varios electores han dicho a El Nuevo Herald que no saben cómo terminaban votando, otros aseguraron que Cabrera nunca les presionó a votar por los candidatos que ella apoyaba. Simplemente les indicaba quiénes creía que eran los mejores candidatos.

“¡Qué cojan a los grandes!”, dijo Justo Montenegro, de 87 años, quien utiliza audífonos especiales para la sordera. “Ella es una pobre infeliz. Siempre agarran a los peces chicos y a los grandes los dejan para que sigan haciendo de las suyas”.

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