En América debemos exigir el derecho de que nos ofrezcan los tratamientos más avanzados
Hace dos días, leí con interés una carta de mis colegas de la Asociación Americana de Médicos del Dolor, en la cual se informaba que a partir de julio del 2016 se negaban (en el estado de Oregón), los bloqueos para controlar los dolores bajo la cobertura de seguros médicos. En su lugar, las autoridades de salud de Oregón han recomendado el uso de masajes y acupuntura.
Esto no es una broma, sino uno de los múltiples ejemplos de una mentalidad completamente retrógrada y también de cómo nuestro gran país continúa “perdiendo terreno” cada día. Lamentablemente, esto provoca que la mediocridad se apodere de muchas de nuestras instituciones como un cáncer que se perpetúa, bajo la mirada indiferente de muchos y bajo la complicidad de otros.
Con todo el respeto al arte milenario de la acupuntura y de la técnica de los masajes terapéuticos, estos tratamientos solo están comprobados para representar una alternativa viable (temporal) al control del dolor moderado, pero nunca como verdadera solución para el dolor crónico.
He dedicado casi 15 años a investigar nuevos caminos para el tratamiento del dolor crónico o perenne. He transitado de los bloqueos, terapias, pastillas e inyecciones, a lo que actualmente denomino como la Revolución de la Medicina del Siglo XXI: las Células Madre.
Si me preguntaran ¿por qué usar células madre?, les explicaría que es una forma muy efectiva para controlar el dolor; y esta no tiene precedentes en la actualidad. Estas increíbles células (de las cuales está orgánicamente armado nuestro cuerpo desde el nacimiento), tienen la función de regenerar y reparar tejidos dañados, no importa la raza, sexo, origen étnico, ni siquiera la edad.
Por ejemplo, la semana pasada consulté a Berthy una paciente de 65 años tratada con un implante exitoso de células madre de tuétano y grasa por un dolor y artritis de rodilla unos cuatro meses atrás. Durante esta visita, Berthy relataba que en fecha reciente había acompañado a su esposo a una reconocida clínica del Sur de la Florida, donde había surgido el tema del uso de las células madre y el médico de esa institución le había dicho que “solo funcionaban hasta los 50 años”. De inmediato, ella le mostró su rodilla y le dijo que, con 67 años, estaba muy bien, luego de un reciente trasplante de células madre. El médico se quedó asombrado y, encogiéndose de hombros, respondió: “Ellos deben saber más y tener más experiencia que nosotros en ese ámbito”. Berthy se dispone ahora a viajar con su esposo para hacer realidad su sueño de recorrer la Gran Muralla de China.
Nosotros como sociedad debemos comenzar a pensar en grande, enfocarnos en el futuro y apoyar los avances de la medicina moderna. También, debemos (como pacientes) exigir el derecho de que nos ofrezcan los tratamientos más avanzados y no resignarnos a que una autoridad de salud o un profesional médico nos imponga un tratamiento inefectivo o mediocre.
Pudiéramos especular sobre las razones detrás del fenómeno de Oregón, pero es mucho mejor mirar al futuro y exigir la opción de la aplicación amplia de las células madre, reconociéndola como una solución factible y verdadera para tratar la artritis de las articulaciones y la columna. A dicha pelea, que en realidad es pensar en grande… ¡debemos unirnos todos!
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Esta historia fue publicada originalmente el 6 de marzo de 2017, 5:27 p. m. with the headline "En América debemos exigir el derecho de que nos ofrezcan los tratamientos más avanzados."