Artes y Letras

Iconografía de La Salpêtrière. Entrevista a Javier Viver

Hablar de La Salpêtrière, el célebre hospital del distrito XIII, en París, donde Charcot, padre de la neurología moderna, desarrolló gran parte de su trabajo (y por donde pasaron entre otros Esquirol, Freud y Vulpian), es hablar de un clásico. Por esa razón, y porque su publicación más reciente: un fabuloso catálogo con imágenes de los enfermos del hospital acaba de ser editado por la editorial RM, nos encontramos con el artista e investigador español Javier Viver (Madrid 1971), quien, además de este libro, ha ultimado ya un par de exposiciones con los rostros, miradas y gestos que durante años los médicos y fotógrafos del hospital fueron archivando.

¿Qué es Revelations. Iconographie de La Salpêtrière, la edición que la editorial RM acaba de publicar? “Mi personal mirada sobre un archivo fotográfico de un psiquiátrico parisino, sobre sus personajes y sus autores. Y sobre la gran narrativa que permitió crear el monstruo”.

En La invención de la histeria, Didi-Huberman lee las imágenes que se conservan del período Charcot en La Salpêtrière como un inmenso museo de poses patológicas, sin embargo, en tu libro, además de la pose hay algo más, algo que se trasmite a través de la mirada, del “aura”, del ojo. ¿Es intencional, en tu selección, esta “reflexión” sobre el ojo? “El ojo es un conducto de ida y vuelta, un espejo. El cuerpo, las arrugas y gestos de un paciente, también las malformaciones, son las huellas que produjeron sus miradas. Estas son –a su vez– impresionadas por el ojo-cámara del fotógrafo y editadas a lo largo de la historia. La mía es una edición más. Si te cuelas por ese conducto ocular puedes llegar a ver lo invisible. Aquello que sólo vieron los pacientes de la Salpêtrière”.


¿Qué dice la mirada de un histérico? “¡Sácame de aquí!”

¿Dónde sitúas el (los) límite(s) entre selección, apropiación y manipulación? ¿Qué hace el Javier Viver artista exactamente en este libro? “Cuento una historia muy personal que puede tener ecos en muchos lectores. De hecho los conceptos de la sobrecubierta ofrecen las interpretaciones de cuatro lectores. Para mí que sea fotografía documental nos permite partir de un acontecimiento, pero finalmente es mi historia. Esto supone una apropiación y selección de imágenes y microrrelatos y en ocasiones el uso de manipulaciones semánticas con respecto a las ediciones precedentes, que son mis fuentes documentales. Llegado a un punto, el libro abandona el relato documental para implorar un sentido poético-místico, como una forma de exorcismo ante el horror”.

¿Pudiéramos pensar tu edición del registro fotográfico de La Salpêtrière como un artefacto inactual? ¿Dónde estaría la zona de diálogo entre la “inactualidad” de un libro y la velocidad del presente? “Que las imágenes de un relato procedan de otro período no quiere decir que la historia no sea actual. Pensemos en el cine: en la Pasión de Juana de Arco, o en las siempre actuales versiones de Hamlet. O en la literatura.

Revelaciones ofrece una relectura de la Salpêtrière en múltiples planos. Por un lado es una revisión del proyecto moderno, en cuanto intento colonial, científico, de taxonomizar lo que escapa al orden racional, esto es: la locura. La Salpêtrière acaba convirtiéndose en un teatro de variedades o gabinete de rarezas para una élite intelectual, pero detrás de este gran experimento hay rostros.


En otro plano te encuentras que en las crisis los pacientes reproducen con cierta frecuencia gestos tradicionalmente asociados al arte religioso. En las catalogaciones de los doctores las histéricas son descritas en una fase de crucifixión seguida de un estado de arrobamiento y sueño histérico o dormición. Esto me recuerda lo que decía Zambrano: después de la tragedia solo cabe la mística”.

No hubiera ganado Revelations… con un prólogo donde se informase sobre ti y el archivo iconográfico de La Salpêtrière? “En mi opinión una cosa es el fotolibro, que como tal tiene una entidad narrativa propia e independiente, y otra son los oportunos comentarios sobre el autor, el contexto y la obra, que forman parte de la pedagogía y la crítica. Sucede como en una buena película en la que la voz en off aparece como un doble añadido a la narración cinematográfica. Desde mi punto de vista la obra debe respirar abierta a las múltiples resonancias que pueda suscitar. Las explicaciones son posteriores. Quizá nos encontremos en un momento especial de maduración del fotolibro como medio artístico. Esto implica por parte del lector aprender a leer las imágenes en una secuencia. Entender que la aparición del texto debe ser esencial y no accidental”.

Charcot era un lector de Shakespeare. ¿Tú? “También, y apasionado”.

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