Salud

Bombas de insulina y monitores continuos


Enid Sosa, de 17 años y estudiante de MAST Academy, fue diagnosticada con diabetes Tipo 1. Para ayudar a otras personas con esta condición creó un grupo de apoyo en el Miami Children’s Hospital.
Enid Sosa, de 17 años y estudiante de MAST Academy, fue diagnosticada con diabetes Tipo 1. Para ayudar a otras personas con esta condición creó un grupo de apoyo en el Miami Children’s Hospital. Especial/MIAMI HERALD

El monitor continuo de glucosa que utiliza José Basulto lee 270 mg/dl antes de comenzar una carrera a las 7:30 p.m. Está más alta de lo que él quisiera, pero eso va a cambiar una vez que comience la actividad de ciclismo.

Cuando Basulto fue diagnosticado con diabetes Tipo 2 hace 30 años, tenía la glucosa en sangre en 750. Los síntomas incluían visión borrosa, severa pérdida de peso y sensación de debilidad y apatía. Bajó de 175 libras a 155.

Basulto comenzó en el ciclismo competitivo más o menos al mismo tiempo que fue diagnosticado, al final del último año de universidad. Regresó a la competencia hace cuatro años y comenzó Florida Velodrome Association, una organización sin fines de lucro dedicada a desarrollar una comunidad fuerte de carrera en pista en Florida.

Como muchos pacientes, podía predecir cómo iba a responder su cuerpo al ejercicio, a los alimentos y al estrés, pero eso no significaba que esas predicciones iban a ser precisas. De manera que programó un valor objetivo en el monitor continuo de glucosa de forma que le alertara si la glucosa en la sangre estaba fuera de valor. El prefería tenerla muy alta a muy baja.

De acuerdo con la Asociación Americana de Diabetes, el nivel ideal de glucosa en la sangre es entre 70 y 130 mg/dl antes de las comidas y menos de 180 dos horas después de comer (dependiendo en la persona).

“El mayor riesgo es que la glucosa en la sangre baje a niveles peligrosos”, dice Basulto. Por lo que además de utilizar un monitor continuo de glucosa, lleva consigo una bomba de insulina, ambos son avances tecnológicos que han ido apareciendo después de que fue diagnosticado.

Basulto dice que nunca ha necesitado ayuda de nadie o experimentado complicaciones relacionadas directamente con la diabetes. Le interesa que aparezca una cura, pero está dedicado a promover un estilo de vida más saludable para todos. Además de ser subdirector de Memorial Healthcare System, es fiduciario fundador de Florida Velodrome Association y miembro de la junta de liderato comunitario del capítulo de Broward y Palm Beach de la Asociación Americana de Diabetes.

“Todo el mundo necesita hacer ejercicio”, comenta. “¿Cómo logramos que las personas se cuiden más y tomen mejores decisiones?”

La diabetes Tipo 1 no surge por un problema de estilo de vida, dice el Dr. Luis González-Mendoza, director de la división de endocrinología pediátrica del Hospital de Niños de Miami. Más bien, el cuerpo no produce insulina. Esto afecta solo al cinco por ciento de todos los casos de diabetes en Estados Unidos. No toma meses o años en desarrollarse como sucede con el Tipo 2, generalmente toma unas dos semanas.

“Como padres, sentimos que hicimos algo mal”, explica. “Pero en realidad no podemos culpar a nadie por esto.”

El Miami Children’s Hospital diagnostica entre 75 y 109 niños al año con diabetes Tipo 1. Ese valor no cambiado mucho a lo largo de los años. El diagnóstico se da más entre las edades de cinco y siete y durante la adolescencia.

La diabetes Tipo 1 es causada por la auto destrucción de células en el páncreas que crea la insulina y un factor ambiental desconocido que lo desencadena.

“Hay que remplazar la insulina y los retos son muy significativos”, dice el Dr. Paul Jellinger. “No importa cuánto planifique el tratamiento, no puede remplazar el estado natural del cuerpo.”

Las bombas son una forma de suministrar insulina. Demasiada insulina baja el nivel de azúcar en la sangre de una persona; muy poca la eleva.

“Hoy en día, con las bombas de insulina y los monitores continuos de glucosa, la habilidad de controlar al paciente inestable es mucho mejor de lo que era en el pasado”, comenta.

Si se mantienen los niveles de azúcar altos a largo plazo pueden producir pérdida de visión y fallo renal, dice Jellinger, endocrinólogo del Memorial Regional Hospital en Hollywood.

“La educación es una parte fundamental del tratamiento. (Los pacientes) tienen que pensar sobre cuánta insulina deben tomar basado en los niveles de azúcar en la sangre, comidas y actividad”, menciona Jellinger.

Es importante hacer ejercicio, señala Jellinger, pero también es importante comprender cómo éste afecta el azúcar en la sangre de una persona.

Enid Sosa tenía 14 años cuando fue diagnosticada con diabetes Tipo 1. Recuerda que tuvo miedo porque no sabía mucho sobre la enfermedad, excepto lo que infería de sus abuelos que tenían diabetes Tipo 2.

“Siempre he sido muy saludable”, dice. “Luego del diagnóstico te das cuenta de lo importante que es”.

Enid, ahora de 17 años, dice que siempre le ha tenido “un miedo terrible a la sangre y a las agujas”. Luego de pasar tres días en el hospital aprendiendo a contar carbohidratos, a vigilar los niveles de azúcar en la sangre y a mantener un estilo de vida saludable, cuando llegó al hogar su madre se dedicó a cuidarla. Pero ella aprendió rápidamente, quería tomar control de su tratamiento.

“Las agujas me siguen asustando bastante pero se han convertido en parte de mi vida”, dice.

Enid, quien cursa cuarto año en MAST Academy, dice que aceptó el diagnóstico independientemente de lo complicada que se volvió su vida. “Cuando estaba en escuela intermedia, tenía que ir a la enfermera escolar continuamente a verificar el azúcar en la sangre”, dice.

En febrero, mientras cursaba el octavo grado, su abuelo murió.

Ella se puso en contacto con Juvenile Diabetes Research Foundation, se unió a JDRF Walk to Cure Diabetes (conocido ahora como OneWalk) y recaudó más de $1,000. Desde entonces, se ha convertido en una mentora adiestrada para personas que reciben un nuevo diagnóstico, auspició un simposio en su escuela secundaria y grabó un anuncio de servicio público con Univisión, entre otros logros.

¿Su principal meta? Ampliar el alcance de la educación sobre diabetes.

Junto con JDRF y el Hospital de Niños de Miami, Enid comenzó Sugar Rush Group, un grupo de apoyo y educación para adolescentes con Tipo 1. Sugar Rush se reúne el segundo miércoles de cada mes en el Miami Children’s Hospital.

“Los niños que están en negación y no quieren aceptar su condición se dan cuenta de lo importante que es cuidar de sí mismos. En última instancia, somos los únicos que nos entendemos los unos a los otros”, dice Enid.

Los retos para los niños incluyen manejo de estrés, chequeo de niveles de azúcar en la sangre e inyectarse con insulina ellos mismos, en la escuela y con sus amigos. El estrés que provocan un examen en la escuela, por ejemplo, va a aumentar el nivel de azúcar en la sangre de un niño, de acuerdo con el Dr. Jay Skyler, director adjunto en el Instituto de Investigación de Diabetes de la Escuela de Medicina Miller de la Universidad de Miami.

“El reto es que el paciente necesita estar sobre ello 24 horas siete días a la semana, 365 días al año. Todo impacta la diabetes y viceversa. Aprender a mantener un balance es un reto extraordinario para cualquier persona”, dice Skyler.

“Si usted desarrolla diabetes cuando tiene seis o siete años, cuando llega a la adolescencia ya usted sabe cómo manejarla”, dice. Pero si tiene 13 o 14 años, puede ser “totalmente devastador emocionalmente.”

Alex Hall, de 13 años, fue diagnosticado con Tipo 1 hace cuatro años. Experimentó síntomas típicos de diabetes en el transcurso de una semana antes de ser diagnosticado: sed extrema, fatiga, frecuentes viajes al baño.

“Obviamente, a los nueve años, los niños no entienden y las maestras no saben mucho sobre ello”, dice Hall. “Aunque Alex es un poco tímido, ha hablado de su diabetes con sus amistades. Nosotros lo motivamos. Mientras más personas conozcan que tiene Tipo 1, mejor”.

Staff

EDITORS

Joan Chrissos

jchrissos@MiamiHerald.com

Maru Antuñano

mantunano@ElNuevoHerald.com

DESIGN

Juan Lopez

Luis García

ADVERTISING

Kristina Corrales

kcorrales@MiamiHerald.com

(305)-376-2801

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de noviembre de 2014, 4:35 p. m. with the headline "Bombas de insulina y monitores continuos."

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA