Juan Carlos Chirinos, de Venezuela y la palabra subversiva a la Feria del Libro de Miami
La obra del escritor venezolano Juan Carlos Chirinos es como ese bosque de San Guinefort que referencia en sus novelas Nochebosque y El informe sobre Clara. Una vez que el lector entra, quizás salga vivo, pero nunca será el mismo.
Chirinos (Valera, Venezuela, 1967) aviva con estos textos –novelas cortas o relatos largos– los miedos que de niños alimentábamos debajo de la sábana a la luz de una linterna. Están los personajes de los cuentos infantiles en sus versiones más oscuras y también más apetitosas, porque el sexo, la culinaria, el terror, las hadas perversas y la mujer loba que convierte la orgía en una sobremesa son esa advertencia de peligro que nos hacen siempre antes de entrar al bosque.
“Creo que también a Enrique VIII le hubiera encantado cortar una cabeza así”, dice uno de los personajes de Nochebosque mientras con un plato corta la cabeza del cerdo por la mitad.
Es el mismo cerdo del que unas páginas antes nos han dado la receta: “una cabeza de cerdo, fresca y recién cortada; una manzana pequeña y roja, cuatro patatas gordas y bonitas, sal y comino al gusto”.
Sin poder evitarlo, de momento la mente del lector puede viajar al patíbulo de Ana Bolena, y a su cuello blanco y perfecto bajo el hacha del verdugo, y en otro segundo, a la tez clarísima de Blanca Nieves y su manzana pequeña y roja. La muerte, el veneno, las brujas y las hadas son una evocación erótica y terrorífica en ambas novelas de Chirinos.
Ya nos alertaron que el bosque está lleno de peligros. Pero basta que la prohibición, y hasta la recomendación, asomen para que la curiosidad se imponga. De eso están hechos los buenos lectores, es al menos el principio que los crea y los cría, para luego juntarlos en una feria del libro, en donde salen a desafiar una tarde calurosa de Miami.
“El que lee mucho, duda mucho y, por lo tanto, es más prudente”, dice Chirinos que conversará con el público de Miami el sábado 22 de noviembre en la Feria del Libro de Miami en una sesión llamada Las grietas de lo real: narrativas de lo imposible.
De alguna manera es el rechazo a la pereza que practican los buenos lectores el que nos salvará. Apártate, Inteligencia Artificial, eres muy lenta para vivir en el Oeste. Ningún algoritmo podrá predecir que cuando yo lea sobre el Señor Fenris –el inmenso oso de peluche y ojo caído que protege a Osip, el niño de 11 años al que ha venido a cuidar Paula Sorsky, la protagonista de Nochebosque– me venga a la mente Ted. Ese otro oso de peluche y mal hablado que acompañó muy bien a Mark Wahlberg en dos películas que fueron un éxito de público y taquilla en 2012 y 2015.
La AI no podrá dominar jamás las singularidades que somos cada uno de nosotros, ni tampoco el bosque de San Guinefort, sinónimo de imaginación, de miedo, de gozo, de masoquismo de niño-lector que quiere seguir leyendo aunque se tape la cara.
Chirinos nunca menciona a la AI en Nochebosque y El informe sobre Clara (La Huerta Grande, 2025), pero sus textos se “defienden” solos. Para qué queremos la realidad cuando tenemos la literatura. ¿No son los cuentos infantiles y las historias de miedo contadas alrededor del fuego una forma de ordenar el mundo?
Residente en España desde 1997 cuando fue a estudiar a la Universidad de Salamanca, Chirinos, que escribe cuentos, novelas, biografías y ensayos, participará también en la Feria del Libro de Miami en una sesión sobre escritores migrantes, el viernes 21.
En este cuestionario con el Nuevo Herald nos habla de las andanzas de un comilón, las grietas de la realidad, la confiabilidad de los gatos, los escritores lamebotas y, lo más importante, la acción subversiva de la literatura.
En ‘Nochebosque’ y ‘El informe sobre Clara’ están muchos de los personajes y tópicos de los cuentos infantiles y también los de horror, pero con otra vestidura y un vuelco retorcido y oscuro. ¿Qué significa esto y qué efecto buscabas?
Siempre me han gustado las historias de esta naturaleza. Dos de las primeras novelas que leí en mi vida fueron Caballito loco, de Ana María Matute, y La rosa y el anillo, de William Makepeace Thackeray. El mundo entre mágico y realista de estas dos historias han determinado mis búsquedas y mis querencias. Son, junto a los cómics, los dibujos animados de la TV y los juegos de video, mis marcas generacionales.
Siempre he pensado que Bugs Bunny, el Correcaminos, Tweety o Droopy esconden un fondo retorcido y oscuro que nos fascinaba de niños. De hecho, uno de mis episodios preferidos de Tweety es aquel en que este se convertía en un monstruo en una versión loca y divertida de la historia de Stevenson, El doctor Jekyll y mister Hyde. Hoy en día sé que ese episodio es de 1960 y se llama Hyde and Go Tweet. Me encanta.
El orden de las dos partes de la novela, que se pueden leer de manera independiente, es intercambiable como una suerte de Rayuela de Cortázar. ¿Es una estrategia para mantener en jaque al lector, para complicarle la vida? Ya intuyo que no te gustan los lectores perezosos.
Creo que lector es antónimo de perezoso, es cierto. En esta edición, decidí poner Nochebosque primero que El informe sobre Clara por una razón que me pareció de continuidad. El informe sobre Clara es una especie de precuela de Nochebosque, y me pareció que no era demasiado lógico ofrecerle al lector la precuela sin que tuviera oportunidad de leer antes la “cuela”. Como tú dices, son novelas interconectadas, pero que se pueden perfectamente leer por separado. La secuela de estos dos textos la publiqué en 2021 y se llama Renacen las sombras. Este ciclo se cerrará, espero, con una cuarta novela que ya estoy escribiendo.
¿Cuál fue la chispa que disparó tu interés por escribir sobre el bosque de San Guinefort y la leyenda del perro que salva al bebé de la serpiente y que tiene uno de los finales más injustos para uno de los seres más bondadosos del planeta? ¿Te lo topaste en lecturas o en la vida real?
En 1991, el artista venezolano José Antonio Hernández Díez realizó en Caracas una exposición que se llamó “San Guinefort y otras devociones”, y fue la primera vez que supe de la existencia de este perro santo del sur de Francia. Siempre había querido escribir sobre este perro y el bosque donde, se supone, fue sacrificado. Cuando escribí Nochebosque, en 2011, cumplí ese sueño, y ahora le estoy dando continuidad a ese bosque que, como todos los bosques, oculta todo tipo de magias.
La lectura de Cortázar o del poemario ‘Terredad’ del venezolano Eugenio Montejo provocan en la protagonista, Paula Sorsky, la pregunta: “¿He estado leyendo o soñando?”. En tus entrevistas enfatizas el poder de la lectura. ¿Cuáles son estos poderes que la lectura nos confiere?
Lo voy a decir en una sola frase: La lectura nos salva del peor de nuestros enemigos: nosotros mismos. Y, de paso, nos ayuda a que no nos engañen. El que lee mucho, duda mucho y, por lo tanto, es más prudente.
Al igual que Heberto Padilla, que introduce el abedul en la poesía cubana, también incluyes las ceibas, de los climas tropicales, en los bosques europeos. Además de contribuir al extrañamiento en la narración, ¿es una referencia al aporte de los inmigrantes y exiliados en Europa, incluidas las letras?
No había pensado en eso. Puede ser. Yo solo quería inventarme un bosque donde cupiera toda la flora del planeta, independientemente del clima y la tierra, incluyendo a esos titanes de la vegetación que son las ceibas. Pero ahora que lo dices, no le vendrían mal a España unos cuantos miles de ceibas en sus mesetas y montañas.
Hay un disfrute en hablar de comidas, y hasta incluyes recetas en Nochebosque. ¿Son el capricho de un comilón u otra forma de introducir el horror?
Me has hecho reír. Y recordar lo que decía Camilleri de sus novelas sobre el comisario Montalbano; como él no podía comer lo que le diera la gana por razones de salud, hizo que Salvo Montalbano fuera un sibarita que se pone las botas, como dicen los españoles, cada vez que se sienta en su mesa preferida del restaurante. Quizá esa fuera mi intención, aunque a mí me gusta cocinar e inventarme platos. Tengo una lista de cosas que me gustaría cocinar o que he cocinado ya, como el cambur canelito y los brócolis sin cabeza. Los nombres de las comidas me dan hambre.
Eres uno de esos escritores que se sienten bien en la cercanía de los gatos, ¿te ayudan a escribir?
Los gatos son las únicas buenas personas del mundo.
“Fidel Castro fue un tirano caribeño que vivió en tiempos de Jorge Edwards y José Lezama Lima”, dices en el prólogo a la edición de ‘Persona non grata’, de Jorge Edwards, publicada en Venezuela en 2017. ¿Es la literatura una forma de venganza contra los tiranos?
La ficción es la más subversiva de las acciones de la literatura. A más ficción, más subversión. Creo firmemente en esa frase que escribí en el prólogo a Persona non grata, uno de los dos libros, a mi modo de ver, que se seguirán leyendo dentro de 200 años.
Tiranos mediocres, acomplejados y megalómanos como Fidel Castro, cuando están vivos, se creen los más importantes y poderosos porque, en su enanez, disponen de millones de vidas y gozan con el sufrimiento de los demás. ¿Pero quién se acordará de él dentro de 100, 200 años, salvo para colocarlo como una ínfima nota a pie de página en las vidas de genios como Edwards o Lezama Lima? Castro es una ranita en un estanque; los grandes escritores, como mínimo, son demiurgos.
Uno de los retos mayores de los escritores exiliados es publicar en el nuevo país de residencia. ¿Cómo te ha tratado el mundo editorial español y qué aconsejas para navegarlo?
Siempre he encontrado en España un editor generoso; Phil Camino, en La Huerta Grande, me ha hecho sentir siempre que mis libros cuentan con una casa. Sin embargo, hay que estar consciente siempre de que no todos los libros que uno escribe son publicables. Tener posibilidad de ofrecer un libro a una editora como Phil me obliga a ser mucho más exigente conmigo mismo. Tengo tres consejos para quien quiera publicar en España: Escriba, escriba, escriba. Y no se rinda. La consecuencia natural de escribir es publicar.
Cuando te entra la nostalgia en España, ¿qué extrañas de Venezuela?
Soy de la naturaleza de ciertas tortugas: si estoy en un sitio estrecho, soy pequeño; pero si me ponen en un sitio más grande, empiezo a crecer. Puede que extrañe muchas cosas de Venezuela, lugares, comidas, amigos; pero caer en la nostalgia por mi país de nacimiento me cuesta porque lo llevo pegado a mi piel. Todo me dice que soy de Venezuela, pero que ya estoy untado de España.
Dices esta frase en la ficción de tu novela: “La literatura es el mundo entre ronquido y ronquido”. Cuál es su significado en el mundo de Chirinos.
Como gatólico, hago las abluciones y los rezos a Bastet con devoción: duermo todo lo que puedo. Sueño todo el tiempo con mundos que se me olvidan. Y cuando despierto, sigo en la literatura.
Existe entre ciertos artistas e intelectuales una obstinación en adorar y justificar a regímenes antidemocráticos. ¿Hay chance de que nos libremos de eso?
Nunca. Muchos artistas necesitan adorar a un líder para sentir que su obra vale de algo. Ovidio, “relegado” a una de las fronteras más inhóspitas del imperio por su amo el emperador Augusto, murió rogándole que lo dejara regresar a Roma. El hecho de que un artista o intelectual se arrodille a lamerle las botas al primer tirano que conoce, no afecta ni negativa o positivamente en su obra: el genio que adula seguirá siendo un genio; y el mal escritor que adula siempre será un mal escritor. Que los libros se defiendan solos. Eso sí, yo prefiero no conocer a los escritores que me gustan, pero que se humillan ante la tiranía. Me alegro de no haber tenido nunca la oportunidad de haber conocido a García Márquez, por ejemplo, uno de mis novelistas preferidos de toda la vida porque, en persona, a los escritores casi siempre les huelen mal los pies.
Narradores venezolanos migrantes - Méndez Guédez, Chirinos, Naida Saavedra, Keila Vall de la Ville, en conversación con César Miguel Rondón, viernes 21, 7 p.m. 2106
Las grietas de lo real: narrativas de lo imposible. JC Chirinos y Giovanna Rivero, en conversación con Sarah Moreno, sábado 22 de noviembre, 2 p.m. Salón 8525, edificio 8, 5to piso.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de noviembre de 2025, 6:30 a. m..