Una vida sin limitaciones después de un infarto cerebral
Rebeca de López, guatemalteca de 70 años de edad, se acababa de someter a una cardioscopía y fue al hotel donde se hospedaba en Miami para descansar. Sus hijos aprovecharon para irse de compras mientras ella se sentaba a comer y ver televisión en su habitación.
“De pronto me empecé a resbalar en el sillón, me sentía extraña, como inmóvil y pesada de un lado. Me molestaba tragar”, recuerda de López. “No pensé que fuese algo malo. Simplemente me extrañó que un brazo no me respondiera. Fui al baño, me resbalé, pero no me caí. Traté de quitarme el pantalón y luego de volver a ponérmelo, pero no pude porque estaba inmóvil de un lado. Nunca pensé en llamar ni a la recepción ni a la ambulancia, ni siquiera a mis hijos. Entonces logré acostarme en la cama y me tapé con una toalla que cogí del baño”.
El período de tiempo estándar a nivel nacional para tratar una apoplejía o infarto cerebral es de 4 horas y media desde el comienzo del mismo. Pasado ese tiempo, la mayoría de los hospitales no intervienen quirúrgicamente al paciente por el alto riesgo que implica pasado ese punto.
Cada minuto que una persona se encuentra sufriendo la agonía de una apoplejía, un millón de células de su cerebro mueren. Si el paciente no fallece, la otra opción es quedar paralizado, con el cerebro dañado y asistencia de por vida hasta para el simple hecho de ir al baño.
Rebeca de López pasó las primeras tres horas de su agonía sola, hasta que llegaron sus hijos y llamaron a la ambulancia.
“Lamentablemente, el elevador del hotel no tenía lugar para una camilla regular y tuvieron que ir por una que se convertía en silla; esto hizo que saliéramos del hotel casi una hora después de haber marcado el 911”, dice de López.
Afortunadamente para Rebeca, los paramédicos la trasladaron al Centro Médico Mount Sinai, de Miami Beach, el cual es uno de los pocos hospitales selectos de la Florida que tiene un centro completo para tratar apoplejías llamado Harvey R. Chaplin Family Stroke and Chest Pain Center.
Nuestro equipo quirúrgico neuroendovascular usa técnicas de escáner avanzadas para evaluar a los pacientes con apoplejía aguda
Dr. Ryan Dahlgren
cirujano neuroendovascular“Nuestro equipo quirúrgico neuroendovascular usa técnicas de escáner avanzadas para evaluar a los pacientes con apoplejía aguda”, explica el doctor Ryan Dahlgren, M.D., cirujano neuroendovascular de Mount Sinai. “Con estas técnicas de imágenes somos capaces de evaluar a los pacientes con derrame cerebral agudo sobre una base individual, enfocándonos en su anatomía cerebrovascular única”.
Al llegar al hospital, Rebeca de López fue atendida de inmediato por el jefe de la unidad de emergencia. Él habló con su cardiólogo y le hicieron una tomografía en cuestión de minutos. Fue entonces que le dieron a su familia dos noticias, una mala y una buena: la primera, que estaba perdiendo todas sus habilidades que la dejarían sin poder hablar ni valerse por sí misma y que su destino sería un asilo con asistencia para todo. La segunda noticia, la buena, “es que este hospital cuenta con el mejor equipo de médicos de Estados Unidos que puede tratar de revertir este problema. ¿Desean que llame a este equipo?”, cuenta de López que le dijeron a su familia.
El infarto cerebral de Rebeca, aunque era devastador, aun no había causado lesiones permanentes en el cerebro; teníamos la oportunidad de restaurar el fluido sanguíneo de su cerebro
Dr. Ryan Dahlgren
cirujano neuroendovascularSus hijos asintieron sin vacilar y enseguida se presentó el doctor Ryan Dahlgren, quien explicó que habían pasado ya muchas horas desde el episodio, pero que podía intentar una operación en la cual ella correría peligro de muerte. De no hacer nada, ella se estaba muriendo de todas formas.
“El infarto cerebral de Rebeca, si bien potencialmente era devastador, aun no había causado lesiones permanentes en el cerebro”, dice el doctor Dahlgren. “Por lo tanto, teníamos la oportunidad de restaurar el fluido sanguíneo de su cerebro y salvarla de una apoplejía que la debilitaba severamente y atentaba contra su vida, a pesar del número de horas que habían pasado desde que comenzaron los síntomas”.
Cuando un paciente llega a un hospital sufriendo un derrame cerebral y aun no se han rebasado las cuatro horas desde que comenzó su agonía, el procedimiento típico es administrarle un medicamento conocido como TPA (activador del tejido plasminógeno) que disuelve el coágulo, explica el doctor Dahlgren. Pero solo debe administrársele si no han pasado más de 4 horas, porque podría causar una hemorragia cerebral. Y agrega:
“Lo que hicimos con ella fue realizar una trombectomía neuroendovascular quirúrgica utilizando técnicas de extracción mecánica del coágulo que estaba bloqueando el fluido sanguíneo del cerebro”, y el doctor Dahlgren añade que esto funciona para, en primer lugar, ganar acceso al coágulo a través de una serie de minúsculos catéteres y microwires.
“Cuando ya pasamos a través del coágulo desplegando un stent rescatable es cuando por aspiración removemos completamente el coágulo del sistema vascular cerebral”, expresa el cirujano.
La cirugía se realiza a una velocidad muy rápida y dura unos 20 minutos.
La mayoría de los hospitales del sur de la Florida no cuentan con un equipo quirúrgico neuroendovascular como el del Centro Médico de Mount Sinai, por lo cual no pueden ofrecer los servicios y el procedimiento que se le ejecutaron a de López.
“Es más, la mayoría de los hospitales se mantienen apegados al límite histórico de 4 horas para intervenir en una apoplejía aguda”, explica el doctor Dahlgren. “Rebeca es un ejemplo fantástico del avance de esta técnica quirúrgica neuroendovascular”.
El caso de Rebeca de López marca un hito, pues ella estuvo más de 7 horas sufriendo la agonía de una apoplejía. Sin embargo, 36 horas después una mujer iluminada y alegre, maquillada y conversadora, moviendo sus extremidades, era filmada por sus hijos en una habitación del hospital Mount Sinai.
“El doctor Dahlgren es increíble por su entrega, fineza y sensibilidad. Él dio la noticia del éxito de la operación a mis hijos con los ojos llenos de lágrimas y le adjudicó el mérito a todo su equipo y al personal de emergencias”, dice de López. “Nos dedicó mucho tiempo durante los ocho días que estuve en el hospital. Muy profesional, tomó todas las precauciones para que no volviera a ocurrirme nada malo”.
Hoy día Rebeca de López lleva su vida normal, tal como era antes del derrame cerebral.
“Soy una persona independiente, manejo, mi motricidad fina está muy bien y me permite pintar, lo cual me fascina. Estoy viviendo otra vez”.
yorkville43@yahoo.com
Harvey R. Chaplin Family Stroke And Chest Pain Center, en Mount Sinai Medical Center, 4300 Alton Road, Miami Beach. Más información sobre este hospital en http://www.msmc.com; Emergencias, 305-674-2200.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de noviembre de 2015, 8:31 p. m. with the headline "Una vida sin limitaciones después de un infarto cerebral."