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La esperanza toma La Habana


Una de las participantes en el Havana Triathlon corre a lo largo del malecón habanero en enero de este año.
Una de las participantes en el Havana Triathlon corre a lo largo del malecón habanero en enero de este año. Getty Images

Hemos visitado Cuba desde hace años, y el primer cambio que se nota al llegar a La Habana hoy en día es que los carteles “antiyanqui” prácticamente han desaparecido. El aluvión de carteles al aire libre arremetiendo contra la política norteamericana que nos saludó en viajes anteriores no se veía por ningún lado, a excepción de una dramática valla publicitaria del “Bloqueo” cerca de la Biblioteca Nacional, que tal parecía decir: “Damos la bienvenida a nuestra nueva relación, pero aún queda un largo camino por delante”.

Volamos a Cuba para la celebración anual del 4 de julio en la residencia del embajador de Estados Unidos en el barrio de Miramar. Durante años, el gobierno estadounidense ha sido anfitrión de un evento en conmemoración de nuestro Día de la Independencia en su mansión de la era de los 1940, pero este año fue distinto. El segundo signo de una nueva realidad fue el largo atascamiento de tráfico llegando a la residencia. Un evento de Estados Unidos en Cuba ahora disfrutaba de gran demanda.

El sábado ya tarde en camino a una cena en un paladar local, vimos otra señal del cambio. Parecía una fiesta masiva en el área de La Rampa, en La Habana. Eran casi las 11 p.m. y las aceras se veían llenas de cientos de cubanos de todas las edades. Habían venido con teléfonos celulares en mano para conectarse al primer punto oficial de acceso público a Wi-Fi en la capital, algo que se había iniciado solo pocos días atrás, y estaban aprovechando con entusiasmo la oportunidad de conectarse con el mundo exterior. El domingo, nos atrajo una iglesia bautista en la calle Dragones después de escuchar el Evangelio cantado alegremente desde el otro lado de la calle. Un caballero nos saludó en la puerta y nos invitó a unirnos a su servicio la próxima vez que regresáramos.

Un deseo de conexión y un espíritu de optimismo que mejores días están por delante fue el tema recurrente a lo largo de nuestro viaje. Casi todos los cubanos con quienes hablamos –desde funcionarios del gobierno hasta taxistas; desde empresarios hasta líderes de la sociedad civil, religiosos y otros –en La Habana y en la comunidad rural del Valle de Viñales, en Pinar Del Río–, manifestaron la esperanza de que la normalización con Estados Unidos haría su vida mejor y más fácil. Estaban eufóricos con la apertura y haciendo planes activamente para aprovecharla. Un agricultor privado en Viñales estaba ampliando su restaurante al aire libre para incluir un orquideario, un jardín botánico y un pequeño lago para atraer más turistas. Otro restaurante privado en La Habana estaba en medio de una expansión con el fin de proporcionar servicio de alimentos para llevar.

Por supuesto, los cubanos no apoyan todas las acciones de su gobierno. Ellos quieren reformas mayores y más rápidas, sobre todo en su sistema jurídico y económico, y reconocen que muchos en el gobierno anhelan lo mismo. Sin embargo, advierten que ellos también tienen una línea dura incrustada en su enorme burocracia al estilo soviético, que se resiste fuertemente a los cambios. Como dijo con humor un cubano cercano al gobierno: “Aquí tenemos nuestros propios Ted Cruzes”.

Por demasiado tiempo, nuestra política de aislamiento y de confrontación solo logró insuflar oxígeno político en los pulmones de aquellos que prefieren pelear la Guerra Fría a perpetuidad, sofocando mientras tanto a todos los que desean seguir adelante y construir un futuro mejor para el pueblo cubano. No tiene ningún sentido mantener aspectos de esa política en su lugar, sobre todo en momentos en que Cuba está experimentando una clara transición. En cambio, la apertura y el acercamiento entre los estadounidenses y los cubanos debe ser la norma.

Para los políticos como el senador Marco Rubio que dicen representar los “deseos del pueblo cubano”, les ofrecemos una sugerencia simple: envíen personal a Cuba, al igual que el senador ha enviado a China, para que hablen con los cubanos de a pie. Una reciente encuesta de opinión del Washington Post / Univision de los cubanos en la isla, encontró que el 97 por ciento apoya la normalización y el 96 por ciento apoya poner fin al embargo. Luego de innumerables conversaciones como las que hemos tenido con gente que vive en la isla acerca de los retos y oportunidades que enfrenta el pueblo cubano, estamos seguros de que los miembros del personal de esos políticos estarán de acuerdo con que esos números parecen bajos.

Los estadounidenses deben tener la libertad de tomar sus propias decisiones bien informadas sobre si desean viajar o comerciar con los cubanos. Si lo hacen, van a encontrar un pueblo cálido, cariñoso y trabajador que siente optimismo por la normalización de relaciones y está cansado de que las políticas del pasado encarcelen su futuro.

En Viñales, un agricultor local nos admitió que se irrita cuando los visitantes europeos y latinoamericanos le dicen que querían “ver la isla antes que los norteamericanos la arruinaran”.

“¿Cómo nos van a arruinar los estadounidenses, si al venir aquí me están ayudando a tener éxito?”, preguntó.

Si el personal del senador Rubio está interesado, podemos enviarle su número.

Ric Herrero es el Director Ejecutivo de #CubaNow, en Twitter: @Cuba_Now. James Williams es presidente de Engage Cuba, en Twitter: @Engage_Cuba.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de julio de 2015, 3:40 p. m. with the headline "La esperanza toma La Habana."

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