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La acosaron en Cuba por ser ciega. Ahora en Miami esta niña enfrenta nuevos retos

En Cuba, la oscuridad que rodeaba a Katherine Sánchez, de 15 años, era más que algo físico, era emocional.

Ciega casi de nacimiento, Katherine tuvo que soportar primero las deficiencias médicas que la llevaron a perder la vista, entonces las deficiencias académicas que llevaron a una mala educación, y finalmente el abuso emocional de sus compañeros de clases —incluso algunos maestros— quienes la acosaron implacablemente, dijo la joven.

Otro alumno con deficiencia visual se ponía agresivo con ella, y la golpeaba repetidas veces en los brazos. Los maestros en su escuela con frecuencia se burlaban de su peso. Uno de los maestros incluso se entretenía en asustarla, poniéndole una sábana blanca sobre la cabeza.

“Me asustaban, me gritaban”, dijo Katherine, a quien entonces regañaban por asustarse.

Todo esto llevó a que Katherine acudiera a un psicólogo, y a Katia Triana, su madre, a buscar una forma de salir de Cuba.

Como ciudadana española, Triana había podido viajar varias veces a Miami, donde tenía un hermano. En esos viajes tomaba nota de los servicios disponibles para niños ciegos, cada uno una puerta que potencialmente podría abrir el futuro de Katherine. Armada con una lista de oportunidades, Triana habló con su esposo, Reynel Sánchez, sobre la posibilidad de salir de Cuba hace más de un año y medio.

Katherine Sánchez, una niña cubana ciega de 15 años, muestra sus peluches en una imagen del 17 de noviembre del 2017. Ella y su mamá, Katia Triana, llegaron de Cuba hace un año. Esperan conseguir una computadora para que Katherine estudie Braille en inglés.
Katherine Sánchez, una niña cubana ciega de 15 años, muestra sus peluches en una imagen del 17 de noviembre del 2017. Ella y su mamá, Katia Triana, llegaron de Cuba hace un año. Esperan conseguir una computadora para que Katherine estudie Braille en inglés.

Sería un riesgo porque tendría que mudarse a un lugar donde conocía a muy pocas personas. Y tendría que dejar atrás a su esposo y otros dos hijos mayores. Pero Triana estaba decidida a darle una nueva vida a Katherine, lejos de su pequeña casa de madera en Morón, en el centro de la isla.

“Le hice ver la realidad de cómo estábamos viviendo. Le dije: ‘Yo sé que vamos a enfrentar retos en Estados Unidos... pero creo que tengo la fuerza suficiente para enfrentar la situación’ ”, dijo Triana. “Ya hemos vivido lo que nos tocaba. Ahora le toca vivir a ella. Ella es la que tiene posibilidades de otra vida en ese país. Había más pros que contras. Y por ella decidimos hacerlo”.

Así, el 19 de julio del 2016, Katherine y Triana se fueron a Miami.

Aquí tienen una vida difícil, pero han logrado solucionar muchos de los retos que enfrentaban en Cuba.

Katherine dijo que adora su escuela, la Secundaria G. Holmes Braddock en Kendall, donde tiene un maestro especializado en niños con deficiencias visuales. Katherine, una jovencita cariñosa y habladora de cabello castaño largo, y una actitud valiente igual que su madre, dice que sus compañeros de escuela y los maestros la tratan bien. Muestra con orgullo su diploma de excelencia académica y certificados de aprendizaje en sistema Braille para ciegos del curso escolar anterior. “Ella es muy inteligente”, dijo su mamá.

Yo soy una persona que no se da por vencida. Pero si mi esposo estuviera aquí, nos iría mejor.

Katia Triana

madre de Katherine

Amigos en Miami le regalaron un teclado, con el que ha aprendido a tocar música, y un radio portátil, donde todos los días escucha Amor 107.5 FM y Zeta 92.3 FM. Y todos los sábados va a Miami Lighthouse for the Blind.

Reinaldo Sánchez, coordinador en Lighthouse que trabajó directamente con Katherine para enseñarla a orientarse, además de clase de computación y relaciones sociales, dijo que admira el tesón de la familia.

“Hace falta mucho valor y sacrificio para hacer algo así. Es lo que cualquier buen padre debe hacer por sus hijos”, dijo Sánchez. “[Katherine] lo ha manejado muy bien. Ella es muy fuerte e inteligente para su edad y sus circunstancias. Escucha y trata, se esfuerza”.

Pero aunque algunos problemas están solucionados, otros empeoran por día.

“Yo soy una persona que no se da por vencida”, dijo Triana. “Pero si mi esposo estuviera aquí, nos iría mejor”.

Triana dijo que quiere trabajar y ha hecho algunas cosas, pero los empleos a tiempo parcial que ha solicitado muchas veces son un conflicto con la escuela de Katherine. Y como es la única persona que la cuida, Triana tiene que estar en casa a las 3 de la tarde, cuando la adolescente llega de la secundaria. Tener a su esposo con ella le aliviaría la carga, dijo.

Katherine y su mamá viven de un cheque mensual por discapacidad de $730, que racionan con cuidado: $500 son para alquilar una habitación en una casa, $50 para la cuenta del teléfono, $30 para una tarjeta de crédito y el resto para los gastos diarios, apenas lo suficiente para ahorrar para solicitar la visa para que su esposo venga a Estados Unidos.

Reciben $200 en cupones de alimentos, pero como no tienen automóvil, se mueven en autobús, el Metrorail, Uber y caminando.

Durante los últimos 16 meses, han dormido en un colchón de aire grande, que se ha roto tres veces.

Tienen una sobrecama floreada y Katherine tiene tres animales de peluche: un oso marrón llamado Santiago, un unicornio rosado llamado Miguel y un sapo verde llamado Marcos Montalbán. Todo lo que tienen cabe en tres maletas.

Un golpe de suerte les permitió asegurar un apartamento en el centro de Miami con otro hermano que acababa de llegar de Cuba y aceptó compartir el alquiler. Y les donaron una cama. Pero de otra manera, el apartamento no tiene nada. Y aunque Triana rechaza la idea de pedir donaciones, acepta que necesitan algunos muebles básicos: una mesa para comer, quizás un sofá y alguna que otra cosa.

Pero sobre todo, dijo Triana, ella necesita un empleo. Su esperanza es trabajar un día con niños con necesidades especiales, pero está abierta a cualquier cosa que le permita sobrevivir con su hija.

Katherine, que está aprendiendo Inglés bien, necesita una computadora portátil HP o Dell con el programa especial JAWS, que lee textos en alta voz.

Katherine tiene otros deseos también: ir a un juego de los Marlins (su equipo son los Tigres de Ciego de Avila, en Cuba, pero adora también a los Marlins, dijo). Agrega que quiere ir a Santa’s Enchanted Forest en el Tropical Park esta temporada navideña, de lo que se ha entrado por la radio.

“Quiero ir a ver a Santa porque no lo conozco”, dijo. “Sé que es un hombre disfrazado, pero no sé quién es”.

También espera algún día poder verse en el centro oftalmológico Bascom Palmer Eye Institute, donde finalmente podrán decirle si pueden tratar su retinopatía del prematuro, consecuencia de un intento fracasado de tratarle una infección que tuvo al nacer.

A pesar de su discapacidad, Katherine sigue soñando en grande: quiere ser médico.

Chabeli Herrera: 305-376-3730, @ChabeliH

Cómo ayudar

Cómo ayudar: Wish Book trata de ayudar a cientos de familias necesitadas este año. Para donar, pegue con seguridad en MiamiHerald.com/wishbook. Para conocer más información, llame al 305-376-2906 o escriba a wishbook@miamiherald.com. (Los artículos más solicitados son computadoras portátiles y tabletas para la escuela, muebles para la casa y furgonetas con acceso especial).

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de noviembre de 2017, 2:24 p. m. with the headline "La acosaron en Cuba por ser ciega. Ahora en Miami esta niña enfrenta nuevos retos."

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