Cieza, una ciudad española que debes visitar
Cieza, un municipio español situado al norte de la Región de Murcia, brinda uno de los paisajes geográficos y culturales más sorprendentes de toda España. Tiene la fuerza de una ciudad vital y delicada, y la ecuanimidad de un paraje donde la placidez la aporta precisamente su privilegiada situación territorial.
Para llegar a Cieza desde Madrid hay dos recorridos terrestres que refieren a la gran obra de la literatura española y universal, Don Quijote de la Mancha. También aluden indisolublemente a su autor, Miguel de Cervantes, que le dio vida y primacía a una planicie desolada y a unos caminos polvorientos y fríos. Ambas rutas se disputan la supremacía, pues el ómnibus atraviesa poblados pintorescos llenos de historia donde en muchos rincones aparecen referencias al Caballero de la Triste Figura, mientras el ferrocarril, cómodo, puntual, cruza raudo la inmensa llanura manchega. Sin dudas, como dice la canción de Joan Manuel Serrat: “por la manchega llanura se vuelve a ver la figura de Don Quijote pasar”, pues el personaje se pasea en todo momento a lo largo del paisaje.
Hacer el viaje en tren brinda, además, distintos cambios en la topografía de las regiones que atraviesa. De repente se pasa de lo árido y plano, a elevaciones que primero se distinguen en la distancia, hasta que ya cerca de Cieza, a un lado del camino, se levanta la Sierra de la Cabeza, que marca el límite municipal. Montañas donde se esconden historias sorprendentes en sus grutas y en sus alrededores, con asentamientos milenarios, pinturas rupestres, restos de fortificaciones romanas, poblados íberos y una notable presencia árabe, pueblo que sentó las bases de una cultura que controló parte del sur de España.
Cieza, a 30 millas de Murcia, su capital provincial, es una tierra de sólidos contrastes. La presencia mudéjar hilvana parte de las tradiciones ancestrales y se aprecia en muchos rincones de la ciudad. Incluso el escudo local tiene como lema: “la muerte por pasar la puente nos dieron”, en alusión al ataque, saqueo y matanza causada por la tropas de Abul-l-Hasán en 1477. La leyenda apunta a una muda que divisó a los invasores y logró articular palabra. Los pobladores fueron al puente que cruza el río Segura para evitar la entrada de los moros, pero fueron brutalmente abatidos. En la iglesia de San Bartolomé (patrono de la ciudad) hay una estatua erigida en honor a la muda.
La presencia árabe se aprecia todavía en los arcos de ciertas edificaciones ciezanas, además, en el museo arqueológico local, hay muchos vestigios de esa cultura, incluso se reproduce a escala, en una de sus salas, una casa medieval árabe. Visitar el museo es un necesario eslabón para entender cabalmente a Cieza y sus múltiples contrastes.
En la sierra que rodea la ciudad hay sitios arqueológicos que se remontan al paleolítico con claras pinturas rupestres. Desde la ciudad hay excitantes excursiones a esos parajes, en particular al Barranco de los Grajos. El viajero queda sorprendido al entrar en contacto con estos asentamientos, al igual que con los que se conservan de los romanos en La Serreta, y el legado árabe en la ciudad de Medina Siyâsa. En esencia, en esa región del sur de España se funden culturas, pueblos y modos de vivir. Tal vez la mejor manera de palpar esos contrastes se aprecie en el recorrido por la ciudad. Calles estrechas y empedradas, miradores que brindan la plenitud de las huertas que durante la forestación explota en coloridos impresionantes; restaurantes, cafeterías modernas y llenas de público que hacen de sus tardes los mejores momentos del día, en particular a lo largo del paseo principal de la ciudad, decorado con mosaicos, obra del pintor ciezano José Lucas. Algunos de los mosaicos están dedicados a escritores, poetas y artistas. Valga añadir que la pequeña ciudad de Cieza tiene un prestigioso concurso internacional de poesía, así como otros eventos literarios y artísticos de gran realce y arraigo.
En el área del mercado, a poca distancia del paseo que es el habitual punto de encuentro para los ciezanos, hay arcos en forma de herradura y minaretes, mientras diseminadas por toda la ciudad están las iglesias católicas que dominan el marco religioso. Todo ello, entre un conglomerado urbano de modernos, cómodos y altos edificios. Eso es, a grandes rasgos, Cieza, un estallido de edificantes contrastes.
La gastronomía es mediterránea, la cercanía al mar, ofrece una variedad de comidas y prestaciones. Entre ellas la concurrida Horchatería La Valenciana, atractiva a todos los públicos, la cafetería California, y otra más moderna y acogedora, Arte-Sano. Todos estos sitios a lo largo del popular paseo. De los restaurantes más distintivos, de esos que resultan memorables, se encuentran Don Quijote, y un poco más apartado, casi en las afueras de la ciudad, El Maripinar. Merecen mención Jardín, y Oliver, situados en el mismo centro de la ciudad.
Pero la ciudad es mucho más, brinda mucho más que una simbiosis de culturas que el tiempo ha fundido para crear una identidad única, la del ciezano, que vive cada momento del año a través de multitudinarias y algunas impresionantes festividades, como la Semana Santa con procesiones sobrecogedoras de las dieciocho cofradías ciezanas; la festividad de San Bartolomé, su patrono, las que evocan la herencia árabe y otras de carácter urbano.
No se aprecia una amplia infraestructura hotelera, pero el moderno y acogedor Hotel Bartolomé, a escasos metros del corazón de la ciudad, deja complacido al visitante más exigente, que palpa una esmerada atención en todo momento.
El viajero de mochila, aquél deseoso del campismo y los paisajes naturales, encuentra en Cieza una combinación perfecta. El río Segura, es el marco para competencias de remeros, las colinas trazan caminos para ciclistas y senderistas; las montañas desafían a los escaladores y desde el Molino de Teodoro, hoy un museo, pero en su momento el principal mecanismo hidráulico de control de regadío y abastecimiento de agua, marca una vía para cabalgar y darle al visitante una mirada más cercana a cómo fue la cotidianidad en épocas ya superadas. Bello resulta todo el sobrecogedor paseo ribereño, y el de la acequia que corre a su lado, todo al pie de la hermosa montaña La Atalaya.
Cieza es uno de esos puntos aparentemente dispersos en la enorme geografía española, lejos de las grandes ciudades, que mejor retrata una comunidad que atrae al viajero y le permite descubrir el mundo intermedio entre lo grande y lo sencillo. Así es la vida, contrastes maravillosos, que en Cieza se logran apreciar mucho mejor.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de mayo de 2016, 1:08 p. m. with the headline "Cieza, una ciudad española que debes visitar."