María Antonieta Collins

Si los políticos se arreglan, ¿por qué nosotros no? Un llamado a la reflexión

Si los políticos fumaron la pipa de la paz. ¿Por qué no logran hacerlo entre familias, amigos y compañeros de trabajo?
Si los políticos fumaron la pipa de la paz. ¿Por qué no logran hacerlo entre familias, amigos y compañeros de trabajo? AP

Hablo con un par de amigas que viven una difícil situación. “No imagino cómo voy a pasar este Thanksgiving”. “¿Por qué?”, pregunté intrigada. “Es que no quiero ir a cenar a casa de mis padres porque los insultos que nos hemos cruzado entre hermanos, sobrinos, primos y el resentimiento de saber que unos votaron por un candidato contrario al de otros, provocó una guerra que se recrudeció después del resultado de las elecciones. De qué manera me puedo sentar a la mesa a dar gracias. ¿Gracias de qué? Si ahí unos y otros se burlan de los perdedores. Para eso prefiero quedarme en casa. Thanksgiving en familia, este año está prohibido”.

Y en muchas oficinas las cosas no son mejor me dice la otra amiga: “Estamos enfrentados unos a otros, los que abiertamente apoyaron al ganador y los que perdieron. Y lo que es peor aún: la lista aumenta con la sospecha de todos los que dijeron que iban a votar por uno y terminaron con el otro. Es una batalla campal donde la gente se ha retirado el habla y ahora unos y otros se cobran el resultado de la campaña electoral”.

Mientras las escuchaba por teléfono, me quedé boquiabierta con lo que veía en la TV. En la pantalla estaba el ex candidato presidencial republicano Mitt Romney que acababa de reunirse con el presidente electo. De inmediato pensé: “¿Este no es precisamente el hombre de quien Romney dijo horrores?”

“Firmaron la pipa de la paz”, decían las noticias y explicaban: “Es posible que tenga un importante puesto en la administración entrante, toda vez que el presidente electo, Trump, lo está considerando para un puesto clave, Secretario de Estado.

“Donald Trump es un fraude –decía entonces–. Un fraude con múltiples evidencias, un defraudador y en política exterior no sabe lo que dice, y sus bancarrotas han acabado con los negocios pequeños”

¡Dios mío! ¿Este es el mismo hombre de apenas hace ocho meses?

Y Trump respondió con iguales insultos: “Mitt Romney no habla, sino que ladra como un perro”. ¿Hay algo nuevo entre lo que son capaces de hacer los políticos? ¡Absolutamente nada!

Pero debemos reflexionar muchas cosas que pueden ponerse en práctica para sanar las heridas que nos dejara la elección presidencial más fea, sucia y ofensiva que se haya vivido, tanto en las familias, como con los amigos y en el trabajo. Verlos a todos hoy de amigos no es nada ajeno. Si ellos, después de semejantes ofensas, ahora son amigos y actúan como si nada hubiera pasado, ¿por qué no ponemos en práctica el mismo sistema? Borrón y cuenta nueva.

Tengo una amistad que le ha dicho a todos aquellos que votaron en contra de su candidata: “En cuatro años nos volvemos a hablar”. Y vuelven a colación las imágenes de Mitt Romney con Donald Trump.

Si ese señor –que perdió su última oportunidad de llegar a la Casa Blanca a manos de Donald Trump y a quien insultó–, ahora no solo lo saluda y lo abraza, sino que se han reconciliado..., ¿por qué no olvidar todos los insultos que hubo entre amigos y firmar el pacto del olvido a todo lo malo que se dijo o pensó?

El mejor ejemplo lo están poniendo los principales causantes de la inmensa división que ha vivido el país en muchos años. En fin, que esto es un ejemplo claro de que si los políticos pudieron… ¡Nosotros también!

Así que, si este es su caso, a remendar errores, que luego viene Navidad y mientras más tiempo pase, más cuesta arreglar las cosas. Por lo pronto, a sentarse a la mesa junto a nuestros viejos y alejados afectos y solo diga: “¡Happy Thanksgiving!”

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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