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OLGA CONNOR: La ‘normalidad’ y Caitlyn Jenner


Caitlyn Jenner en el tráiler de la serie ‘I Am Cait’, que se estrena el 26 de julio en el canal E!
Caitlyn Jenner en el tráiler de la serie ‘I Am Cait’, que se estrena el 26 de julio en el canal E! AP/E! Entertainment

Ante la escandalosa portada de julio de la revista Vanity Fair con la foto de Caitlyn, antes Bruce Jenner, atleta excepcional y miembro en los últimos años de una familia muy connotada por su presencia en la televisión, la de los Kardashian, el tema de la transexualidad o de transgénero ha subido de pronto en la escala social, como las farolas rojas en los barrios prohibidos que anuncian la presencia de lo apetecible.

¿Eso lo hace Jenner para estar con hombres, ya que es ahora mujer? No, siempre le han gustado las mujeres. ¿Es una facilidad para estar con las que tienen predilección por estar con mujeres que tengan genitales masculinos y senos femeninos, o que les guste vestirse de mujer? No se sabe, porque aparentemente a algunas mujeres de preferencias por el mismo sexo los genitales masculinos les disgustarían. Además, con tanta hormona contraproducente a lo varonil no será fácil la relación. Jenner ha dado a entender que su interés no es el de las relaciones sexuales. De 700,000 transgéneros o transexuales en Estados Unidos solamente una cuarta parte ha tenido cirugía genital, según VF.

El asunto no es acerca de cómo está configurada esta nueva Jenner; sino cómo se siente Caitlyn, cuál es ahora su certeza. Después de todo, cuando las personas denominadas masculinas o femeninas han tenido varias experiencias sexuales, ya sea con personas supuestamente de otro sexo o del mismo sexo, se dan cuenta enseguida de que aun en esa relación preferente hay infinitas posibilidades. Nadie es igual. Somos todos únicos. Hay tantas diferencias en la forma del sexo y del comportamiento, como las hay en las apariencias externas de rostro, figura y personalidad.

Luego, ¿hasta en la relación más supuestamente normal hay algo que no lo es? Por supuesto. El sexo no está en la forma del cuerpo, ni en el género, está en la mente que lo dirige. Y una persona transexual que lleva a cabo procesos quirúrgicos, ¿podría evitarlos quizás si hubiese encontrado el modo de seguirse sintiendo mujer aunque sea físicamente hombre, o sintiéndose hombre con genitales de mujer? Porque cada uno de nosotros lleva la raíz seminal del otro.

El psicólogo Julián Gill-Peterson, especializado en los estudios teóricos de transgénero, según teorías críticas raciales, y de la ciencia y la medicina, escribe en Core Gender Identity: The Transgender Child and the Inversion of Freud, sobre la colección de Robert J. Stoller, que investigó la identidad sexual en los 60 y 70 en la UCLA Gender Identity Research Clinic (Clínica de Investigación de la Identidad de Género de la Universidad de California en Los Angeles). Según explica Gill-Peterson, Stoller formuló la hipótesis de que existía una identidad de género, o de sexo, que se establecía muy tempranamente en la vida, posiblemente a la edad de uno o dos años.

Esto se derivó de un estudio que había hecho John Money, observando muchas operaciones de niños nacidos como hermafroditas, a los que se les “normalizó” en el hospital Johns Hopkins (es decir se los castró). Lo interesante es que contrario a las opiniones sicoanalíticas de Freud, de que todos comenzamos como varones (cosa que también dice el Génesis en la Biblia) los fetos comienzan todos como hembras. Money lo llamó el “principio de Eva”. Los fetos se transforman en machos cuando una cantidad de hormonas andróginas entran en el útero en el momento correcto de la gestación. Si no sucede esto, el feto nacerá niña. El estado originario de los mamíferos, incluyendo los humanos, es el femenino, esto está comprobado científicamente. Ver el artículo de Gill-Peterson en la red ( https://juliangill peterson. wordpress.com/ 2014/03/07/ core-gender- identity-the- transgender- child-and- the-inversion- of-freud/ ), que explica que Stoller decidió que había una imagen sicológica similar.

Todos nos sentimos femeninamente identificados con la madre hasta el destete, pero adquirimos una identidad al ser rechazados e inducidos a crear el ego del sexo anatómico que tenemos al nacer. Stoller escribe que “una madre patológica con envidia del pene mantendría al infante varón muy cercano y envuelto en su feminidad, tratando de estimular la identificación femenina”. Esa base que estableció Money en la década de 1950 presupone que la masculinidad y la feminidad son separables y opuestas, y aunque se inventó el concepto del transgénero, se ha mantenido el consenso de que los dos sexos tienen una línea nítida que los separa y de que son diametralmente opuestos.

Por otra parte, hay otra teoría psicoanalítica que contradice todo esto y se acerca más a lo que pienso y dije al principio. El sicoanalista cubano que ejerce en Miami –y está suscrito a las teorías de Lacan– Mario Pérez, dice que “la primera cosa desde el punto de vista del psicoanálisis lacaniano es plantear que la sexualidad hace ‘agujero en lo real’, y no hay un saber previamente disponible en la medida en que ‘nadie se las arregla bien con el asunto’. Para Lacan, ese agujero de saber sobre la sexualidad en el ser hablante está definido de este modo: ‘la relación sexual no existe’. No quiere decir que no se practique el sexo, quiere decir que cada uno en ese punto tiene que inventárselas, porque no hay una relación como en los animales, donde cada uno sabe qué hacer con el otro. (Podríamos así formular como hipótesis que el proyecto de cambio de sexo sería una manera de creer en la relación sexual, creer que puede hacerse existir, como si ese cambio viniese a hacer posible la relación sexual)”.

No somos como el resto de los animales, aunque quizás el cangrejo resuelva ecuaciones algebraicas de segundo grado, como diría Unamuno, pero por lo que vemos, cuando se trata del sexo las relaciones humanas son tan complicadas o más que todas las demás.

“En la perspectiva transexual el sujeto rechaza definitivamente la anatomía que su nacimiento le impuso”, analiza Pérez. “Subjetivamente, no está alineado del lado de la diferencia anatómica. Todo el enigma clínico de la transexualidad gira, en efecto, alrededor de la certeza en juego”. Es decir, tiene la certeza de que esa no es su anatomía. “La naturaleza se convierte en semblante. Este discurso [o concepto] es la fuente de ese error”.

“El forzamiento del cuerpo por medio de la cirugía para acercar el cuerpo a la sexualidad”, plantea Pérez. “padece de la misma deficiencia que cuando un niño nace con una anatomía y debe comportarse de acuerdo con lo que el discurso [de las personas que lo rodean] plantean sobre esa anatomía”. Opino que de ahí nacen todos los prejuicios contra lo que creemos diferente a nosotros: gay, transexual, lesbiana, “queer”, afeminado, varonil, heterosexual, gente de otras razas. El problema fundamental es que todos somos diferentes, hasta los que se consideran “normales”.

olconnor@bellsouth.net

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de junio de 2015, 3:13 p. m. with the headline "OLGA CONNOR: La ‘normalidad’ y Caitlyn Jenner."

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