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‘Miami Vice’: hace 30 años una serie transformó a Miami

Philip Michael Thomas and Don Johnson starred in ‘Miami Vice’
Philip Michael Thomas and Don Johnson starred in ‘Miami Vice’ Cortesía

Es la primera secuencia de Miami en Miami Vice, el programa de televisión que reconfiguró radicalmente la imagen deshecha de la ciudad. Don Johnson, en todo su esplendor como el policía encubierto de narcóticos Sonny Crockett, en su traje blanco, sus alpargatas sin medias y camiseta de color turquesa, se encamina hacia una transacción de narcóticos condenada al fracaso en el asiento trasero de un Eldorado convertible de color vino a lo largo de una Ocean Drive descolorida por el sol.

Exactamente 30 años después, lo más inquietante del escenario circundante no es, probablemente, el estado de desaliño de los hoteles Art Deco, sino el vacío. No hay nadie: casi nadie en la acera, nadie en el Clevelander, ni una sombrilla de café a la vista.

Crockett podía haber disparado un TEC-9 por Ocean Drive y no darle a nadie.

La secuencia es un recordatorio significativo de lo lejos que han llegado Miami y Miami Beach desde que Miami Vice hiciera su debut televisivo en NBC en septiembre de 1984, en un momento en que la fortuna de la ciudad — tras unos devastadores disturbios raciales, el éxodo del Mariel, un torrente de refugiados haitianos, la huida en masa de los blancos, el alza de los carteles narcos y una explosión de los crímenes violentos — parecía sumergida para siempre.

Pero, además, da una idea inicial de la fórmula mágica de Miami Vice, la cual dejó un impacto duradero no sólo en la televisión y el cine, sino también, de manera indeleble, en su maltrecha sede. Los productores del programa, de modo inteligente, usaron una especie de hiper-Miami como el personaje principal en su melodrama de policías contra narcos —un lugar increíblemente cool y sexy, multiétnico, multirracial, asombroso, espléndido y duro a la vez— que incluso los habitantes del mismo pasaban trasbajo para reconocer.

Es una trayectoria impresionante, de los hoteluchos de South Beach a las habitaciones de $1,000 la noche en el Setai, en lo cual Miami Vice jugó un papel nada despreciable. El programa no sólo ayudó a salvar a South Beach, mostrando los encantos arquitectónicos de sus desastrados hoteles y edificios de apartamentos de estilo Deco a millones de personas en todo el mundo en un momento en que lo único que querían los padres de la ciudad era demolerlo todo para construir condominios. Miami Vice inventó prácticamente la idea de South Beach.

Los productores y escenógrafos crearon discotecas, bares y restaurantes de un lujo decadente en los vestíbulos y sótanos desnudos de hoteles Deco en los que no había nada de eso. Obedeciendo el famoso edicto del productor Michael Mann — “nada de tonos tierra’’ —pintaron encima del beige y el marrón que opacaba algunos tesoros del Art Deco, revelando fachadas espléndidas. Decoraron playas y piscinas de hotel que no habían visto a nadie de menos de 70 años durante décadas con multitudes de extras jóvenes y atractivos en trusas diminutas.

Ellos reformaron la familiar imagen de Miami de agua, flamencos, palmas y cielo para incluir cosas nunca antes vistas ni apreciadas, y no sólo esos viejos edificios Deco, sino también pintorescos almacenes de mala muerte, las mansiones ultramodernas en que siempre vivían los capos y —algo nuevo— los rascacielos de vidrio que habían empezado a aparecer a lo largo de Brickell Avenue.

Ellos empaparon todo esto de un colorido subtropical y música palpitante a lo MTV. Vistieron a su atractivo reparto en deslumbrantes camisas tropicales y chaquetas Versace de seda y lino, en el caso de Crockett tirados al descuido sobre camisetas y pantalones sin cinto. Así ataviados, Crockett y su compinche Ricardo Tubbs eran enviados en un Ferrari o una lancha con motor en persecuciones a toda velocidad que acababan casi siempre en fuegos artificiales de peleas a tiros y explosiones.

Nadie había visto nada así antes en la televisión. Era una nueva manera cinematográfica de hacer televisión, y definitivamente no el Miami de nuestros abuelos. No importaba que este Miami de televisión no existiera de verdad todavía, puesto que continuó seduciendo a millones de personas de todo el mundo mucho después de que Miami Vice dejara de hacerse en 1989.

“Hubo una época antes del estreno de Miami Vice, y hubo otra después, y todo el mundo dijo: ‘Wow’. Eso pasó sin que nadie se lo esperara”, recordó el periodista T.D. Allman, quien estaba investigando su libro seminal, Miami: City of the Future (Miami: ciudad del futuro) cuando Vice se convirtió en la influencia televisiva y de moda más caliente del mundo. “Eso me mostró realmente que yo no andaba descaminado”.

No pasó mucho tiempo, dijo Anthony Yerkovich, creador de Vice, antes de que dentistas de mediana edad empezaran a vestir camisetas rosadas, y, una vez el programa empezó a distribuirse en Europa, fotógrafos y agencias fotográficas de modas empezaron a organizar sesiones de fotos en South Beach con la arquitectura al fondo. Entonces, dijo, llegó el paso siguiente y crítico en la resurrección de South Beach: los neoyorquinos.

“La gente de moda de Nueva York, los empresarios de la vida nocturna y la gente a la que le gusta andar con modelos vinieron acá, vieron los edificios y dijeron: ‘Caramba, esto sería un buen restaurante, esto sería un buen club nocturno, o un hotelito de lujo’, y hacia 1990 SoBe ya estaba en acción”, dijo Yerkovich.

Por supuesto, Vice no fue el único responsable del renacimiento de la Playa.

Para entonces, resueltos activistas de la Liga de Preservación del Diseño de Miami (MDPL), capitaneados por Barbara Baer Capitman, llevaban años luchando por conseguir reconocimiento y protección para el tesoro de arquitectura Deco de South Beach. A pesar de verse enfrentados a una oposición considerable e incluso al escarnio, ellos se las habían arreglado para incluir el barrio el el Registro Nacional de Lugares Históricos, el primer distrito del siglo XX en conseguir ese reconocimiento.

El año antes de que Vice viniera a filmar, el proyecto Surrounded Islands (Islas Rodeadas) del artista Christo había puesto faldas rosadas alrededor de las islas de la Bahía de Biscayne, creando una sensación en el mundo del arte que resonó en el resto de la prensa. El equipo de Christo se alojó en los hoteles de Ocean Drive porque eran baratísimos.

Cuando el programa entró en producción, los funcionarios electos se preocuparon tanto que pidieron a Mann que quitara la palabra “vicio” del título.

Pero la inmediata popularidad de Miami Vice lo cambió todo. El turismo a la Playa, especialmente de Europa, aumentó enormemente. Capitman, quien recibió con los brazos abiertos a Vice y sus productores, resultó vindicada, y consiguió apoyo político para proteger legalmente los edificios del distrito. A su vez, la seguridad de que los edificios Art Deco no serían demolidos persuadió a los primeros inversionistas con dinero de verdad a empezar a renovar hoteles, dijo Michael Kinerk, cofundador de MDPL.

Mann incluso auspició una edición temprana del Art Deco Weekend (Fin de Semana Art Deco), dijo Kinerk.

Miami Vice ayudó políticamente, económicamente y artísticamente”, dijo Kinerk. “No tengo la menor duda. Lo cierto es que ellos pusieron el distrito Art Deco en el mapamundi”.

Si la Playa estaba entonces in artículo mortis, Miami estaba mucho mejor —el boom de rascacielos de condominios y oficinas que estaba transformando Brickell, por ejemplo, y una creciente diversidad cultural — pero para el resto de Estados Unidos era un desastre, o simplemente algo pasado de moda. Para gran parte del país, Miami sólo significaba los Dolphins, e incluso entonces los mejores años del equipo ya habían pasado.

En el segundo episodio de Miami Vice, luego de perderse en la Autopista Don Shula Expressway y acabar a mitad de camino hacia los Cayos, Tubbs se queja: “¿A qué ciudad se le ocurre ponerle a una autopista el nombre de un entrenador de football?’’

“Yo siempre digo que el arte refleja la vida y la vida refleja el arte, pero en este caso el arte fue primero”, dijo la crítica de arquitectura Beth Dunlop, quien ha escrito sobre la influencia de Miami Vice en su ciudad. “A fines de los 70, había pocos edificios pintados. Y entonces llegó Michael Mann, y de pronto todos esos edificios estaban pintados en amarillo, y azul, y aguamarina.

“Los colores hicieron que la gente pudiera ver los detalles y la belleza de edificios que habían estado eclipsados por la mugre y la pintura descascarada y colores sombríos. Los colores permitieron que la gente viera el lugar, el Art Deco y Miami como pudieran ser vistos, y no como eran”.

El programa hizo además otra cosa, dijo. También “glorificó’’ al Miami común, las panaderías, los muelles de botes, el Río Miami y comunidades como La Pequeña Habana, no menos que las nuevas y modernas villas de los nuevos ricos, muchos de ellos latinoamericanos, que entonces empezaban a mudarse a Miami.

Miami Vice cobró una enorme importancia en lo que respecta a hacer que las personas vengan aquí, quieran visitar, quieran vivir aquí’’, dijo Dunlop.

A principios de la primera temporada, luego de filmar una escena en la nueva torre de apartamentos Atlantis en Brickell — que tiene un hueco, una palma y la escalera en espiral roja en el medio—los productores empalmaron su fachada de vidrio en el montaje del título que pronto sería famoso.

Ese vistazo momentáneo del Atlantis, una semana sí y otra no, lo convirtió en el símbolo de un Miami en forma crecientemente global y cosmopolita.

También hizo a Arquitectónica, la creciente nueva firma que lo diseñó, un nombre conocido. Un episodio completo que se pressentó a principios de la primera temporada se situó en la Casa Rosada, casa en Miami Shores qe la pareja de esposos Bernardo Fort-Brescia y Laurinda Spear habían diseñado para los padres de ella. (En el episodio apareció el entonces desconocido Bruce WIllis como un traficante de armas).

Fort-Brescia dijo que descubrió rápidamente que una cosa era aparecer en la cubierta de la revista Architecture y otra era que millones de personas en todo el mundo reconocieran el Atlantis.

“Era el poder de la televisión. Estos individuos sabían cómo sintetizar un mensaje en segundos, fue un buen mensaje para Miami. Era una ciudad diferente que estaba evolucionando. Era alta, cubierta de cristal. era el centro de la ciudad. Nos hizo lucir como que estábamos haciendo algo diferente del resto del mundo’’.

Fort-Brescia piensa que la toma también ayudó a implantar una nueva misión de Miami, una de un lugar urbano, con rascacielos, muy moderna en su diseño y solo ahora, 30 años después, está redondéandose por completo.

Vice utilizó gran cantidad de estereotipos, con traficantes de drogas colombianos y jamaiquinos, y la forma en que se caracterizó a miembros del movimiento rastafarian de Jamaica y la santería cubana.

Pero los buenos también eran negros y blancos e hispanos. Todo se presentó como algo conocido, sin pedir disculpas, como parte de la nueva realidad, políglota, de Estados Unidos. Predijo —como hizo Miami— los cambios demográficos del país, dijo Allman.

“No inventaron excusas y no hubo explicaciones. Así fue’’, dijo. “Ese programa no hubiera sido nada sin el detective hispano, el policía rubio y el detective de raza negra. Los custodios del Miami oficial aún trataban de hacer las cosas como si se tratara de un pueblecito agradable en el Mediano Oeste, pero eso no es Miami’’.

Miami Vice fue un vehículo escapista. Una fantasía. Pero fue exitoso, porque tomó algo real y lo hizo vibrante y atractivo. Ese toque de peligro, que ciertamente era real, lo hizo todo auténtico.

Incluso sin Vice, creen Allman y Fort Brescia, Miami se habría recuperado, tarde o temprano.

“Miami es un gran sobreviviente. Los miamenses tienen la resistencia más asombrosa’’, indicó Allman. “Miami aún sería la ciudad más popular de Estados Unidos’’.

Solo que hubiera tardado un poco más.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de septiembre de 2014, 6:00 p. m. with the headline "‘Miami Vice’: hace 30 años una serie transformó a Miami."

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