Una rampa para impulsar los sueños de un niño
Para sorpresa de su hijo, María Nolasco sacó las fotos de su hijo cuando éste era bebé.
“¡Mamá! ¡No! ¡Me avergüenzas! Su hijo, Jerald García gritó desde el baño donde estaba duchándose con la ayuda de su tío,
Nolasco abrió el álbum de fotos de todos modos, y mostró las fotos. Jerald vestido de blanco justo después de nacer el 18 de enero de 2002. Jerald abrazando un conejo de peluche a los 4 meses de edad, Jerald acostado con una camisa a rayas cuando tenía 5 meses, la foto enmarcada en marco con motivos de deportes y con la frase “All Star” (Jugador Estrella) escrita en la parte superior.
Ella ha estudiado esas fotos – las conoce de memoria – buscando algún moretón, algo en su mirada, alguna pista que indique por qué su hijo sufrió parálisis cerebral, un diagnostico que recibió poco después de la foto tomada a los 5 meses.
“No podía creerlo”, dijo ella en la cocina, una noche en noviembre. “Recuerdo haber pensado ¿Por qué a mí? ¿Por qué a él?
Ahora, 12 años más tarde, Nolasco, una madre soltera, ha transformado su vida en función de la de Jerald. El tiene dos sillas de ruedas distintas para movilizarse por la casa pero llevarlo de la casa hasta el carro requiere un esfuerzo en equipo. Nolasco buscó la ayuda de un amigo para construir una rampa madera contrachapada para poder rodarlo desde el porche. Desde ahí, el hermano menor de Nolasco, Eric Hernández, carga a Jerald, quien pesa 135 libras, hasta el carro.
Pero la rampa se está pudriendo debido al daño causado por la lluvia – lo cual hace que ceda bajo el peso de Jerald y su silla de ruedas – y Jerald está creciendo, lo que hace más difícil que Nolasco y su hermano puedan llevarlo desde y hasta la casa.
Jerald y su familia necesitan una rampa plegable de aluminio que soporte el clima lluvioso y también necesitan una camioneta con una rampa incorporada que permita que Jerald se movilice por sí solo en su silla de ruedas eléctrica hasta el carro.
Para Jerald y para su familia ambas rampas podrían darle cierta estabilidad a su futuro incierto. Nolasco sabe que es probable que su hermano, quien está terminando sus estudios en computación, no esté disponible para ayudar por siempre.
“Desde el diagnóstico, mi vida es como una montaña rusa” dijo Nolasco. “Hospital, terapia, hospital, terapia. Tratamos de vivir nuestra vida un paso a la vez”.
Un día normal comienza en una cama de hospital en el cuarto de Jerald que está pintado de su color favorito – azul. Entonces, Eric lo carga hasta su silla de ruedas para prepararlo para las clases en la Academia Beyond Expectations, una escuela en el suroeste de Miami-Dade para niños con necesidades especiales. Luego del colegio, Jerald hace la tarea con su enfermera de los Servicios AAA Home Health.
Al preguntarle a Jerald sobre la tarea, él arruga la cara. Prefiere jugar pelota con la Liga del Milagro de Miami-Dade, una liga de béisbol para niños con necesidades especiales dirigida por los Marlins. O estar en el campamento de deportes acuáticos en Shake-A-Leg de Miami, un programa en Coconut Grove que les enseña a niños con discapacidades físicas como navegar, hacer kayak y nadar. O en su cuarto, viendo el Canal Disney o ABC Family, disfrutando de la privacidad, algo poco común para un niño que necesita ayuda con todo, desde pararse de la cama hasta para sacar algo de su morral.
Desde su cuarto, Jerald alardeó de su “licencia de conducir” que recibió después de completar una clase que le enseñó cómo manejar su silla de ruedas.
“Recibí lecciones para manejar esta tremenda nave”, dice él y agrega que prefiere la silla motorizada a la manual porque es más cómoda y le permite movilizarse sin que alguien tenga que empujarlo.
“El se siente libre cuando está en ella”, dijo Nolasco después.
Ella habló con los álbumes de fotos extendidos en la mesa de la cocina, que muestran a Jerald a medida que crecía – sentado en su silla de ruedas en Disney World rodeado de calcomanías de Mickey Mouse y de la pandilla, sosteniendo su andadera en una foto con un marco que dice ¡Lo logre!, graduándose de la pre-escuela con su birrete de graduación.
A medida pasan los años, hay menos y menos fotos. Nolasco no tiene el tiempo o dinero ahora para pagar por las sesiones de fotos en tiendas de departamentos. Durante la semana ella trabaja a medio tiempo para AAA cancelando membresías para pagar las cuentas. Pero el trabajo no le deja mucho tiempo para pasar con Jerald y su hijo menor Ryan, a quienes cuida la madre de Nolasco.
El estrés a veces la afecta.
“Tengo algunos días malos. En frente de Jerald intento actuar normalmente. Trato de impulsarlo para que tenga éxito”, dijo Nolasco. “Pero incluso así, me pregunto en las noches ‘¿Estoy haciendo esto correctamente? ¿Estoy haciendo lo correcto?
Ella intenta no pensar mucho al respecto, especialmente en las noches como ésta, cuando hay que terminar la tarea y Ryan está dormido en los brazos de su abuela y Jerald está riéndose con Eric al otro lado del pasillo y llamando a su madre para que se les una.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de noviembre de 2014, 9:55 p. m. with the headline "Una rampa para impulsar los sueños de un niño."