María Antonieta Collins

Después de la cirugía bariátrica y un cambio total en mi estilo de vida, me convertí en otra persona, una más sana y más feliz

‘Hoy soy otra: 113-114 libras. Cinco millas en una hora de ejercicio, 81 libras menos, de talla 16 a 4... Me veo en el espejo y me siento muy a gusto’.
‘Hoy soy otra: 113-114 libras. Cinco millas en una hora de ejercicio, 81 libras menos, de talla 16 a 4... Me veo en el espejo y me siento muy a gusto’. María A. Collins

Me pongo a hacer la limpieza de principio de año por armarios, cajones y toda la casa y, de pronto, veo algo que me hace detener el tiempo y recordar a esa “otra yo” que no quiero ser nunca más. Es una foto anterior al 28 de enero de 2014 el día que mi vida cambió para bien, el día que me sometí a la cirugía bariátrica de la manga gástrica (o Gastric Sleeve) y recuerdo esos días de incertidumbre que pude vencer para tener este nuevo mundo que se me fue abriendo a partir de entonces. En ese retrato estaba quien no quiero ser nunca más: una mujer vencida por el sobrepeso, parte de los que “todos los lunes comenzaba una nueva dieta”, atacada con presión arterial alta, colesterol alto, apnea del sueño, los ronquidos que salían de mi garganta parecían los de un león en jaula, dolores en los pies que estaban soportando un sobrepeso de más de 80 libras para el que no fueron diseñados, eso, sin contar la prediabetes que ya estaba sobre mi cabeza.

La ropa en mi armario no bajaba de la talla 16 y las fajas me hacían sentir como un chorizo de Cantimpalos. A los 62 años había sido “revolcada” literalmente por esa sexta década de la vida donde se cruza el umbral de ser adulto para convertirse en un “ciudadano de mayor edad” por llamar románticamente a la realidad: comienza la ancianidad.

Los cercanos a mi vida –por el miedo natural de lo desconocido que me pudiera suceder– hicieron sin saber el bloque que estaba en contra de la operación y que tanto me confundía inyectándome desazón, en tanto unos cuantos, no más de tres, me apoyaron.

El doctor Moisés Jacobs, a quien le debo el cambio más poderoso de mi vida, me dio la pauta que necesitaba para poner el alto final a un declive en mi vida: “Olvídate que vayas a bajar de peso. Eso es lo último que debe importarte. Lo verdaderamente fundamental es que vas a estar sana. Tendrás una mejor calidad de vida, pero todo esto debe ser parte de un cambio total. La operación es solo una herramienta para lograrlo, pero el resto serás tú”.

Fue cuando llegó a mi vida la nutricionista Sabrina Hernández-Cano, quien comenzó a ayudarme a rediseñar mi vida y quien me iniciara en el ejercicio, pero hecho “a mi aire”. Es decir, con algo que no me fuera a provocar aburrimiento o fatiga y que abandonara luego de unas semanas haciéndolo. “Porciones pequeñas y ejercicio son la clave –me dijo claramente– y eso te lo tendrás que repetir el resto de tus días. Mucha agua, vitaminas, proteína, es decir, todo lo que no has tenido hasta ahora, pero que te aseguraran en los años que viene una mejor vida diaria”. Abrí los ojos después de la operación y comenzó un largo y difícil camino con muchas recompensas diarias, con cosas que me devolvieron al mundo de la gente activa. Comencé a caminar tan pronto como el primer día de la operación y no he parado.

Primero fueron cinco, después diez, más tarde 15 y mi meta llegó a 20 minutos. Hice paso a paso lo que me recomendaron: primero líquidos claros, una semana después caldos y sopas coladas; más tarde, la etapa de los purés, que duró tres semanas, y así hasta comenzar las comidas sólidas.

Todo esto con la recompensa de que iba perdiendo peso rápidamente. Y yo más que feliz. Supe que estaba logrando lo propuesto cuando la envidia hacía decir a mi alrededor: “Está demasiado flaca. Se le pasó la mano”. Eran los mismos que decían antes: “La pobre, mira que gorda que está, con la cara tan simpática que tiene”.

Hoy soy otra: 113-114 libras. Son cinco millas en una hora de ejercicio, 81 libras menos, de talla 16 a 4, de las seis sodas diarias de entonces, no he vuelto a probar ¡una sola! Me veo en el espejo y estoy muy a gusto conmigo misma. Tanto es así, que, en este tercer aniversario, me digo: “¡Felicidades Collins, p’atrás… nunca más!” Y que así siga siendo.

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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