Artes y Letras

¿Desierto cultural o desprecio por el español? El bastión de un mundo que se extingue en Miami

La última de las librerías de Miami dedicada exclusivamente a las publicaciones en español debe su nombre a una época dorada de la lectura en la que la gente no se tomaba el café sin leer el periódico, y todo el mundo, desde las amas de casa hasta los literatos, leían casi a diario una revista de su preferencia.

En un pequeño local de un centro comercial de Westchester, entre un supermercado Aldi y otros negocios que tienen letreros en inglés, aunque la mayoría de sus clientes prefieren el español, está Revistas y Periódicos. Antes tenía su sede principal en Bird Road frente al Tropical Park, en un espacio mucho más grande, pero cerró por el aumento del alquiler.

Mírela bien porque se trata de un ejemplar en extinción.

Afuera tiene unos anaqueles con libros en descuento, y dentro está la “librería de los sueños”, que es como la imagina su dueño, Eduardo Durán.

“La librería de los sueños es donde el lector va y se realiza, porque encuentra los libros que dan respuesta a sus inquietudes”, explica Durán, que es una suerte de encarnación local de aquel librero maravilloso de Cien años de soledad, “el sabio catalán”, un personaje inspirado en Ramón Vinyes, el inmigrante catalán que tenía una librería en Barranquilla que moldeó las lecturas del joven García Márquez y sus amigos.

“El secreto del buen librero es saber elegir entre tantos libros, orientar al comprador y suministrarle el conocimiento que quiere adquirir, no solo el libro”, define Durán.

A diferencia de la librería de la novela del Premio Nobel colombiano, que “parecía un basurero de libros usados, puestos en desorden en los estantes mellados por el comején, en los rincones amelazados de telaraña, y aun en los espacios que debieron destinarse a los pasadizos”, Revistas y Periódicos es un modelo de orden en el que la sección de los libros de historia comienza con Mesopotamia y así continúan los volúmenes colocados cronológicamente.

En la de los autores imprescindibles se agrupan Marcel Proust, Oscar Wilde, George Orwell y Rabelais, por citar algunos. Ese tipo de libros no pueden faltar porque a veces pasan meses y nadie los lee, pero un día entra alguien y los pide, advierte Durán.

Como dando la bienvenida, cerca de la puerta, se encuentran las “primicias”, los libros que acaban de salir en México, Argentina, Colombia y España, como Los tiempos del odio, la novela más reciente de Rosa Montero, una autora muy apreciada en Miami.

También están los libros sobre los personajes de la prensa del corazón, como Adiós, Princesa, sobre la reina Letizia de España, escrito por su primo hermano, el abogado David Rocasolano, y el libro de Jaime Peñafiel dedicado a Isabel Preysler, Isabel, la amante de sus maridos. Todos ellos al lado de la revista ¡Hola!


Durán los va ordenando por correo todas las semanas hasta alcanzar los 200 títulos al mes, fresquitos y con el cliente en mente.

“Cuando traigo un libro sé quién lo va a comprar”, dice Durán, que conoce bien a los lectores fieles.

Por ejemplo, a Oscar Haza le gustan las grandes biografías, su figura histórica preferida es Churchill. También le interesan los de política e historia, cuenta Durán. Tiene además como cliente a otros periodistas como Ricardo Brown, al ex alcalde de Miami Tomás Regalado y al comisionado de Miami-Dade Javier Souto.

Durán y su esposa Norma, que lo asiste en el manejo de la tienda, compraron Revistas y Periódicos a la familia Cano, fundadores del diario El Espectador de Colombia. Norma había trabajado con ellos en publicidad y al ver la ubicación tan concurrida de la librería decidieron adquirirla en 1989.

El negocio floreció en el amplio local de Bird Road, y hace 10 años abrieron una surcursal en Westchester, que es con la única que se han quedado porque el alquiler en la de Bird Road llegó a costar $4,000.

El cierre de otras librerías

En los momentos de esplendor del negocio, La Moderna Poesía y la Universal eran tan familiares en el paisaje de la Calle Ocho como los restaurantes Versailles y La Carreta. Pero esos dos gigantes del libro en español en Miami terminaron por cerrar ante el avance del libro electrónico y de sitios de venta en internet como Amazon.

El mismo destino corrieron otras tiendas más pequeñas como la Cervantes, en La Pequeña Habana. Hoy, además de Revistas y Periódicos queda solo la librería Impacto, que se mantiene abierta en la Calle Ocho y la avenida 71, y vende libros de todo tipo, pero no exclusivamente en español.

La baja más reciente entre las librerías en español fue Altamira, en Coral Gables, donde además se celebraban presentaciones de libros, talleres y tertulias.

“Lo que sucedió con Altamira es algo que ocurre desde hace años en Miami: los alquileres son exorbitantes”, explica el escritor Hernán Vera Alvarez, que trabajó en Altamira. “Aunque un negocio pueda tener buenas ventas y un catálogo exquisito donde encontrabas desde Silvina Ocampo y Severo Sarduy hasta el último bestseller francés, no alcanza. Por eso solo sobreviven las grandes tiendas”.

Otras librerías independientes locales o aquellas que pertenecen a cadenas nacionales tienen una sección en español, que no llena las expectativas de los lectores que buscan libros de calidad.

“Lo que hay en la sección en español de las otras tiendas, que venden básicamente obras en inglés, da lástima por lo pobre y carente de imaginación: libros de celebridades efímeras, de dietas milagrosas y la última novela de Isabel Allende. A veces aparece García Márquez, pero sólo Cien años de soledad”, dice Vera Alvarez.


Asimismo, el escritor, que se inspiró en sus experiencias como librero para las memorias ficcionalizadas La librería del mal salvaje (SED Ediciones), recientemente premiado con Medalla de Oro en el Florida Books Awards, lamenta que no haya muchas opciones para adquirir libros en español.

“Es muy triste, sobre todo porque las otras librerías que quedan, uno intuye, sienten un desprecio por el español. Eso es tapar el sol con la mano en una ciudad donde es la lengua de poder. Hay que recordar que Estados Unidos es el único país donde hablar más de un idioma está mal visto: por ignorancia muchos creen que si hablas español o francés, por ejemplo, eres ‘menos norteamericano’ ”, dice Vera Alvarez.

Por su parte, el escritor Pedro Medina considera que la desaparición de las librerías es un problema generalizado.

Para él resulta una limitante el formato de Miami como ciudad y el estilo de vida.

“Influyen las largas distancias y que nunca hay donde estacionar el auto, y que si tienes donde estacionar, te cuesta $10. Por eso la gente prefiere comprar online, con un solo click, por Amazon y sin moverse de su casa”, señala Medina.

El futuro del libro

Aunque la situación de los libros impresos parece precaria, se sigue leyendo en otros formatos. Según un estudio realizado por la encuestadora Statista, en el 2017 las ventas de libros digitales batieron récord en Estados Unidos, con 266 millones de copias vendidas durante ese año.

Aun así, al igual que ocurre con el periódico impreso y su versión digital, muchas personas siguen defendiendo el placer de leer el ejemplar físico, para tocarlo, olerlo e incluso conseguir que el autor firme esa copia. Otros ven la versión digital o el audiolibro como algo más cómodo y eficiente para su estilo de vida, pero todos, en algún momento, se han sentado a pensar en el futuro del libro impreso y su posible desaparación.

Vera Alvarez confiesa que nunca ha sido “un fetichista” de los libros y que prefiere compartirlos o regalárselos a los amigos.

“Ahora podés mandar un PDF o Ebooks a solo un clic. Me parece que lo digital te facilita lecturas que de otra manera serían muy difíciles de conseguir, o caras. Me da igual leer en electrónico o en papel”, reconoce.

María Andrea Quintana, estudiante de Florida International University, solo compra en versión digital los libros que necesita para la universidad, porque según ella son mucho más baratos. Además es más cómodo llevarlos en una tableta o incluso en su celular que en el bolso.

Para ella lo importante, más allá de impreso o digital, es que se mantenga la costumbre de leer.

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Norma Durán (izq.) asiste a Natalie Valderá, que viene buscando libros en español para sus hijos en la librería Revistas y Periódicos, el 22 de abril. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

“Leo desde que tengo uso de razón y en mi casa me enseñaron que la mejor inversión de dinero es comprar libros”, dijo. “No debemos perder un hábito tan bonito, sino más bien aprovechar todas sus presentaciones para que la lectura nos acompañe adonde vayamos”.

El editor Ladislao Aguado, director de la editorial Hypermedia, considera que existe una coexistencia de ambos formatos.

“El libro impreso no va a desaparecer, sino que tendrá distintas presentaciones para quienes prefieran leerlo de una forma distinta”, señala.

Aguado lee todos sus libros en versión digital porque viaja mucho y prefiere hacerlo con toda su biblioteca guardada en un dispositivo electrónico que tener que cargar con libros en el equipaje. Sin embargo, admitió que, desde el punto de vista de una editorial, dejar de vender libros impresos es complicado, sobre todo por los autores.

“En el caso de Hypermedia, primero vendemos la versión impresa por cinco años, y después de ese tiempo es que sale la versión digital”, dijo, explicando que si publican ambas versiones al mismo tiempo es muy probable que las ventas del libro en papel caigan, y esto perjudicaría tanto a los lectores como a los autores.

“Para que las ganancias de los ejemplares digitales se acerquen a las que tiene el autor por la venta de libros impresos, debe vender 100,000 ejemplares en digital, y la realidad es que para muchos autores llegar a vender 2,000 ejemplares es motivo para celebrar”, afirma Aguado.

Este detalle explica por qué son tan caros los libros impresos. Tienen ese carácter de objeto exclusivo.

Durán recuerda que cuando los libros se volvieron un “artículo de supermercado”, muchas librerías, para revertir la situación, probaron a poner otro tipo de negocio en su local, como un café.

Aunque esto les dio resultado a algunos, él considera que muchos terminaron perdiendo la esencia porque su negocio ya no era una librería sino una cafetería. Pone como ejemplo la librería OMA, famosa en Colombia, que terminó por ser el Café OMA.

Por eso en Revistas y Periódicos solo hay libros, y una pequeña mesa semiescondida, por si alguien necesita tomar notas. Así evita que se convierta en un sitio donde la gente va a matar el tiempo.

“El libro es un objeto sagrado, nunca va a tener reemplazo, porque no es lo mismo ordenarlo en internet que hojearlo”, sentencia, diciendo que las personas entran a su librería buscando un libro y se llevan varios.

“No quieren un libro, sino aprender de un tema concreto”, añade Durán, que tiene un espacio para comentar sobre libros los martes en el programa Pasa la tarde, conducido por Mario Andrés Moreno en Radio Caracol (1260 AM).

Los libros además tienen un sentido práctico. Muchos de los clientes de la librería vienen buscando aquellos que enseñan, por ejemplo, cómo ser buen orador.

“Los libros te enseñan a asimiliar cualquier cambio en tu vida”, resume Durán.

Revistas y Periódicos se encuentra en 8659 Coral Way, (305) 264-4516.

Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University.
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